miércoles, 11 de septiembre de 2019

SONRÍE.

Sonríe, el mundo está lleno de sonrisas libres que necesitan  salir a la luz, que necesitan y quieren nacer en cualquier boca, sobre cualquier labio.
Corro, huyo de la maldad, no de los hechos malos, sino de esa energía que me envenena el alma y que no me deja vivir como quiero. Corro cuanto puedo, sólo puedo vencer al cánido huyendo, gastando esa energía en poner tierra por medio y en nada más. Ese es mi sueño diario.

He aprendido soñando ha llorar la alegría y la tristeza, ha permítirme ser permeable al mundo que me rodea, que sea ese mundo quien me haga sentir alegría, o por el contrario tristeza, porque es  el principio creador de mi naturaleza.
Me rio de esa enfermedad, que llene mi mente de elementos banales al menos por un momento, desconcentrándote de los problemas que me aquejan y no son otros que sentir como merma mi empatía por la gente.
Perdona y olvida, entrégate a no sentirte responsable por los errores de otros. Libérate de la eterna carga de la revancha, ella se presenta sola y rehúye a quien la busca, dominando su mente y atándole a la espera.

Sufre, permítete sufrir lo que sea necesario, no te niegues la curación que deviene del dolor. Tu debilidad será aquello que no puedas afrontar y lo que te persiga eternamente.
Piensa, cada uno de tus actos, cada una de tus palabras valen su peso. Enfrenta tus inconvenientes con inteligencia, resolverlos será la clave para alcanzar la felicidad.
Sé feliz, lucha cada día por ello, cada segundo vale el esfuerzo.

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