Vivir el día a día era sumamente fácil para
Luis Uranga. Su manera de ver pasar la vida era clara y taxativa en su mente.
En su cabeza retumbaba el lema “Vive el día sin mirar el mañana”. “Vive
fugazmente antes de envejecer lentamente”.
Esa manera de ver la vida la sabía manejar en
la vía urbana de manera muy hábil de cara a la gente. Ya en casa era de manera
bien distinta.
Vivía en una casa muy austera. Sin mas amistad que la de una
perra de raza caniche de mucha edad (perruna) ya ciega y de un caminar de manera
ajada y cansina; y de una serpiente
metida en una urna de cristal. Rara vez recibía cartas ni llamadas. Pensar que
pasa la vida y llega el instante en que te imaginas ver la vida pasar desde una
atalaya imaginaria, un lugar para escrutar la vida en la calle desde la
ventana. Gente en la vía pública, gente de un andar sin mirar a nadie y de
analizar el andar de la gente, el también nunca miraba a la gente a las caras,
temía que descubriesen que vivía de una
manera abteta en casa.
Gentes de caras desangeladas y rictus ausente; Manejaba
la cabala que está pandemia es más que un virus. Es sacar el alma que nunca
nadie ve. Aunque siempre va adherida en nuestra manera de ver vivir, nadie
jamás la analiza, hasta que esté virus está presente en nuestras vidas. Y
maneja sibilinamente nuestra manera de ser y estar.
En su cabeza martilleaba la pregunta sin una
respuesta para el:
_ Siempre será ya así? se preguntaba
mentalmente a cada instante. Almas cautivas ya? Manejar estas circunstancias
puntuales es mas difícil que cruzar el Sahara sin agua y sin tan siquiera unas
alpargatas para mitigar la manera sutil de arder la arena en las piernas.
Desde hacia unas semanas escribía muy de vez
en cuando cartas a una chica que era vecina de su hermana, cartas que jamás enviaba
y guardaba amarradas con una cuerda bramante en un secreter del mueble, quizás
le espantaba la idea que ella jamás las abriese al sentirse despreciada al
hacer una espantada el sin mediar palabra. Manejar esa idea le hacia
retractarse el mandarlas y una ves escritas las guardaba en el mueble. Era una
chica de bandera, brava, gallarda, inteligente, valiente y guapa; Que sin tan
siquiera percatarse Juan fue día a día instalándose en la vida de el. Sin
anestesia. Andrea se llamaba aunque la vecindad le decía " la
guerrera".
El pasaba a buscarla al
caer la tarde a una academia en arganzuela, ella acudía allí a sus clases de
danza hindú. Pasaba a buscarla para dar una vuelta al parque y después ver
escaparates. Era una manía que tenían. Puede parecer una pamplinada: ¡Para Ver
maniquíes! Les atraía la mirada perdida de las esculturas hechas de baquelita,
miradas limpias, aunque vacías. Les atraía la idea de ver la vida de esa
manera; miradas abstraídas, sin empatia, perdidas de la realidad.
Querían esa
mirada para si. Aunque un día en una charla en el bar alguien decía que “la
guerrera” era tal cual… una guerrera en la cama, que era una chica muy fácil y
caliente, amiga de billetes de mil pesetas y lencería fina regalada. Desde ese
día ya jamás fue a buscarla, ni tan siquiera para ver maniquíes.
Su rutina culinaria la tenía bien clara y
definida, sin variarla ni un ápice; Nada mas levantarse desayunaba una taza
grande de café sin nada más, ni azúcar. De comer,( zampar, jalar) más austeridad aún: lentejas
lunes, fabada martes, el día siguiente igualmente fabada pues hacia mucha
cantidad, jueves migas, viernes y al igual que la fabada quedaba para el día
siguiente, y el día de semana de fiesta para terminar dicha semana. Pechuga
asada, patatas fritas, y ensalada; Para beber una jarra superlativa de cerveza
artesanal. Las meriendas eran más austeras, una taza de café y alguna Magdalena
para después en la misma taza servirse anís y menta; una extraña mezcla que le
gustaba a rabiar, decía el entre risa y risa que era un buen laxante.
De cena; Siempre una vez en semana, unas patatas hervidas, atún y sal, filetes de melva
aliñada, carne asada y verduras (preferiblemente jueves) y viernes calamares a
la plancha y ensalada y para beber, bebía simplemente agua mineral. Siempre la
misma rutina culinaria, día a día, semana tras semana y mes a mes. Siempre
igual, Sin ápice de cambiar nada. Siempre en mucha cantidad, pues según el
manejaba mucha hambre.
Después del frugal café, se vestía, aseaba y
salía a la urbe, se mezclaba entre la gente y se dejaba llevar acera adelante,
parecía una pavesa manejada en el aire. Derecha, izquierda delante, atrás, sin
meta establecida, mas parecía pertenecer al plantel de una aventura urbanita a
la caza de un nada, que el de una mente medianamente cuerda. Si alguna vez se
cruzaba alguien y se paraba enfrente de el; Después de charlar un instante le
decía siempre la misma retahíla: “Vive el día sin mirar el mañana”. “Vive
fugazmente antes de envejecer lentamente”.
