martes, 21 de enero de 2025

BUSCANDO EL SILENCIO.

La tarde grisácea invitaba a caminar sin rumbo predeterminado. Donde los pasos me lleven guiados por los sentidos, pensé. No es fácil encontrar silencio en este mundo moderno. Si la definición de un lugar tranquilo es aquel en el cual, durante media hora, uno no oiga sonidos creados por el hombre. Las ciudades nos sumergen en su ruido y nos acostumbramos. Los autobuses muelen una y otra vez sus engranajes, las motocicletas roncan, los altavoces de megafonía azotan, miles de motores hacen combustión, los camiones y sus estridentes cláxones. Empecé a navegar, sin rumbo fijo, sin una meta ni un lugar al que dirigirme y me perdia tantas veces como caminos escogia.

Ya cansado de caminar hice una pausa. Miré el paisaje, busqué el color azul del cielo, pero sólo encontré el verde en el horizonte. Estaba frente a un bosque; me alegré de haber encontrado el verde y supe que estaba en el lugar exacto.

Salí buscando respuestas a lo que no hay; busco posibles en medio de los imposibles, busco el silencio en medio de un concierto de musica, busco el amor entre las nubes... Así es la vida, un imposible tras imposible; luchar por algo que te dibujan muy fácil, que te lo ponen en la palma de la mano y a la hora de la verdad... luchas por un imposible, por algo que jamás llegará... porque buscas la felicidad y solo te encuentras lágrimas, recuerdos, sentimientos perdidos en ese baúl que es la existencia.

Cerca del bosque observé una senda flanqueada por helechos, espárragos silvestres e hinojos, hojas secas caídas en el suelo. Un amasijo de colores penetraron por mi retina. Distintos tonos de verde, de ocres, de troncos grisáceos, oquedades negras, flores amarillas, moradas, rojas,..., colores indescriptibles.

Mientras caminaba ya dentro de la frondosidad del bosque, con las manos, iba acariciando la rugosidad de los troncos, la suavidad de las flores, contorneando la forma de las hojas. Tomaba las hojas secas del suelo presionándolas con las palmas de las manos, a modo de trituradora, que luego soplaba al viento.

En un arroyo que surgió a mi paso comprobaba su frescor natural situando mi cabeza pegando al agua y recordé la frase de un buen amigo mío: " Rober; “Tú puedes cambiar el tono de sonido de un arroyo solamente moviendo una piedra”. Lo intento, pero todo lo que oigo es el ruido de mi mente: lo que olvidé hacer, lo que no debí decir...

Pero lo cierto es que cuando estás calmado y en este habitat el silencio vuela hacia tu mente y empieza a borrar todo lo que no es importante. Lo que queda entonces es lo que es real, lo tangible, lo que ves.

Mis pasos pausados se dejaban escuchar, acompañados por la danza tribal del viento al tropezar con las hojas. Bajo la suela se escuchaba el crujir de las pequeñas ramas, de las hojas secas. Las botas actuaban como apisonadoras y de vez en cuando presionaba con más fuerza para conseguir un chasquido mayor. 

En medio del bosque encuentro un pequeño Páramo ajeno a la frondosidad de los árboles ¿Cómo describir la belleza de este lugar? Es un campo abierto como la nave de una catedral, con el suelo tapizado de césped y margaritas. Al fondo hay un cúmulo de zarzales, en las que las moras resaltaban su color rojo oscuro invitando a paladear su sabor en su punto de maduración, impregnando las manos, boca y lengua de ese especial pigmento. Un manantial fluye junto a ellas de un agua que dejaba de ser insípida. Sabía a hierba, a monte, el sabor propio de la pureza.

La tarde grisácea se tornó  casi oscura y llegó acompañada por fin de una suave llovizna con su peculiar sonido al contactar con las hojas de los árboles, con las piedras, con la tierra, las gotas con su peculiar danza al son del viento. En ese momento se produjo la magia, reconocí el olor a verde. Desde ese momento supe que los colores tenían olor, el color de la tierra, el color de los árboles, el color de las plantas. Todos esos colores tenían su olor característico y su conjunción dejaba una fragancia  imposible de describir que te envolvía, penetrando por todos mis poros y proporcionándome una sensación de absoluta paz interior...

Solo un cúmulo de preguntas me surgieron; la vida, ¿que es la vida? ¿felicidad?...¿llantos?...¿imposibles?...¿la vida es un regalo?...que es la vida... Ojalá fuese esto.

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