Lleva
lloviendo toda la noche. El viento, azota furiosamente la puerta de madera sin
barnizar que da a la azotea, es tal la furia del vendaval que hasta una de sus bisagras empieza a chasquear.
Jarrea, y el agua que cae ya casi de forma horizontal empujada por el vendaval,
golpea como un redoble de tambor el cristal de mi ventana. La luz del flexo
parpadea, como queriendo dejar de relumbrar, y mi sombra cambia de apariencia y
forma cuando la luz titila indecisa; empiezo a echar de menos las cosas que
me van a quedar por hacer. Los actos futuros, imposibles ya. Es cierto; pienso que el ser humano jamás conocerá el fin ni mucho menos el límite de su dolor, ni el para qué de su existencia. Sólo simplemente la vida hay disfrutarla y bebérsela sin hacerse preguntas. Un relámpago acompañado del estruendo de un trueno lejano se cuela en mi habitación y la descarga ilumina de color azul y blanco intenso toda la estancia. Mi sombra a intervalos muy cortos en la pared se ha calcado como un graffiti en negro que, frente a mí, resiste al tiempo, y como ha sido un destello tartamudo pero duradero, lo he podido ver. La luz del relámpago, ha contorneado mi sombra de un azul intenso, y mis ojos se han nublado un instante. ¿O se han cerrado?
El caso es, que entreví su presencia; acompañando a mi sombra en la pared, pero ha sido una visión efímera, es decir, un visto y no visto, por eso empiezo a dudar si es que de al haberse cerrado mis ojos la potente luz ha traspasado mis párpados y me ha hecho verla, o si por el contrario no he cerrado los ojos pero luego quedé ciego por un instante por temor. Tengo un frío gélido, frio ambiental y mental, pero no me voy a dormir todavía. Estoy escribiendo, y cuando escribo nada importa más. Sigue jarreando en la calle y el techo parece amenazar con cuartearse debido al golpeo continuo de la lluvia torrencial.
Me levanto de la mesa y me dirijo con paso cansino al baño, me miro en el espejo, mis ojos dejan ver cada día los cercos de color oscuros ceniza que rodean los globos oculares, esos que delatan el insomnio, o quizá los he llevado siempre, ya ni lo recuerdo; me refresco la nuca, porque aunque hace frío tengo calor, vuelvo a la mesa y rebusco entre un cajón un paquete de cigarrillos, hace mucho deje de fumar, pero algo me está pidiendo a voces que me deje atraer por el influjo de la nicotina, quizás es el placebo que necesito. Quito ceremonialmente el celofán que envuelve a la muerte lenta y saco un cigarrillo. Lo enciendo y, mirando a la ventana, permanezco inalterable en el rictus de la cara cuando el humo azul asciende desde mi boca hasta el ojo derecho, que dejo entrecerrado para que el humo no lo haga escocer.
Observo de reojo a mi perro, Genio. Nunca he comprendido como pude ponerle a un perro ese nombre. ¿Quizás me viera reflejado en él? No creo. Mas bien creo que ese nombre impropio de un cánido esta hecho carne por un anhelo mio, un sueño.de Genio me excita su soledad. Sus silencios. Sus pasos al caminar. y muchas veces en mis delirios de mente parturienta me pregunto... ¿Qué guarda? ¿Qué esconde en su alma con tanto recelo? ¿Qué desaliento lo abate que le hace caminar como desangelado? ¿Se verá reflejado en su dueño? Yo; siempre le sigo con la mirada en silencio. Otro relámpago, Ahora el perro por su manera de aullar ha visto también la sombra, definitivamente la visión de la figura en la pared no es algo producto de mi mente paranoide, es algo tangible, real, sino el perro permanecería entre mis tobillos, quieto, inmóvil. Enciendo en un acto compulsivo la radio y Dani Martín esta entonando una canción...cero... escucho la letra y pienso en voz alta ¿De cero?- pero ¿donde sería el punto de partida? Sino sabes qué lugar o tiempo quieres como nuevo punto de partida... ¿Merece la pena ese cero?
Genio perdura en sus ladridos, a pesar de lo estridentes que son, sigo oyendo en los cristales el repliqueo del aguacero, decía mi madre que cuando llueve es que un ángel cayó, que un ángel feneció. O bien una estrella del firmamento dejaba de iluminar. Acerco mi cara a la ventana, casi mis labios rozan el cristal y pienso: hoy debe haber una pandemia celestial, esta jarrea no es normal.Me acerco a la alacena que hay antes de la cocina y saco una botella de ron. Me apetece un trago corto, no debería hacerlo, pero en esta vida ya hay pocas cosas que no debería hacer, ni tan siquiera ya poder hacer.
El regusto que me deja el ron bajando por el gaznate me recuerda a mis tiempos de estar clavado en bares, inquilino de tugurios y garitos repletos con gente de mal vivir, ¿mal vivir? Pobre ignorante de mi. La sensación de que alguien me observaba cada vez era más fuerte. Instintivamente me di media vuelta y allí estaba... mirándome... respirando lenta y silenciosamente... una sombra en relieve... sobresaltado se me cayó el vaso al suelo dando un brinco Genio con la acertada intención de evitar los cristales rotos al hacerse añicos el vaso.
Una sombra bien definida de una mujer, abigarrada, pero deforme
en complexión física. Su cara es tan real que pienso que podría haberla tocado
si me hubiese atrevido a moverse. Incluso sabiendo que no podía ser más que una
ilusión, un espejismo del mundo de la fantasía y de los sueños, la siento más
real que a mí mismo, poderosa y extrañamente hermosa. Me siento en la silla que
hay al lado del aparador para recuperar el aliento producto de la primera
impresión, pienso en lo que esta haciendo las figura aquí y preguntándome a mí
mismo si no estoy perdiendo el juicio, la vi mirándome. Permanezco mirándola en silencio, y lo entiendo todo. Comprendo que estoy cara a cara con mi locura; dulce y trágica. Silenciosa y sin sentido. Bella y amarga. Hay muchas formas de locura, muchas; algunas hacen mover mi mundo, o al menos hacerlo girar, acompañado de ella he tenido muchas de las experiencias de las que presumo ahora; pero también he tenido mucho dolor del que me callo ahora.
Si esa locura realmente supiera cuanto ha pintado en mi vida, ha sido la vela en mi barco, el papel de mi libro, la cerilla de mi fuego, el iris en mis ojos. ¿Y que es ahora? Un recuerdo de experiencias incapaces de borrar, una frustración, un miedo, una experiencia, un quiero y no puedo. Y ahora te has hecho visible agotando mis ansias de todo. Pero aquí estoy, méceme en tus brazos, insúflame el desaliento del orate, apodérate de mis pensamientos, rige el mundo y la vida que me queda por vivir, venga, ven.
Lentamente la sombra se difumina entre la penumbra de los ángulos muertos de luz que genera el flexo, Genio se acurruca entre mis tobillos como ajeno a lo que hemos presenciado al unísono. Le acaricio la testuz mientras me incorporo de nuevo al escritorio, creo que voy a seguir escribiendo…. no importa... mañana... mañana estaré vivo nuevamente... y más vivo que hoy. Y seguro que volveré a ver cara a cara a mi locura. seguro... y mientras fuera jarrea.

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