martes, 26 de abril de 2022

MÚSICA DE HUESOS.

Imagínate por un momento que tienes 18 o 20 años en la Rusia de los 50 y 60, esos años cuando Stalin y sus amigos de la KGB te habían prohibido escuchar música occidental, bajo pena de cárcel o gulag, y a ti te apetece más que nada en el mundo escuchar a Chuck Berry, Beach Boys, Ella Fitzgerald, Beatles o Supremes.

Entonces aparece ahí un ingeniero de sonido ruso de 19 años que pensando, pensando, se le ocurre una idea brillante para que tú puedas oírlos en la intimidad de tu habitación: Piratear sobre placas desechadas de rayos X todos esos discos...

Así que Ruslan Bogoslowski, así se llamaba el ingeniero de sonido ruso, comenzó ha recorrer hospitales y contenedores para hacerse con todas las placas de rayos X posibles y conseguir poner en circulación en 20 años alrededor de un millón de copias piratas de todos esos discos prohibidos por ese demócrata humanista e inspirador y ejemplo de ese otro demócrata y humanista llamado Putin para que se pudieran llevar el "Blue suede shoes" o el "Johnny B. Goode" a casa o al guateque juvenil siempre y cuando pudiesen esquivar los millones de ojos delatores y del KGB del Gran Hermano soviético.

El invento de Ruslan para burlar la censura estalinista con sus registros fonográficos piratas se conoció como música de huesos y Ruslan pasó varios años en Siberia, atrapado por la KGB, purgando a -30⁰ por esos sus pecados mortales de que algunos adolescentes moscovitas pudiesen juntarse en un cuarto para escuchar a los Beach Boys y soñar con olas, playas, cuerpos bronceados y tablas de surf.

Para el estalinismo, ni siquiera en la etérea imaginación de los jóvenes podía existir un mundo mejor o distinto a aquel de los planes quinquenales soviéticos. Aquello ya era motivo suficiente para asesinarte de hambre y congelación en el gulag.


domingo, 3 de abril de 2022

HISTORIA NEGRA DE LAS ESPAÑAS.

Maria topete interrogando a una reclusa
Descendiente de una aristocrática famila de marinos, a María Topete le abrieron las puertas de la cárcel de Ventas su currículo de persona "honorabilísima", el ser una fervorosa católica y el tener ideología derechista de toda la vida.

Entró como funcionaria, pese a carecer de preparación alguna en ese campo. Llegó a ser directora de la Prisión de Madres Lactantes de Madrid. Su objetivo allí era reducir al máximo el contacto entre madres e hijos, “impedir que los niños mamaran la leche comunista”. Como dice Victoria Carrasco, “Tenía a los niños todo el día en el patio, tanto si hacía frío como si hacía calor, y a las madres no nos dejaban coger a los niños aunque tuvieran hambre, estuvieran sucios o lloraran”. Petra Cuevas, cuya hija murió de bronquitis porque María Topete impidió que la viese un médico, lo corrobora: “Era horrible, tú veías a tu hijo llorando y no podías hacer nada”.

La Topete -como la llamaban las reclusas-, quiso convertirse en el brazo ejecutor de las ideas de Antonio Vallejo-Nájera, militar y psiquiatra al servicio del franquismo, que pensaba que el ser “rojo” venía dado por un defecto genético y que dejó para la posteridad perlas como éstas: "La idea de las íntimas relaciones entre marxismo e inferioridad mental ya la habíamos expuesto anteriormente en otros trabajos. La comprobación de nuestras hipótesis tiene enorme trascendencia político social, pues si militan en el marxismo de preferencia psicópatas antisociales, como es nuestra idea, la segregación de estos sujetos desde la infancia, podría liberar a la sociedad de plaga tan terrible".

"A la mujer se le atrofia la inteligencia como las alas a las mariposas de la isla de Kerguelen, ya que su misión en el mundo no es la de luchar en la vida, sino acunar la descendencia de quien tiene que luchar por ella". "La raza es espíritu. España es espíritu. La Hispanidad es espíritu... Por eso hemos de impregnarnos de Hispanidad... para comprender nuestras esencias raciales y diferenciar nuestra raza de las extrañas. Este espíritu lo definía como "militarismo social, que quiere decir orden, disciplina, sacrificio personal, puntualidad en el servicio, porque la redoma militar encierra esencias puras de virtudes sociales, fortaleza corporal y espiritual". Y para mejorar la raza era necesaria "la militarización de la escuela, de la Universidad, del taller, del café, del teatro, de todos los ámbitos sociales".

En su afán de separar a los niños de sus madres para evitar que fuesen contaminados por el marxismo, María Topete los entregaba en adopción a familias pudientes afectas al régimen o a seminarios y conventos, donde quedaban condenados a convertirse en curas y monjas. La buena señora murió en el año 2000 a la edad de 100 años.

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