Subió
a la balanza desnuda, la aguja hizo un pequeño movimiento: ¡42.5 kg.! Sintió un
ardor en el rostro, estaba roja... roja de vergüenza y de coraje contenido. Se
arrodilló y metió los dedos corazón y anular juntos en su garganta otra ves,
tan profundo como pudo, en un espasmo desfigurado escupió verde en la taza.
lloró Largo y tendido mirando el lavabo que lentamente se llenaba de agua
tibia. En la tele alguien bailaba... reía.El aroma ácido aún llenaba el aire cuando su madre la llamaba repetidamente desde el salón. Lentamente dejó el aliento entre pastillas, sueños de kilos y ropas ceñidas... Sueños... Sueños que no le pertenecían. Siente dolor de cabeza, mareos y se desubica con frecuencia, mañana ha decidido ir al médico, pero no por esos motivos, en su mesita de noche ha comprobado que ha gastado la ultima pastilla del blíster de ORFIDAL que le quedaba.
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