Cuando el siglo XIX daba sus últimos estertores y nacía el siglo XX en España tuvimos que inventar un mundo, y con ese mundo nos tocó también inventar términos acordes con los cambios sociales que iban surgiendo a un ritmo frenético. Uno de esos fue la sicalipsis ( Malicia sexual, picardía erótica). En ella se trató de enmarcar a las indefinibles; un autentico batallón de damas galantes, las sicalípticas, diosas del placer que comenzaron no solo a poblar revistas de la época sino también las calles y los lugares en los que se pudo cantar y mover el cuerpo hasta descoyuntarse; esos templos de varietés, teatros, tugurios, salones y music halls. Estas damas, que tenían infinidad de nombres (cocottes, coristas, divettes, tiples, vicetiples, cantatrices, cupletistas), fueron las primeras celebrities. Independientes, excéntricas y creadoras a manos llenas de escándalos que dejarían a los futuristas tanto optimistas como agoreros como auténticos principiantes. Ellas conformaron un batallón de heroínas de la modernidad que empezaron a poner la primera piedra para volver a cimentar este país nuestro, que inventaron a la artista de la vida moderna. Una constelación de estrellas capaz de ver lo eterno de lo transitorio, de hacer poemas de la vida cotidiana y luego cantarlos en forma de cuplés. Diosas bastardas y eléctricas, jefas de todo esto, ministras de la frivolidad. Empezó con ellas Toda una galaxia de perdición y de cosmopolitismo castizo.
Emprende el viaje a Ítaca, pero demórate lo más que puedas. Haz muchas escalas, teniendo siempre presente tu isla, la que estas buscando. Al final llegas a Ítaca y ¿que vas a descubrir? Que la verdadera Ítaca era el viaje. (Homero)
sábado, 25 de diciembre de 2021
GRANDES MUJERES ESPAÑOLAS OLVIDADAS.
Nacía una época de mujeres independientes, sindicalistas convencidas, bolcheviques temporales, políglotas intermitentes. Temidas como diablesas capaces de contagiar de independencia a todas las mujeres españolas, portadoras del virus de la perversión, de la fornicación y de la perdición del hombre. La Chelito, la Fornarina, la Cachavera, Adelita Lulú, Tórtola Valencia, la Goya, Raquel Meller, la Polaire, la Bella Dorita, Yvette Guilbert, la Bella Otero, Amalia de Isaura y cientos de heroínas de la modernidad transitaban por los teatros y garitos de media España. Su forma de ver la vida Lo hacen en escena, y fuera de escena, generando todo un paisaje cultural, un contexto riquísimo y lleno de las peores dobles intenciones dichas con la mayor de las galanterías.
Todas Juntas cautivaron a generaciones y construyeron la verdadera historia de este país. Una época de la España donde pululaban escritores indeseables, enemigos de los Unamunos, los Lorca, Miguel Hernández y otros tantos. Navegaban en un pais de demonios epilépticos, mujeres dandificadas, figuras de la bohemia, castizas chulescas, chulaponas con bastón y bastoneros con chichón. Marqueses gangosos, diseñadores aniñados, seudónimos inventados, noches eternas de disfraces en zonas sin ley ni tiempo, altares laicos y ataúdes forrados de amantes de papel.
Ellas; compañeras de batalla para transformar a esa España aún oscura, portadoras de la luz y la electricidad, amantes de las bombillas y la velocidad, mujeres locomotoras que transitan las calles a una velocidad de vértigo, cambiando nuestro país a ritmo de machicha, de cakewalk y de foxtrot. Transfiguradas, moviéndose sutilmente (las descripciones aseguraban que flotaban y se desplazaban de un lado a otro del escenario sin esfuerzo alguno), cumpliendo su gran sueño. Sus cuerpos se inclinaban hacia un lado y otro dando la sensación de nervio y contorsión. Sus vestidos aun escuetos pero sin llegar a enrabietar a los puristas estaban llenos de extrañas formas geométricas Protagonistas reales de nuestra historia cultural y anuladas poe el tiempo en cualquier relato al uso por hacer esa cosa que llamaban los meapilas de la época: «baja cultura».
Abrir hoy en día cualquier revista o periódico de la Edad de Plata es encontrar entre sus páginas a centenas de mujeres que han desaparecido del relato como si ese miedo social de las primeras décadas del siglo siguiera anidando en los rincones más tétricos de este país nuestro. Son las otras, las que fueron lo que realmente somos ahora.
Las que volvieron a contar la historia de las ciudades y la urbanidad desde abajo, desde los contextos donde las mujeres que han sido difíciles de definir quedaron borrosas en la foto: salonnières, petimetras, currutacas, dandys, cupletistas, varietinescas, galantes, punks. Experta en excéntricas y descentradas, esas que llaman desnortadas. Lo público y la urbanidad desde una perspectiva de género son la guía de su trayectoria profesional, y la relacionalidad social y el uso del espacio sus intereses.
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