domingo, 10 de enero de 2021

LA CARTA.

 
El sepelio había sido muy rápido, no por la premura de enterrar a alguien, sino por que llovía torrencialmente; el cortejo se disipó rápidamente ante el temor de que se anegara el camino que llevaba al pequeño cementerio. Gustavo sacudía su gabardina con movimientos nerviosos mientras que la lluvia se mezclaba en su tez con unas lágrimas que al llegar a la comisura de su boca le sabían a sal, a agua de mar. De su brazo, agarrada fuertemente estaba su recién estrenada mujer, Lourdes.

-Vamos Gus; le dijo cariñosamente a su marido, es tarde y el agua ya cala hasta el sentido.-
Si, vamos, ya descansa mi madre en paz, dejémosla en su silencio. El camino a casa fue en silencio, a Gustavo no le apetecía hablar; aunque Lourdes hubiese intentado animarle y distraerle con preguntas sin importancia y faltas de contenido.
-Veintitrés años después se vuelve a unir con mi padre; masculló entre dientes, ahora vuelven a estar juntos, pero esta vez ya nada les separará. Gustavo no llegó a conocer a su padre, era un hijo póstumo; días antes de morir en un absurdo accidente su mujer le había dado la buena nueva de su recién estrenada maternidad.
 
Gustavo en su vida solo había puesto cara a su padre por las fotos que guardaba, no había oído su voz jamás, no sabía nada de su padre salvo por lo que su madre le contaba en momentos puntuales.Mercedes, la madre, era poco dada a recordar de viva voz a su marido, le dolía mucho, acababa siempre diciendo, cuando su hijo de pequeño le preguntaba ,se evadía con mentiras piadosas de largos viajes de alta mar , de trabajos allende los mares donde le era imposible a su padre volver por un tiempo, hasta los doce años no supo la verdad, mejor dicho, sus intuiciones desde mas pequeño se aclaraban, pues el sin saber intuía la verdad.

Con pasos largos llegaron a la que había sido la casa de su madre, abrió la pesada puerta y entraron en la estancia. De repente le invadió un olor muy especial para él, el olor del perfume de su madre flotaba en el ambiente, el olor de flores frescas. Por un momento pensó que su pituitaria le había confundido y volvió a aspirar fuerte. Su olfato no le engañaba, olía la estancia todavía a su madre.¿Cenamos algo? Preguntó Lourdes cariñosamente mientras ayudaba a quitarse el gabán a su marido.
-Es pronto todavía cariño, voy a encender la chimenea antes de cenar. Preparó la pira cuidadosamente y la prendió, al principio costó que tirara pues hacía años que no recordaba que su madre la encendiera y parecía que se negaba a prender.

Una llama amarillenta creció por momentos y al poco tiempo un chispeante fuego crujía dentro de la chimenea producto de la madera extremadamente seca del tiempo que llevaba en la leñera. Sentados en dos sofás cerca de la chimenea intentaban secarse la humedad de la ropa, habían venido de Madrid con escaso; por no decir nada de equipaje por la urgencia de la salida hasta el pueblo de Galicia donde había nacido y muerto su madre. La ropa desprendía un vaho que subía uniformemente hacia el techo de la estancia producto de estar la ropa empapada.

-Mañana deberíamos ir Gus a comprar algo de ropa; le conminó Lourdes. Si vamos a estar varios días conviene tener algo de mudas, volvió a repetir.
-Nos vamos mañana; sentencio Gustavo con hastío. Aquí por hacer no hacemos ya nada, está ya todo ya hecho. Después de cenar me ayudas a buscar unos documentos de mi madre y mañana partimos para Madrid.
-¿Por qué tanta prisa cariño? Le susurró Lourdes. Gustavo se limitó a no contestar, se reclinó sobre el sofá y empezó inconscientemente a recordar a su madre, repasando su vida intentó captar por un momento su risa; pero por mucho que buscaba en sus recuerdos no se le plasmaba. Cayó en la cuenta que nunca la vio reír, siempre con un cierto mal humor, pensó que a veces mal fingido que le hacía a él reír para mayor enfado de su madre.

