Se besaron apasionada y desaforadamente, como si nunca hubiesen besado a nadie o como si tal vez éste fuese el último beso que darían en su vida.A Luis no le importó lo mas mínimo que en medio del anden del metro de Sainz de Baranda los mirasen miles de personas que caminaban con la ya tradicional prisa en esas horas por el andén en busca de un lugar para subir al metro que estaba haciendo su entrada.Tampoco les importó que a esa edad (ambos superaban los cincuenta años) este acto de demostración amorosa era poco visto y llamaba más la curiosidad que atención a la multitud que se agolpaba a su alrededor.La sensación que sintió Luis tenía que ver más con el hecho de haberse enamorado, que con el engaño e infidelidad que le estaba haciendo a su mujer.
Es que él sabía desde el fondo de su corazón que éste no era un amor común ni pasajero, y que ya sus sentimientos no tenían vuelta atrás.Por delicadeza y respeto no solo a su esposa sino también a toda su familia, este día marcaba un antes y despues en su vida conyugal,ya no podría dormir más en su cama matrimonial y tampoco vivir en su casa.Sentía que su situación no podría ocultarse mucho tiempo mas y era consciente y sabedor del cisma de desdicha familiar que podía causar, el desenlace estaba a la vuelta de la esquina, y eso no podría perdonárselo jamás.Todos estos pensamientos, y muchos más, se le venían a la mente en el mismo momento que el beso se prolongaba cual extenso eran sus deseos.
Pasados cinco minutos y con el andén ya casi vacío, se encontraban cogidos de la mano pero sin hablar. Solo se miraban a los ojos mientras esperaban la llegada de un nuevo convoy de metro que los llevase hasta la estación de Moncloa en donde ambos se bajarían ya que el anterior lo habían perdido.En el trayecto del viaje, a pesar de haberlo realizado parados y apretujados en el medio del último vagón, se siguieron besando apasionadamente como si fuesen adolescentes descubriendo los primeros placeres del amor, pero llegando al destino y solo con la mirada convinieron en seguir una estación más, querían pasear un rato al aire libre hasta su destino final. Una vez allí se dirigieron hasta la salida de estación y enfilaron la alameda que les llevaría hasta el hotel LOS PINOS ubicado junto al faro de Moncloa. Sabedores que el riesgo de ser vistos por alguien conocido en esa zona era casi nulo. Esa tarde, y por primera vez, hicieron el amor desenfrenadamente durante tres horas que desearon que jamas pasaran.Luis nunca lo pensó bien ni tampoco razonó lo que estaba haciendo, pero le gustaba demasiado y gozó cada minuto de este encuentro, desde que se conocieron en las redes sociales hasta llegar ha ese instante a el le parecía un mundo. Una vez vestidos se dirigieron hasta la salida del hotel tomados de la mano para luego caminar despreocupadamente hasta la parada de taxis que se encontraba a tres manzanas de allí. El viaje de vuelta se hizo en un silencio cuasi sepulcral solo roto por la voz del taxista despotricando de cómo estaba el tráfico a esas horas en la capital. Pero al bajar del taxi en la estación de chamartin, ese silencio se rompió con unas palabras de quien creia su pareja lastimaron los oídos de Luis y retumbaron en su cabeza hasta hacerla estallar.
- Esto fue solo casual y aquí termina todo. Quiero que esto te quede bien claro Luis, esta es nuestra despedida.Y fue así como Luis observo con una supina tristeza como Esteban se alejaba caminando sin mirar atrás hacia la entrada de la estación para coger el tren que lo llevaría hasta su casa.

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