domingo, 7 de febrero de 2021

HE APRENDIDO.

Hace poco tiempo, he terminado mí andadura por un camino que me quedaba por recorrer, era poco ya, pero era muy tortuoso; En las pocas sendas que tenía que andar solo encontraba paredes que evitaban seguir mi camino. Nunca llegué a imaginar que podría aprender tantas cosas de esas sendas. Siempre tuve la idea clara de que sería yo, quien a partir de mis experiencias y mi manera de pensar, el que les enseñara a quienes me encontrara en mi caminar la vida real y les descubriera lo que es bueno y malo. Sin embargo, todo aquello en lo que creía que debía de ser mi papel, mi función, se convirtió en todo lo contrario. 

Pero ahora soy yo el que está aprendiendo de ellas, son quienes sin quererlo me están enseñando un millón de cosas, un millón de formas de ver la vida. Cada uno es diferente, ni uno es igual, pero todos son especiales. Y esa singularidad personal de cada uno de ellos es la que aportan al resto, otorgándonos el privilegio de enriquecernos un poco de esas cosas tan particulares que tiene cada uno. Esas cosas que voy añadiendo a mi día a día o que me pueden ayudar a forjar mi persona. Porque aunque no provengan de tu naturaleza tienes la oportunidad de adquirirlas, de interiorizarlas y hacerlas tuyas, personales. 

He aprendido en mi caminar que una página en blanco no existe; una página nunca está en blanco, siempre tiene algo que contarte, solo tienes que leer fijamente entre sus difusas líneas; acaso no está ese cielo azul limpio, y cuando lo iras fijamente te cuenta relatos que anidan en tus vagos recuerdos, o describiéndote los venideros. Desde hace tres días he vuelto a abrir de nuevo esa hoja sin grafías escritas para sacar de mis adentros tanto sentir acumulado; He vuelto a leer en los rincones del vacío palabras inundadas de sonoridad, de fuerza expresiva; He vuelto a leer en mi corazón baldío y estéril palabras de aliento y atrevimiento, palabras que alimenten mi ilusión por la vida. He vuelto a leer y escribir en las páginas de la vida. He vuelto a reclamar la presencia de mi musa. 

He aprendido que la infancia es el Paraíso Terrenal del ser humano, y conforme crecemos nos van desahuciando de el. He aprendido que nos engañaron los que pregonaban a los cuatro vientos como una verdad irrefutable que en estos años venideros comenzaría la era de los museos, de la exaltación del arte. Pero veo con tristeza que si entendemos como arte hacernos fotos a nuestros desayunos, de nosotros mismos, de personajes tumbados al sol en posturas grotescas e impostadas, sujetando la torre de pisa o abrazando una mascota, ese arte es fútil y pernicioso. He aprendido que los visionarios que nos decían que sería la era del arte musical, nos engañaron; En esta era de la música se escuchan voces entre absurdas y guturales con acento latino que habla de "castigal a una mujel. 

He aprendido que los que fomentaban el esfuerzo grupal, nos la metieron con calzador. Que éramos la mejor amalgama humana que nunca se fraguó, porque las piezas encajaban mejor era una utopía. Nos timaron; el individualismo crece en un mundo absurdo. Es la era de lo individual, de lo personal, el esfuerzo individual trae sus frutos aun a costa de pisar lo colectivo y por ende al ser humano. He aprendido que en esta era del tan cacareado anarcocapitalismo ni somos capitalistas, pues no tenemos dinero; ni anarquista pues no tenemos ideologías. En realidad lo que somos es ratas conducidas al abismo pero ya nadie toca la flauta. 

He aprendido que en la era de la salud, de la longevidad moriremos prematuramente. He aprendido que lo que sería la era de la tolerancia, toleramos lo intolerable. He aprendido que lo que debería ser la era de la libertad; ten cuidado lo que escribes, agradece la presencia policial y no digas esas cosas en voz alta. He aprendido que todo está perdido mientras los chavales se miran desafiantes al pasar.


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