lunes, 19 de agosto de 2019

LA PESADILLA TANGIBLE.

Una realidad indiscutible e irrefutable es que el cerebro ambientaliza y crea su propio mundo con respecto a lo que sucede fuera de el mientras dormimos; esa creación subjetiva se da en cierta etapa de sueño y se acrecienta mucho mas cuando ya vamos a despertar. En esos momentos transitorios el cerebro puede escuchar el ambiente que le rodea, captar los sonidos, percibir olores, sentir texturas, todo menos ver. 

Estando el cerebro en esa etapa rem, se encuentra en gran actividad, vive su propio realidad ,una realidad llamémosla onírica, creando así a partir del estimulo externo, un sueño basados en tales sensaciones, lo más interesante es que el sueño salta de episodios en episodios, hasta llegar a un concordato que solo el cerebro puede interpretar y después nuestra mente al despertar puede mas o menos entender ,porque todas las cosas del sueño por raras que nos parezcan, son reales para nosotros, hasta el despertar.

LA PESADILLA 
Cuando me abrazó por última vez al despedirnos no pude contenerme y rompí a sollozar como un niño pequeño al que le quitan su juguete, me sentía como un huevo al que le hacen un agujerito y lo van vaciando. Seco por dentro y frágil por fuera. Ya no puedo más. Caminando por la avenida navegando entre mis pensamientos a la vez que intentaba esquivar la gente que caminaba a contra pie, Lo tengo decidido y esta noche lo haré, acabaré con mi vida porque ya no tiene sentido vivir entre tanto vacío, ya no tiene sentido vivir siempre con temor, el temor a que me pase otra vez lo mismo, a entrar en un círculo vicioso y por ende pernicioso, sólo de pensarlo se me nubla le mente.

He preparado la bañera con agua caliente, dicen que así es mejor, que cuando la sangre fluye de tus venas y escapa de tu cuerpo vas cayendo en un profundo sueño, hasta que no te despiertas, estoy impaciente por experimentar aun que sea por solo y única vez esa sensación; estoy listo. 

Me encuentro ante la bañera, me he puesto unas zapatillas que ella me regaló, y un bañador que le gustaba, así, cuando me encuentren exangüe del todo me encontraran "arreglado". Me meto en la bañera y cojo las cuchillas que tan cuidadosamente había cogido días antes, de súbito suena la puerta. ¡Dios mío! En ese instante me vino a la mente unas palabras que le dije cuando vino a hablar para decirme que se marchaba: "siempre esperaré que llames de nuevo a nuestra puerta con las maletas". 

Mi corazón quería salir del pecho de la emoción y pensando en que sería ella me levanté encharcado y me fui corriendo hacia la puerta con el riesgo de resbalar con los pies húmedos en el gres. Antes de abrirla decidí aspirar hondo y relajarme, pensando mil cosas bonitas para decirla en cuando abriese la puerta y la viese, abrí con mucha parsimonia, que no me denotara ella un atisbo de desesperación. Mi corazón casi se para de la desilusión y casi me desmayo. Se habían confundido, iban a la puerta de enfrente. 

Mi mundo se volvía mas negro que antes, y me dí cuenta que esto no era vivir, así no. Esperando una llamada, un mensaje o una carta de ella que nunca llegaba no es tener esperanza, es querer demasiado y todo mi amor se lo había quedado ella, todo, ni siquiera quedaba un poco para mi, aunque fuese de amor propio, sin tanta cobardía. Me dirigí otra vez al baño. Maldiciendo entre dientes que no hubiese sido ella la que llamase a la puerta. Me volví a meter en la bañera y cogí de nuevo las cuchillas, sin mas dilación una de ellas me la pasé con fuerza por debajo de mi muñeca de la mano derecha. 

Noté el corte y la sensación de la carne cercenada pero la sensación de la sangre brotando de mis venas y recorriendo el brazo hasta llegar al agua de la bañera era como estar debajo de una cascada y notar el agua caer en tu piel, escapando, era una sensación tan dulcemente terrible. Me cambié la cuchilla de mano y corté en la otra muñeca, ahora era una sensación de paz, de sentir llegar mi muerte. 

Por fin; cuando estaba a punto de que mi consciencia se fuese a otros lares, oí la puerta. "otro que se ha equivocado" pensé mientras me inundaba un placentero sopor y me quedaba dormido para siempre con una lágrima recorriendo mi mejilla, en mis últimos estertores oí como golpeaban en la puerta a la vez que una voz femenina que había oído cientos de veces me decía: 
"abre cariño, traigo las maletas que siempre deseabas volver a ver. He vuelto"...

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