Yo siempre fui un soñador. Mi fé en un mejor futuro no tuvo límites. Pero el fulgor de las estrellas de la cruda realidad cotidiana cegó los lacrimales de mis ojos. Tuve tiempos de desdicha; no podria ni querria negarlo, pero también la creación fue fértil. De hecho, el tiempo pasaba sin advertir mi presencia. Yo sé lo que es la desesperación. Sin embargo no es la pena lo que desgrano ahora, sino más bien la sutil esperanza, lo que queda de lo incendiado. Aquello que ya jamás podrá ser un bosque frondoso, pero por hoy sí puedo decir que puedo pensar y escribir en libertad.
Escribir es complicado; y no es fácilde Se trata de jugar con las palabras. Se trata de coger un bolígrafo y un papel, y mover la mano al compás del pensamiento.Hay quien nació con el don de las palabras en los genes. Y hay quien a base de mucha lectura, práctica y trabajo se va haciendo un hueco en el hábitat literario. En cualquier caso la técnica es importante. Y solo se depura con el tiempo y el golpe del martillo sobre el yunque; del bolígrafo sobre el papel.Las palabras imponen su ley. Jamás hay que perderles el respeto, sin temerlas.
Eso si; existen palabras sagradas que sólo deben usarse en contadísimas ocasiones con sumo tacto y delicadeza y que, sin embargo, son tantas veces denostadas, manoseadas y vejadas con alevosía y sin sentirlas. algo parecido a lo que ocurre con los silencios.Algo tan único e importante a la hora de escribir, que a veces cobra más fuerza y significado en un texto que la propia palabra misma. Rasgos, signos encubiertos en sentimientos.Todo sale como un chorro irrefrenable hacia el aire cuando la creación está bulliendo. Inventarse palabras es un privilegio, pero a la vez un gran derecho e incluso yo diría que es un deber de todo escritor que se precie. Enriquecer el panorama lingüístico, pero no contaminarlo.
El escribir nace de la mente, pero se alimenta de sangre y tiene su pulso sustentador en el corazón. Es necesario estar abierto a todo. Al vendaval y a la calma. Al pecado y al exorcismo. Escribir siempre debería ser un divertimento agradable, aunque a veces el manuscrito surja del dolor y el sufrimiento. Escribir es a veces un vicio incontenible, una necesidad imperiosa o una masturbación solitaria. Lo fundamental es la libertad.Escribir un libro es la acción más íntima y solidaria que se conoce.
Escribir en la soledad de la habitación, con silencio azul y luz mortecina; esa sensacion tan gratificante que te otorga el poder sentir que vas a compartir ideas y sentimientos.Tal vez el escritor crea su obra en principio para sí mismo -hay tanto suyo en esa esencia- pero si no se da a los demás el esfuerzo queda castrado. Dicen que no hay un relato tan malo que no tenga algo bueno. Pero el primer mandamiento y dogma del Escritor es no aburrir. Hay quien entrega todo su esfuerzo a la belleza formal y quien, por el contrario, lo vuelca todo en la fuerza intrínseca y el sentimiento. Ambas cosas son esenciales.
En definitiva, la voz del escritor al recitar debe resonar en el cosmos con el mismo fulgor con que gravitan las estrellas. Es lo bueno que tiene el arte de escribir: que nunca se agota. Siempre hay caminos por explorar. Los colores en las estaciones del año experimentan cambios radiantes y hermosos. La música del aire rinde pleitesía al amor. Las palabras se mueven, danzan y vibran en el corazón. Todo es nuevo cada vez que el pensamiento se asoma al mundo.
El milagro de la vida surge despacio. Va poco a poco dibujándose como volutas de humo. Su aroma es dulce y profundo, su sabor a almizcle y zumo de uvas. Casi encuentros místicos, tienen lugar en la oscuridad del bosque. El artista entrega su alma y el perfume del silencio impregna cada rincón, cada hoja. Todo rezuma excelencia y plenitud.La naturaleza nos lo ha dado todo. Lo que los escritores hacen es recrear el mundo. Inventar un nuevo regazo donde reposar el universo. Los ojos palpan el horizonte, y en la retina queda grabada una estrella que luego garabateamos en un papel.
El arte de escribir siempre vencera a la muerte. Su estigma es la libertad. Su yugo el tiempo y su cruel derrota; la indiferencia. Escribir a veces es sumamente cruel, a veces se hace una sibilina y encubierta apología al desencanto, pero al final siempre perdura la pureza, el fulgor del sol, la energía de la tierra. Poder plasmar todo eso en un papel es un obsequio de los dioses.
En definitiva; escribir es como una estrella en el firmamento, como una perla en la profundidad del mar. Cada grano de arena engendra una playa. Cada gota de sudor insinúa una emoción.Cada letra y palabra describe un sentimiento.

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