"Porque creo que aún hay gente buena, honesta, responsable, sincera, amable, capaz, cariñosa, sensible y respetuosa. Porque se que todavía queda gente que se aleja de la amargura, del egoísmo, de la hipocresía y de la soberbia."
Fueron varios minutos sentado en un banco del parque dedicados al deseo incesante de descansar, dormir sin remordimientos, olvidarme de todo, absolutamente todo, ser una persona desocupada y despreocupada a tiempo completo, sin las necesidades del común de los mortales; Vivir absuelto de problemas, condonado de deudas. Problemas propios terrenales que no paran de ser un martillo pilón con golpeos cadentes y sonoros en mis pensamientos. Buscando soluciones con pasos torpes y descuidados, explotando cada vez; tantas veces, recogiendo cada pedazo de mis pensamientos lentamente, con pasos minúsculos, esperando no perder la cordura.
Y de pronto ahí estoy en medio del parque sonriendo. Sonriendo sin ningún motivo aparente, Sonriendo a todo el que pasaba. La gente no se lo podía creer y se sentía abrumada. " Oh que horror" sonriendo sin ningún motivo. “Esto no puede ser, que atrevimiento". De repente mucha gente empezó a grabarlo con sus móviles y a subirlo a las redes de sociales. Lo que apenas algunos recuerdan: una persona sonriendo sin motivo aparente.
Pero lo mas peligroso es que podía contagiar mi sonrisa a demás gente y ya se sabe la sonrisa es contagiosa. Y un sistema basado en la tristeza en la ignorancia y en la explotación de los seres humanos no lo puede permitir." Por Dios donde vamos a llegar" una persona sonriendo y sin motivos. Entonces la policía local llegó ipso facto trazando un perímetro de seguridad a alrededor mio, porque el peligro inminente era mirarme ya que mi sonrisa era muy contagiosa; Rápidamente la sonrisa se empezó a contagiar y a transmitir a todos los que me miraban. Aunque quiero que sepáis que me ha costado muchas lágrimas llegar a esta sonrisa, no una sonrisa emblemáticamente forzada ni grande, ni marcada; sólo una leve sonrisa, más un gesto, más una caricia que una sonrisa. Pero es la caricia que mi rostro le da al espejo, cuando tras mucho llorar entiende que es verdad, que después de la tormenta aún quedan momentos de paz.
Perdón si sueno incrédulo, indulgente o insensato, pero yo aún creo en la humanidad, en las sonrisas sinceras, en los buenos amigos, en las buenas personas, en los buenos corazones. Porque aún creo que existen personas que ayudan al projimo porque aman a la humanidad, aún creo que existen almas bondadosas e íntegras que son capaces de admitir la verdad incluso cuando no es conveniente hacerlo, incluso cuando ello pudiera perjudicarles de alguna manera.
No sé, tal vez puede parecer que es una ilusión infantil, pero también sigo creyendo que hay familias cuyos valores se mantienen, cuyos principios siguen intactos. Porque aún creo en la capacidad de saber perdonar, en las buenas intenciones, en las buenas condiciones, aún creo en el respeto y en la responsabilidad, en aquellos que luchan y viven acorde a sus propios deseos sin dañar ni pasar por encima de los demás.
Porque aún creo en ti, en nosotros, en lo que somos, en lo que fuimos y si Dios, los hados, la naturaleza, el universo o en lo que sea que creas nos lo permite, también en lo que algún día seremos; cuando el caos ceda y el orden aparezca, como el rayo más cálido después de una tormenta, cómo el silencio que sigue a la explosión, cómo el llanto del niño cuando su madre le da a luz.
Porque aún creo... De verdad, creo en la humanidad. Porque en
tiempos de crisis la esperanza es lo que la flor en el desierto, que se mantiene viva por mucha sequia que haya. Por eso de mi
sonrisa contagiosa. Porque aún creo, porque si no lo hiciese... ¿ entonces quién podría ?

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