Las relaciones abiertas son un poco como la Nocilla de fresa o la Fanta de piña en los 80. Parecían cosas muy modernas, atractivas y avanzadas para la época pero en el fondo sabías que aquello nunca iba a poder funcionar bien del todo.
Tampoco es que las relaciones tradicionales funcionen mucho. Pero a la gente le cuesta más el riesgo de lo nuevo que el anquilosamiento de lo viejo. Quizás sea que sin riesgo ,el mundo no avanza. Ya lo decía Oscar Wilde: "la diferencia entre un capricho y un amor eterno es que el capricho dura más."
El amor romántico para toda la vida, mutuamente y perfectamente correspondido con la misma intensidad e implicación, es como el orgasmo simultáneo: algo que sólo ocurre en las películas malas. Seamos realistas; En la vida real, su búsqueda frenética y obsesiva solo conduce a la frustración, a la insatisfacción y a la infelicidad. Por eso esta sociedad está llena de machirulos frustrados, de mujeres insatisfechas y de relaciones tóxicas de dependencia emocional.
Decía Albert Camús que"no ser amado es sólo una simple desventura; la verdadera desgracia es no poder amar" . Por eso, en esta sociedad tan competitiva en la que nos ha tocado vivir, donde los odios, inquinas y las envidias andan sueltas, donde todo tiene un precio y todo se compra y se vende, el amar de forma gratuita y desinteresada, sin el yugo limitante de la justa correspondencia, es un acto revolucionario.
Amar es otra cosa; Y no es cuestión de ir de sobrao por la vida. Por supuesto que también me gusta sentirme querido, pero eso no depende de mi; lo que de sí depende de mí es querer; y en eso es en lo que intento centrarme. Porque querer y empatizar es lo que me conecta con los demás y yo hace ya mucho tiempo que comprendí que necesitaba a los demás, que nunca sería autosuficiente, que nadie puede serlo y que hasta para rascarme la espalda y que se necesita la ayuda de alguien porque hacerlo contra una esquina sólo alivia el picor de la piel pero no el del alma. Y esperar que el universo te conceda la abundancia que te mereces mientras tú te centras en buscar tu identidad en la pelusilla de tu ombligo. Es la lógica del narcisismo, pero que a la larga deja solas y rotas a las personas.

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