Las tardes las dedicaba a leer, tenía una
gran variedad en casa; Desde aventuras, ciencia futura, arte, pintura. Revistas
científicas, de cine, de actualidad, siempre en su butaca heredada de su madre
recientemente muerta, de ahí las frecuentes visitas a su hermana, aunque
viviera en la punta mas lejana de la ciudad, necesitaban sentirse bien, el y
ella; aunque al decir verdad era una manera sibilina y subliminal de decir sin
palabras que se necesitaban, que era necesidad el verse. Leia mientras
escuchaba música tranquila, clásica y algún umpluged del cantante que le
gustaba: Aute. Las letras que cantaba el cantante unidas a la música le hacían
identificarse en ellas.
Un día mientras miraba un maniquí en un
escaparate de lenceria de la
Gran Vía, sin percatarse era a la vez la gente al pasar
miraban a Juan seguramente pensarían que era alguien al decir verdad escrutaba
la mirada de la figura plástificada. Una palmada fuerte en su espalda le restituye a
la realidad mundana, era alguien que vivía cerca de Andrea y el antes veía en
la barriada alguna vez al ir a llevarla a casa.
_¿Que tal Juan? ¿Estas bien? Hace semanas sin
verte en Arganzuela y pensé que enfermaste.
_ Que va; Fue su escueta respuesta.
_ ¿ Que tal Andrea? ¿La ves?
_ ¿La guerrera? Que va, apenas se ve en la
calle desde que tú dejaste de ir. Parece que calaste fuerte en ella.
_ Ya, la vida es algunas veces injusta y ella
es una superviviente de la vida. Sabe vivirla alegremente y a mí esa manera me
parece absurda.
- Alegremente? Que te hace pensarlo?
- Una charla en el bar de alguien que decía
ser su amante.
- Me parece de una absurdidez tremenda que te
dejes llevar y divagar en charlas de sinvergüenzas. Esa chica es tal cual.
Libre. Aunque esa libertad está bien lejana de andar entre amantes y
buscavidas. Fue aparecer tú y fue cambiar su cara, su aire.
En fin... Hablar a la
pared es perder la mañana, allá tú y tus caunadas Juan. Piensa bien y
analiza... Quizás llegues a buen fin.
Mira Juan, tu vida es una auténtica mierda su
que siempre digas esa retahílas ya remanidas y anticuadas. Eres un ser
pusilánime, triste y de mente absurda y antigua. Andrea te daba vida y tu...
Vas y repudias la nueva vida que te regalaba, tú eres un ser de alma enferma y
apática. Puedes tener mil mascaras a la gente. Haces bien, más ... Es una
manera de vivir engañada, una farsa que ni tú te crees. Buscala, háblale, y
busca la felicidad y dar alegria a tu alma en pena, que realmente eres un alma
en pena disfrazada de alegría. Y haz una realidad. Una tangible que puedas
palpar.
Déjate de causadas de media suela de gente de
bar, aburrida que es capaz de hacer un traje a quienes se cruzan en la calle. Y
Andrea es víctima de esa gentuza, es vecina y amiga mía desde siempre y que
sepas que mienten, falacias de gente indeseable para hacer el mal a gente
buena, de bien. ¿Se puede ser más imbécil en la vida? Definitivamente si, nada
mas verte.
Esas palabras a manera de dagas certeras él
sabía que eran verdades aunque se negara una y más veces a admitir. Sin prisa y
a la vez sin pausa se alejaba del escaparate sin despedirse del que le había
las verdades de la barquera. Huía de la realidad? ¿Se sentía herir al escuchar
esas palabras que él siempre se negaba escuchar en su mente?
Ya en
casa Juan de manera refleja va en busca de las cartas sin enviar a Andrea, va
al mueble, introduce su manaza en el secreter y rescata las cartas allí
cautivas sin enviar, las guarda en su chaqueta y sin padecer la desgana que
reinaba en su alma fue a su casa a buscarla y explicarle su indeferencia hacia
ella. De su manera de errar al dejarse llevar ante caunadas de gente mal nacida
e infeliz.
Desde ese día Juan y Andrea vivirían a
su manera, sin mirar atrás y... “Vivir
el día sin mirar el mañana”.
Mas fácil aún.: Si alguien llega a tu
vida y trae aíre sin viciar, agarra fuerte ese aire y jamás sueltes su brisa. Te
hará mas liviana tu vida.: En definitiva caminar sin prisa ni mirar atrás: Vivir
de manera ajena al dirimir de la ciudad te hace ver y creer en fantasmas que
existen en tu cabeza. Sal, cree en tu mirada y analiza simplemente que ve. Te
hará vivir una realidad más que una creencia, vivirás plenamente,
vivirás sin mentiras impuestas en tu mente.