sábado, 14 de noviembre de 2020

LA MAGDALENA DE PROUST.


Existe una teoría en psiquiatría denominada LA MAGDALENA DE PROUST, cuya base teórica-científica es que el ser humano ante el olor de un aroma o fragancia determinada es capaz de recordar hechos y situaciones pasadas. En mi caso, puedo confirmar que es cierta. 

Sentado en el asador Argentino que acostumbro a ir, el olor a carne asada me a recordado vivencias anteriores, de cómo conocí a Charo, de cómo con charlas animadas e intranscendentales conseguí conquistarla y con el tiempo desposarla, de cómo celebremos el nacimiento de nuestro primer y único hijo, todos esos acontecimientos sucedieron aquí, en este asador.También fue el lugar donde recibí la noticia en boca de Charo de que me abandonaba, harta de mis inseguridades e indecisiones, obviando, a mi modo de ver el hecho que me había sido infiel con el que hasta ese momento no solo había sido mi mejor amigo, sino mi mayor confidente y cómplice.

Quizás valiéndose de todos mis secretos por el guardados, se valió de ellos para acercarse a Charo. Nunca lo sabré, y tampoco es algo que por hoy me atormente o me quite el sueño. He de admitir que sigo profundamente enamorado de la que hasta hace poco fuera mi esposa, con el consiguiente dolor, tanto mental, como físico, porque probar las mieles del desamor es algo que duele asta en el último rincón del cuerpo, pero es algo que ni quiero y ni puedo evitar.

Hoy he quedado con ella, hay ciertos trámites burocráticos que requieren mi firma , estamos en trámites de separación y lejos de firmar dichos documentos en un frío y desangelado bufete de abogados, hemos quedado para comer y cerrar al menos cara a cara un ciclo de nuestra vida en común. No sé como responderé ante la visión de la que fuese mi esposa, aunque llevo días repasando mentalmente mil y una vez el encuentro, lo he guionizado, aunque no sé si seré capaz de llevarlo a practica.

El toque suave de una mano sacó a Nicolás de sus pensamientos, girando lentamente la cabeza acertó a emitir un saludo casi inaudible. - Hola Nico, ¿qué tal estas?, Era la voz de Charo.- Muy bien, estas guapísima, radiante. Respondió Nicolás con voz cariñosa.- Quizás es que tú me ves así, o quizás es que soy feliz, y eso ayuda mucho.-¿Conmigo nunca lo fuiste rosario? Espeto Nicolás en tono de reproche.-Tuvimos de todo, días que si y días que no, en fin… nada constante. Sentencio ella mientras tomaba asiento en una silla frente a él. El camarero viendo desde la lejanía acomodarse a Charo en su asiento se apresuró a aproximarse para tomar comanda del pedido. -Para mí, carne poco hecha con ensalada. Pidió Nicolás con un tono que sonó algo autoritario.- Para mí, solo una ensalada y agua mineral. Pidió Charo.

Hubo un momento de silencio, un silencio cortante, hiriente. Hasta que Nicolás lo rompió, alguno de los dos tenía que hacerlo.-¿Qué tal está el pequeño Nico?- Bien, aunque echándote de menos, eres su padre y todos los días recuerda cosas que hacíais juntos. Charo se había ido a vivir  al otro extremo del país, y a Nicolás, unas veces por falta de tiempo y otras, las que más, por falta de dinero le era casi imposible ver a su hijo mas de lo que él deseaba.- ¿Y tú que tal Nicolás? Pregunto Charo sin mucha convicción, intuía la respuesta.- Pues….no se… bien…mal, igual que siempre, sigo mi vida. Titubeo Nicolás. -Sigues lo mismo de indeciso y conformista Nico, nunca cambiaras. Sentencio Charo.- ¿Tu crees Charo? Yo no lo veo así. Replico casi gritando Nicolás. -El borracho no admite que lo está, el loco tres cuartas de lo mismo, y tu, más de lo mismo.-Tu lo veras así, yo no. ¿Conformista? Lo pude ser en algún momento, por hoy no.