Por un instante imaginó a sus padres sentados justo donde estaban ellos hablando de sus cosas mientras él jugaba junto a la chimenea, pero esa imagen idílica se diluyó como azucarillo en agua en su mente, pues nunca existió tal situación.
-¡Bueno! Cuanto antes empiece antes acabo exclamó Gustavo poniendo fin a sus pensamientos; se levantó pesadamente y se dirigió a un escritorio que había en una esquina del salón y empezó con la ardua tarea de recopilar toda la documentación de la madre.
-¿Me ayudas? Le rogó a su mujer. Había un caos de papeles tremendo, recordó de viva voz lo desordenada que era su madre para el papeleo. 
-¡Solo para el papeleo eh! Increpó con dulzura a su mujer, los dos rieron de buena gana. En su corazón le hacía falta por un instante esa explosión de risa.

Después de una fructífera búsqueda consiguieron reunir la documentación cuando Lourdes reparó en un pequeño arcón que había en un extremo inferior del escritorio.
-¿Y esto? Preguntó intrigante a su marido.
-Ni idea, siempre ha estado ahí, no sé ni lo que contiene; recordando a Lourdes las dos collejas que su madre le dió hacía años cuando le pilló intentando abrirlo.
-Está cerrado con llave, balbuceó ella mientras lo arrastraba al centro del salón. 
-Espera que creo que se dónde está la llave, en el interior de una taza, allí en la alacena. 

Recordó haber visto a su madre guardarla muchas veces allí.
-¡En efecto!, exclamó con cierta alegría e intriga por saber el contenido del arca.Le recordó a Lourdes cuando de pequeño soñaba y divagaba con el interior del arca; pensaba que su padre allende los mares mandaba una pequeña fortuna en oro que guardaba, cual cancerbero celosamente su madre. La cerradura chirrió como pidiendo a gritos un poco de aceite al girar la pequeña llave, las bisagras se quejaron lastimeramente al abrir su tapadera hasta quedar al descubierto su contenido.

En su interior no había oro traído allende los mares por su padre, miró con cierta frustración infantil Gustavo; había una infinidad de peluches de todos los tamaños y de todo tipo de animales, un loro, un oso, un gato y uno que llamó la atención a los dos, un lobito con cara de pícaro y unas gafas redondas. Lourdes y Gustavo esbozaron una sonrisa al verlo. También había documentos de su padre; su roll de pescador, un seguro de vida y varios documentos sin más valor que el que su madre le otorgara. Lourdes reparó en un sobre de carta atado con una cinta lila. Estaba justo debajo del peluche con forma de lobito, parecía como que el inánime animal guardara y velara su contenido.

En letras grandes ponía el nombre completo de su difunta suegra y la sacó del arca cuidadosamente. Sin mediar palabra se lo pasó a su marido y mirándose a los ojos decidieron abrirlo.Se sentaron cómodamente en el sofá y Gustavo empezó a deshacer el lazo de la cinta lila, por un momento dudó, iba a escarbar en la intimidad de su madre conscientemente y eso no le agradaba; pero sus manos no pensaban lo mismo, pues seguían deshaciendo el cuidadoso lazo. Sacó de su interior un naipe de baraja que representaba el siete de copas, el naipe hizo mirar a Gustavo hacia Lourdes intentando buscar ayuda para entender su significado, no encontró respuesta por parte de ella.

