jueves, 20 de febrero de 2020

LA GUADAÑA.

Limpió el filo con su manga y deshizo sus pasos. Sobre el gres de la cocina quedaba la mujer exhalando un suspiro por última vez. El cuerpo exangüe, delgado y frágil se quedo definitivamente inmóvil.Salió de la casa, sin preocuparse de dejar rastros. Se propuso no pensar más en lo que acababa de hacer. 

Ya en la calle volvería a ser nadie.Y volvió a rondarle la pregunta que siempre le martirizaba. ¿Cuál era la razón de su existencia? Desde hacía años, como ahora, ensayaba respuestas que frenasen el agobio y trataran de auto convencerle. Pero ninguna resultaba convincente.Algo detuvo su andar, miró hacia otra casa, por la ventana brotaba un atisbo de desconsuelo. Sintió la necesidad de estar allí. Le fue fácil entrar. Intentó que no se notara su presencia por los pasillos. Abrió la puerta observando de un extremo a otro del corredor. Evitó sonido alguno. En una de las camas, junto a la pared de azulejos, yacía un hombre, un pobre ser desesperanzado y mustio. Esa fue la sensación al verlo: un joven con nada más que una bata blanca cubierto por una sabana inmaculada. La escena no le permitía entrever más.No lo dudó: se acercó a él. Sin hostilidad. Sin odio. Sin violencia. El hombre abrió los ojos, sonrió por última vez… y ese fue su gesto final.

Deshizo sus pasos, limpió la hoja sobre su manga. Salió de la habitación pensando: su presencia había permitido aliviar la agonía de esa persona. Sin embargo le tomó minutos volver al descontento: volvía a sus dudas... A su no saber porque de todo. Ganó la calle sin que nadie percibiera nada. Sabía que no había tenido infancia, ni pubertad, ni juventud. Sólo presente, como si hubiera nacido así como era. Pero nada de eso alivió su insatisfacción. 

A las pocas calles logró entrar en otra casa. Investigó cada habitación. En un cuarto se encontró con dos pequeñas niñas que se miraban cara a cara. Al acercarse vio que no eran dos: Solo una que se reflejaba ante un espejo. Se paro frente a él. Pero el espejo no le devolvió ninguna imagen, no lo haría jamás.Deshizo sus pasos dejando atrás el inerte cuerpo de la niña. Aquella noche, en esa habitación, supo  su razón de ser y estar y no tuvo necesidad de limpiar el filo de su guadaña.

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