¿Recuerdas a los vecinos que tanto nos incordiaban? - Si. Dijo con indiferencia Charo. -Pues al final a las manos he llegado con el marido y de pleitos estoy con él. ¡Si vieras como le puse el ojo niña! Exclamo Nicolás con una sonrisa socarrona. -Pues, mira Nico que tenían un trago esa familia jejeje. Sonrío Charo haciendo gestos afirmativos con la cabeza. -Y eso no es todo niña. Con mi familia llevo sin hablarme ni se sabe.-¿Y eso? Pregunto Charo en tono de sorpresa.-Se me cayó la venda sola. Me di cuenta el mucho daño que nos hicieron a los dos. Y mira que me lo advertiste cientos de veces Charo. Pero mira, nunca es tarde, la puñetera falta que me hacen. Sentencio Nicolás. -Estoy en una fase de mi vida que no me pienso dejar pisar por nadie, mira lo que te digo, por nadie. Volvió a remarcar. - Si eso lo haces tiempo atrás, no nos veríamos así Nicolás, tus indecisiones y cobardías para todo nos mató.- Nos mató el que me engañaras con otro Rosario, no lo olvides nunca. Le reprochó severamente Nicolás.- Eso solo fue una consecuencia de todo, óyelo bien… de todo. Le conmino Charo.-Bueno... Dejémoslo estar, es algo que pasó y punto. Si, mejor dejarlo. Sentencio Charo.- Porque además quiero que sepas, que hoy por hoy me siento tan fuerte y seguro de mi mismo que seria capaz de luchar otra vez por tu amor.

Las palabras entraron en los oídos de Charo como un bálsamo, ella seguía profundamente enamorada de Nicolás. Y por un momento albergó la idea de que el realmente había cambiado, que esa decisión y seguridad que ahora esgrimía era la que ella siempre le había reclamado. Pensó por un instante que si hubiese sido así de un principio, no se hubiera visto abocada a la infidelidad, porque ella en su momento lo vio como un modo de castigar el carácter de su marido. - Me estas dejando impresionada Nicolás. Acertó a decir Charo con voz dulce. - Con el tiempo te darás cuenta de que te equivocaste Charo. - No me equivoqué, es que no eres el mismo hombre. De repente  una intensa humareda negra, unida a un olor desagradable a carne quemada llegó a sus olfatos.- ¡Se les está quemando la comida! Exclamó Charo en tono alterado.- seguro que es eso. Todo eso lo trae el no estar pendiente de lo que se cocina, de lo que se tiene entre manos. Dijo en tono autoritario Nicolás.

 Nuevamente quedó Charo impresionada por el tono autoritario del que había sido su esposo. -¿será cierto que ha cambiado su aptitud? Se preguntaba mentalmente mientras miraba fijamente a Nicolás. Le gustaba al hombre que veía enfrente, protector, autoritario y lo más importante para ella, seguro de si mismo. Llegó el camarero con la comanda, una ensalada para Charo y un filete para Nicolás. Pero algo estaba fuera de lugar, el filete venia casi carbonizado y guarnicionado con patatas fritas, no con ensalada, que era lo que había pedido Nicolás.- Oye Nico… Tu no as pedido eso ¿verdad?- No, contestó con voz casi inaudible, como queriendo evitar que le oyese el camarero. - Pues… ya estas tardando en mandar devolverlo a la cocina. Exigió Charo. Nicolás en un arranque de sinceridad solo acertó a decir un, déjalo estar, es igual. -¿Cómo que es igual? Bramó Charo. ¿No ves que esta carbonizado? Por no decir del olor tan repugnante. 

-He dicho que da igual. Sentencio Nicolás. En ese momento, en ese preciso instante, el olor de la carne quemada despertó en rosario la teoría de la magdalena de Proust. Volvió a recordar al Nicolás de siempre, indeciso, inseguro y conformista.

Se levantó lentamente, besó a Nicolás en la mejilla y con un gutural, adiós, se marcho del asador. Al salir por la puerta, recordó que no había firmado los documentos. Se giro sobre sus pasos, y ante la visión de Nicolás comiendo el hediondo filete con mas que evidentes gestos de resignación, volvió a girar los pasos sobre si misma y pensó… Ya se los dará mi abogado.


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