También había una serie de folios escritos a mano, Gustavo dedujo que era una epístola escrita hacía tiempo; los folios habían cogido un color más propio de la cera que del color natural del papel.Empezó a leerla pausadamente, como intentando buscar significado a cada punto, a cada coma.La carta no tenía ni fecha ni remitente cosa que más alimentaba su intriga,Una intriga que también contagió por momentos a su esposa.
Mi querida y recordada ojos verdes:
Espero que por la presente, te encuentres bien tú y los tuyos. Me hubiese gustado hablar contigo, pero al menos me conformo con lograr que esta carta llegue a su destino y consiga con estas letras que entiendas lo que te quiero expresar.Siempre te he dicho palabras típicas como, te quiero, te amo y cosas similares. Pero nunca te he dicho o manifestado mis sentimientos, mis adentros, como se diría en mi tierra. Sé que de esta forma es una postura cobarde pero las circunstancias me obligan.Cuando hablo de circunstancias me refiero a que hay enfermedades con las que no se puede luchar, y por otra parte... ¿Quien no ha sido cobarde por amor?Bendigo el día que Dios te puso en mi camino, aun sabiendo conscientemente que nuestras vidas serian paralelas, pero con la esperanza remota que en algún momento se encontrarían para no volver a separarse jamás.No fue posible, pero nuestra conciencia será magnánima y sabrá que los dos hemos remado a contracorriente…
Gustavo paró por un momento la lectura y miró instintivamente a su mujer, no entendía el contenido de lo que hasta ese momento había leído.
-¿Le encuentras significado ? Preguntó con torpeza a su mujer. 
-No, nada; le contestó Lourdes, pero sigue leyendo mi vida.
Hay dos formas de enamorarse. Una forma es ser tan distintos en todo que rozaría ser enemigos acérrimos. La otra forma seria ser tan distintos y enamorarse perdidamente.En algo coincidimos los dos, nuestro ser decidió por la segunda opción. Descubrir que esa persona tiene un corazón cinco estrellas, el no tener otro anhelo que ser un okupa en ese corazón, una sensación tan gratificante.Por desgracia, estas vísperas son las de después, nunca nadie personificará como yo ahora el dicho de apreciar y echar de menos lo que se ha perdido y mas cuando por orgullo se dejan las cosas a medio hacer, a medio sentir, ¡Es tan fácil abandonar lo que se ha tenido!Ha pasado el tiempo y bien sabes que la tristeza y la melancolía suelen coincidir. El recuerdo es el instigador a la melancolía y cooperador necesario para la tristeza, y tú.....te pareces tanto a la palabra melancolía.Uno no es de donde nace, sino de donde desea volver, y yo deseo volver a ser un náufrago en tus ojos verdes. Pero sé que ya es tarde para morar en ellos. No me queda otra que vivir de mis quebrados recuerdos, de seguir viviendo en este arrabal sin grillos en verano.Aunque haya pasado el tiempo, todavía sigue volando mi imaginación, lanzándola al espacio exterior, donde tú y yo vemos todo del mismo color, donde respiramos el mismo aire, donde somos indiferentes al mundo y a lo ajeno.Eres la criatura más maravillosa que puso Dios sobre la tierra.Todavía siento esas mariposas en el estómago, como las sentí con el primer beso que te di.Todavía siento esa angustia vital, como cuando te marchabas.Todavía siento ese resquemor de no haberte dicho que no te fueras de mi lado.Hay disyuntivas en la vida en las que hay que elegir, yo elegí mal. He querido una y mil veces volver atrás, pero la vida es tan cruel que te empuja hacia adelante, no te da otra opción.Recuerdo nítidamente tu voz, esa voz empírica, en que sin saber la causa sabía el efecto que hacía en mis oídos. Esa voz que bien podía haber pertenecido a una sirena del coro que casi lleva a Ulises a su perdición. Pero con una salvedad, yo no me hubiese encadenado al mástil del barco, me hubiera dejado llevar hacia ti, hacia el fondo verde oscuro de tus ojos, de tu océano.Gracias por todo lo que me has dado a cambio de nada, gracias por dejarme ver por tus ojos. Esos ojos que me enseñaron a ver lo blanco y lo negro, no lo gris.Podría hacer un pacto con el diablo y permanecer en este mundo terrenal, pero sino es a tu lado no merece la pena.Donde vaya, allí te esperaré, y podré sentir el roce de tu piel, el olor de tu cuerpo, oír el susurro de tu voz. Pero ya no seremos tu y yo, seremos, un solo corazón, un yo no soy sin ti y tu eres solo conmigo.Tendré paciencia mi vida, me imagino que donde voy se romperá la cadena que ata el reloj a las horas y será todo más intemporal, será todo más fácil.Te quiero con toda mi alma, y tengo la seguridad que nadie te querrá como lo hago yo.No te olvides nunca de mí, ojos verdes. No te olvides de quien tanto veló tu sueño.Es tan fácil quererte.......Es tan fácil verte reflejada en todo lo que hago. Muchas veces me sorprendo a mi mismo, poniendo en mi boca frases acompañadas de razonamientos tuyos.Llamarte por las noches y solo encontrar el eco de una habitación vacía y estéril, porque su dueña hace mucho que se fue.Verás que de esta forma es difícil olvidarte. Pero si es fácil convertirse en un sinpatria, convertirse en un fauno con su coro de sílbanos cantando al hada de sus bosques, porque eres un hada que hace los sueños realidad, esa realidad en la que hemos flotado los dos al unísono.Echo de menos el sabor de tus besos, ese sabor infuso, ese sabor a vida, a aire fresco. Ese aire que tanto estoy echando de menos. Pero es tan fácil perderse cuando cree uno que sabe el camino amor mío........ Ese camino eres tú, un camino donde se llega a un punto de no retorno.Mi tiempo por vivir no me permite pedirte que vuelvas a abrirme el corazón. Pero si al menos, que sepas que has pasado por mi vida como mi dueña, no como una pasajera en tránsito. Alguien que engrasó este viejo corazón oxidado.Ya es la hora de despedirme amor mío, que me envuelva la negra soledad.Esa misma soledad que envuelve a las personas cuando nacen, todo en esta vida no tiene un porque.Ya me siento derrotado y renuncio a ver el sol cada mañana, sumergirme en este sueño eterno, ese sueño que me lleva al deseo, que me lleva hacia ti...
P.D. Esto no puede ser más que una carta de amor.Quisiera que fuera una declaración de amor, romántica, sin reparar en formas tales.Que ponga freno a lo que siento a raudales.TE AMO, ETERNAMENTE TE AMO(P. Milanés)

