lunes, 27 de enero de 2025

LEER. ESCRIBIR, JUNTAR LETRAS...

El reflejo en el cristal de la mesa donde escribo de la taza donde pongo mis bolígrafos hace el mismo efecto que mi silueta reflejada en el suelo por el sol de media tarde. Siempre tratando de buscar la salida a los pensamientos equivocados para tratar de no hacerme mas daño. 

Quizás podría pasar horas mirando mi taza de bolis sobre el escritorio, al fin y al cabo ¿quien sabe si solo ves la taza o estas en tu mundo? Yo suelo crearme un mundo lleno de expectativas que nadie suele lograr, quizás porque así veo que no sólo yo no logro todo lo que quiero o quieren de mi. Me gusta soñar despierto, dormido, embelesado, en la calle, en mi casa, en mi cama... 

Desde hace un tiempo relativamente corto paso el día observándome y dejando de observar tanto a los demas, ahora me centro en mi y me asombro de mi mismo. Ver como puedo pasar de la euforia a la desolacion completa. Me dan ganas de agitar todo y esperar que salga espuma. Ha llegado el momento de no creer ni una palabra de nadie y tener que justificar cada cosa que haga. Que pereza da siempre demostrando las cosas que hago... ¿para quien? No lo sé; para mi mismo puede ser, no lo sé o quiero creer que no lo sé.

Aunque soy un pelín perezoso para escribir. El cosquilleo cuando cae la tarde se pasea por mi estomago como mil mariposas revolotean en un tarro. Y como si de una rutina se tratase tras mi cansancio y monotonía habitual cojo el libro que escogí leer y me desparramo en su trama, en su mundo. Sin más.

Aproximándose la hora siempre elegida por mi, las mariposas pasan de ser ávidas lectoras a plumas escritoras, cosquilleando mi barriga, miles de plumas desorbitadas al compás. 

Y en mi mente se empieza a deletrear pasajes, hurgar en la memoria, caminar entre destellos de luz, describir un paisaje idílico o por el contrario ralo. Escribir una historia donde se recojan en palabras, todos los sentires, pesares y pensares. Otras veces me miro a mí mismo y surge la idea de decir o repetir las cosas que volaron hacia otros tiempos y sin embargo se extrañan. 

Pero la mayoría de las veces trato de encontrar testigos en cada rincón de mi mente, seres que se aprenden de memoria los pasos del desorden, la decadencia, los amores, los haberes perdidos, los sueños, la mujer que sale y entra, el hombre que deambula por un territorio desconocido; seres de diferentes tallas aciertos y desaciertos que se unen en mi mente y confirman un continente para hacer yo contenido en un folio.

En definitiva; Recurro a las palabras porque creo que es el mejor camino para atraer nuevas o viejas compañías, o tal vez porque me sirven para conectar pieles, espacios y navegar en ellos; el hablar de lo irreconocido, de esas cosas que sólo se dejan ver desde la ausencia. Escribo porque las palabras justifican mis noches de sirenas y eclipses, los días estériles y fecundos, además me ayudan a soportar la ausencia, el dolor y la desidia. Las palabras me llevan a trepar muros, acariciar prados o subir volcanes.

Por cierto; Llevaba unos días sin fumar y ayer no aguantaba las ganas y me compre un paquete. Leyendo el mensaje de "Fumar mata" se me vino a la mente que fumar mata al igual que la envidia, el odio, el sufrimiento, la pobreza, el hambre, los celos, la pena, la desolación, la soledad... Hoy en día todo "mata" y da "cancer", hagas lo que hagas todo te puede matar. Mientras escribo me fumo un cigarro; Procuro estar relajado, tranquilo, desconectando de todo lo que satura mi mente y mi alma para abrirme a sentir otra noche en duermevela. Una duermevela relajada y apacible, espero.

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