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Los
juguetes para niños siempre han existido, pero la industria no pareció
interesarse por su producción masiva, accesible y asequible para todos
hasta bien entrado el siglo XX, en España. Fue así como pequeños
artesanos y vendedores ambulantes hicieron de esta fabricación su
negocio, distribuyendo sus limitadas producciones en ferias, verbenas,
mercados o por las calles de las grandes ciudades. Juguetes tan simples
como imaginativos, realizados con recortes sobrantes de fábricas
dedicadas a otros productos, llegaron a las manos de niños y niñas
siendo, en muchas ocasiones, uno de los pocos regalos que obtendrían en
su infancia.
El juguete artesanal más famoso en Madrid fue don Nicanor tocando el tambor, de origen incierto y cuyos primeros datos encontrados se remontan a la última década del siglo XIX.
Hay
quien mantiene que el creador de don Nicanor tocando el tambor (porque
su nombre consta de estas cinco palabras) fue el segoviano Acacio
Talega, primera criatura en confeccionar un muñeco con un pito adosado
en la trasera y cuyos pequeños brazos tocaban un tambor que se
accionaba mediante un fino cordel; el juguete se llamó Nicanor en honor
al padre del segoviano. Pero la paternidad del juguete, compuesto de
doce piezas que en origen se fabricaba a base de cartón, caña, pedazos
de lata y retales nuevos o usados, está aún por demostrar.
Don
Nicanor tocando el tambor fue el primero de una colección de juguetes
artesanales que competían en las calles de Madrid: “El ratón y el gato,
diversión para un susto”, “don Jerónimo subiendo por la cuerda”, “la
cartera mágica”, “don Toribio que saca la lengua”, “la rata mecánica”,
“el gallo hincando el pico”. Pero el único que llegó a participar en
París, en el IX Certamen benéfico de sesenta y nueve naciones, allá por
diciembre del año 1964 y cuyas ventas resultaron ser las más fuertes del
pabellón español de la muestra, fue don Nicanor tocando el tambor.
(Junto al palo de la fregona y el del pirulí, fue toda una aportación de
la inventiva española en el extranjero, como vemos).
Los
vendedores ambulantes de don Nicanor solían poner a la venta su
mercancía en la primavera y el verano de Madrid. La Puerta del Sol era
en los años finales del siglo XIX, un lugar en el que se vendía de todo:
Gomas de paraguas, “El calendario zaragozano” con los pronósticos del
tiempo de Mariano del Castillo Ocsiero, libros de poesía. Sin
duda cada uno de estos comerciantes debía gritar a pleno pulmón las
excelencias de sus géneros, mientras los vendedores de don Nicanor
utilizaban como reclamo el pito y el pequeño tambor del juguete para
interpretar con destreza los pasodobles y las melodías de moda.
Ya
en el siglo XX uno de los más famosos comerciantes de don Nicanor
tocando el tambor fue Victoriano Arias, quien obtuvo por primera vez
licencia municipal para vender el juguete en la Puerta del Sol y en el
Rastro madrileño, durante el año 1981 y siendo alcalde Enrique Tierno Galván (1918-1986)
Fuentes:
Hemeroteca de la B.N.E.
Eladelantado.com
Prensahistorica.mcu.es

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