Al terminar la carta Gustavo y Lourdes guardaron silencio, un silencio que helaba la habitación, por un momento parecía un témpano de hielo hasta que Gustavo rompió ese témpano con un pensamiento en voz alta. ¿Mi madre?, esto no puede ser verdad, no, no, es algo que se me escapa del entendimiento.
-Pensemos con raciocinio; dijo Lourdes intentando ponerse en la piel de su marido.
-¿Para esto hay raciocinio? ¿Lo piensas así? Sentenció con ofuscación Gustavo.
-Lo primero es que no sabemos la fecha de la carta, por lo tanto las conjeturas no son sostenibles cariño, ¿quién te dice que no es de un novio de su juventud? Intentando calmar con voz melódica a su marido.
-Puede ser, puede ser dijo dubitativo Gustavo, en sus adentros se negaba a la idea que su madre hubiese sido desleal no solo ya a su padre, sino a su memoria.

-¿No hay nada más dentro del sobre? Preguntó Lourdes intrigada. Gustavo volvió a abrir el sobre con ímpetu casi hasta romperlo, para descubrir que no había nada más. Se levantó visceralmente para acercarse al arca y volcar su contenido en el suelo. Se arrodilló junto a ellos y empezó a escarbar entre los objetos, buscando un algo más, un algo que diera luz a ese mar de dudas y malas sensaciones que sentía en ese momento. Reparó en el siete de copas, ya tenía algo con que empezar, recordó decir a su madre cuando en los días de lluvia le relataba historias de meigas y santas compañas que el as de oros era un talismán que daba fortuna y suerte en la vida, pero no recordaba nada de un siete de copas.

