Como ya es algo habitual desde que irrumpió el cánido a mi vida en mis largas noches, otra vez se vuelve a repetir ese maldito sueño. Con el pijama empapado en mi propio sudor me siento en el borde de la cama. Tanteo con los dedos de mis pies descalzos sobre el frío suelo de la habitación y busco las viejas alpargatas que me acompañan en mis despertares y paseos nocturnos. La tenue luz del amanecer que entra por las persianas mallorquinas de la ventana es suficiente para orientarme en la casa en la que vivo solo desde lo que yo considero como ya media vida; al levantarme mis rodillas flaquean, se resienten lo suficiente como para sentir un intenso dolor en lo más hondo de mis huesos; desde el tobillo hasta la coronilla recorre un intenso dolor por la espina dorsal.
Caminado torpemente hacia el baño empiezo a tomar conciencia de que esta noche tampoco podré volver a conciliar el sueño, pero no importa, es tanto tiempo sin poder dormir tranquilo que he llegado a asimilar el agotamiento físico, viviendo durante el día como un fantasma portando asido al tobillo una enorme bola de hierro imaginaria, insensible, sin preocuparme de las cosas que me rodean tan solo viendo pasar el tiempo. Cada vez falta menos para el final, lo sé, lo intuyo y soy consciente de que con ello llegará mi completa perdición aunque con el premio del descanso, perderé irremediablemente todo lo que me mantenía entretenido y ajeno aunque solo fuese durante unas horas al temor de que llegara la noche; pasaré a ser algo olvidado, sin hijos con los que poder conversar y nietos a los que entretener con mis historias. Dejo correr el agua del grifo durante unos instantes para conseguir algo de frescura en ella, mojo mis manos y las restriego sobre mi nuca como si fuera un mismo ritual al que estoy acostumbrado a realizar cada amanecer, contemplándome en el espejo reparo en las ya más que visibles marcas que inundan mi cara y en mi pelo cada vez menos poblado, es desesperante ver como te haces luz de gas y no puedes hacer nada por evitarlo, ya no hay vuelta atrás lo vivido, vivido está y no se puede cambiar, con sus alegrías y sus penas.
Y aquí estoy un día mas, viendo el amanecer desde mi balcón, como cada mañana, escuchando el despertar de la ciudad y oliendo la humedad del rocío. Hoy es sábado y doy por seguro que será un largo día. Lo mejor será vestirme tranquilamente e intentar pasear sin ninguna prisa, pues nadie me espera en ningún camino que recorra hoy. Un dia de diario para mí significa una infinidad de horas libres en las que el único entretenimiento es conversar con los pocos amigos que me van quedando (Las amistades que he tenido durante mi vida siempre coincidían en una cosa; decían que había que estar muy loco o ser valiente para seguir con esa lucha después de tanto tiempo de dolor y yo les respondía que el dolor no diferencia cordura de locura y que si así fuera, entonces yo seria el loco mas cuerdo con el que se iban a encontrar jamás). y sigo solo en mis pensamientos,en el que nadie vale nada o todos valemos mucho, por que nadie tiene un poder divino, nadie esta en el cielo viéndonos, nadie nos dice lo que valemos, eso lo decidimos nosotros, si existiera alguien que tuviera el don o algún recurso en sus manos y no lo utilizara, para cambiar las cosas, seria odiado por todo lo que permite hacer.
"El principio del fin" "El fin del principio" esto solo ha sido un juego de palabras, de palabras que no valen nada, ¿quien ha decidido por nosotros? ¿Existe ya una fecha establecida para nuestro fin? Las cosas son como cada cual las vea, cada uno tiene su punto de vista, cada pregunta tiene otra detrás, y esta a su vez otra, y cada pregunta tiene infinitas respuestas.y yo sigo con mi paseo tratando de auto convencerme que todo volverá a ser como antes, que tengo que poner de mi parte, convencimiento, valor, testiculina, cojones, fe, fe, fe, fe…
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