Debo
de tener alma india, porque veo un compendio de sabiduría en los ciclos
de la luna, los acompasados paseos del sol por el planeta, los árboles
con sus colores, las estaciones del año con sus aromas, la fuerza del
viento, las palabras con sus auras y colores, las relaciones personales,
los bolígrafos y las tintas, los ríos que juegan al escondite con la
sequía…Hoy me gustaría hablar de algo muy común que me tiene fascinado y aun pasando delante suya todos los días y sigue maravillando: el semáforo.
Yo lo comparo y lo asemejo a la vida, tiene tres colores que si lo extrapolamos a la vida cotidiana indican distintas conductas a tomar cuando tenemos un problema que, en principio, es desplazarnos de un lugar a otro. En principio tenemos el verde, que como esperanza, nos hace continuar adelante con nuestro camino, centrándonos en nuestro destino y alejándonos de los problemas que rondan nuestras cabezas.
A continuación tenemos el color amarillo, la luz que según donde nos encontremos, nos hace ralentizar el paso y nos plantea la disyuntiva de pensar bien, o seguir como flechas pero con ojos de búho y alas de águila.
Y por último, el color rojo, el color de los sentimientos más primitivos, nos paraliza, nos hace pensar si aventurarnos y jugarnos la vida sabiendo que hacemos mal o nos quedamos inmóviles hasta que vengan tiempos mejores.
Luego está el cambio de colores. Si está en verde pero llegando a la linea imaginaria de pasarlo se torna rojo, es que algo hemos pasado por alto que hemos hecho mal o alguien nos quiere avisar de que ese no es el camino.
Si de verde pasa a amarillo, es que hay que atesorar mucho valor para continuar por ese camino y que un paso atrás puede ser mejor que uno adelante apresurado.
Si del rojo pasa al verde, es que aquello que vemos imposible que llegue está apunto de hacerse posible. Si del rojo pasa al amarillo, hay que sonreir, un buen augurio, una posibilidad que antes pensábamos que era utópica puede que en breve se haga realidad.
El problema es que es la vida la que maneja los semáforos y nosotros los que tenemos que aceptar sus reglas, pero recuerda que aceptar no es acatar. Paciencia conductores, que todo llega.

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