Buscando un salvavidas mental recordó a su padre, no sabía realmente nada de el, su madre y su familia había corrido un muro sobre el que le había impedido saber de sus orígenes, del ser y estar de su padre; y eso aunque le dolía, nunca recriminó a su madre por no hacerle pasar el trago de revivir el pasado. Esa noche Gustavo la pasó en duermevela, ponía a su madre adjetivos impropios de un buen hijo, la imaginaba rompiendo su juramento de fidelidad a su padre con otro hombre y eso no le deja conciliar el sueño. No le dejaba respirar. 

El mito de su madre se había derrumbado por una carta, por una maldita carta, se recriminó mil veces a si mismo el haberla abierto, debería haberla dejado dormir el sueño de los justos olvidada en ese arca.Vió amanecer sentado en la cama, Lourdes dormía placenteramente al lado , se alegraba que ella no se hubiese desvelado, hay sentimientos que solo son de uno, pensó mientras miraba salir el sol entre unas lomas cercanas. 

Despertó con un cariñoso beso a Lourdes y se dispuso a vestirse.
-¿Dónde vas tan pronto? Preguntó Lourdes sorprendida por la hora.
-Al cementerio; quiero ver a mis padres antes de irme, le susurró al oído.
-Espera, espera, voy contigo; le conminó con insistencia.
-No, déjalo estar. Descansa un poco más mi vida, el viaje será largo.
Lourdes no volvió a insistir pues en su interior sabía que Gustavo quería decirle cosas a su madre lejos de oídos ajenos aunque fuesen los de su esposa.

El sol se había vuelto a ocultar entre las nubes y el camino al cementerio casi era impracticable. Gustavo esquivaba con cierto desdén los charcos del camino bordeado por filas de cipreses bien cuidados. Buen sitio para descansar eternamente, se dijo. El día anterior por las circunstancias y por lo borroso del día no le dio lugar a percatarse del enclave de cementerio. Estaba cerca de un acantilado donde la mayoría de los nichos miraban hacia el mar, un mar siempre embravecido en yuxtaposición con la calma que se respiraba dentro del camposanto. 

El olor de las flores se mezclaba con el del salitre del mar, un olor infuso pero nada desagradable, sino todo lo contrario.Venía dispuesto a reprocharle a su madre aunque no lo oyese ese secreto tan celosamente guardado, a recriminar su silencio guardado. Sin darse cuenta había llegado a la tumba de su padre, era la colindante a la de su madre y se paró un instante a ver su estado y a la vez despedirse por siempre, no pensaba volver a ese lugar jamás. 

Pensó en voz alta que no tenía nada que decirle a su padre, pues el no conocerle en vida le había coartado sus sentimientos hacia el. Miró el estado de la lápida quitando unas briznas de sauce que había sobre ella y se dio la vuelta para dirigirse hacia la de su madre. Pero algo le hizo darse de nuevo la vuelta. En la esquina superior de la lápida de su padre había grabado un San Gabriel; en una mano portaba una espada y en la otra a modo de pergamino un siete de copas bien remarcado. Por un momento Gustavo creyó alucinar e instintivamente se acercó más al grabado.Efectivamente era un siete de copas, no había dudas, pero era más. 
 
Observando detenidamente en la empuñadura de la espada se veía nítidamente la cabeza de un lobo, lejos de tener un aspecto fiero inspiraba aires de ternura. En ese momento Gustavo comprendió el silencio de su madre ante todo, sus malos humores, y porque el ostracismo hacia su padre. Se giró hacia la tumba de su madre y solo le salió un gutural te entiendo mama. Un te quiero mama.
Aspiró profundamente el olor del ambiente, como queriéndolo recordar para siempre y se dirigió hacia la salida. 

El sol ya había despuntado y daba colores vivos a todo, Gustavo veía la tierra mas marrón, los cipreses mas verdes y el cielo mas azul, y se dijo para sí mismo… Buen sitio para descansar eternamente.



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