Era un buque de pasajeros de bandera francesa contratado para llevar a México a los refugiados Españoles aceptados por Lázaro Cárdenas. El 25 de mayo embarcaron en él 1599 personas, unas 300 familias que venían de los campos de concentración. Niños, mujeres y hombres bregaron en los muelles, como los afganos en el aeropuerto, por embarcar hacia una vida lejos.Iban hacinados, se sobrecargó, como los aviones que hemos visto estos días, el capitán era una gentuza que se quedó con parte de la ayuda que debió llegar al pasaje, pero ocurrió algo.
A bordo viajaba parte de la élite intelectual española, lo mejor del país, los que querían una a España moderna pero acabaron construyendo el gran México moderno de los 50. Junto a obreros y gente de toda condición viajaban las mejores mentes de España y se organizó la vida en el barco.
Cuando cundía el desánimo, de alguna parte, sonó “Suspiros de España”. Lo estaba interpretando la Orquesta Sinfónica de Madrid, exiliada en gran parte con sus instrumentos como casi único equipaje. Los hoy supervivientes, entonces niños, tienen marcadas a fuego las lágrimas del momento.
Se organizaron exposiciones, conferencias, fiestas con lo que había. Era la Guerra de la sonrisa contra el miedo sobre el abismo del desarraigo y el dolor.
Siempre he pensado que Ramón Gaya fué el hombre más triste del mundo aquel el 25 de mayo de 1939. Había perdido a su mujer, Fe Sanz, en el bombardeo franquista contra la población civil de la estación de Figueras. Su hija, de dos años, sobrevivió. Él, junto a los escritores de la revista Hora de España cruzó los Pirineos con el ejército republicano y fueron internados en el campo de concentración de Saint-Cyprien. Allí nuestros vecinos los rodearon de alambradas, los sometieron al hambre, el frío y los piojos. Cuando salió fue a Cardesse, donde estaba la casa de su amigo el pintor inglés Cristóbal Hall, que se hizo cargo de su niña.
Había perdido su familia, su país, su idea de un futuro para España y tantas cosas más.
En aquel barco se editó “Sinaia. Diario de la Primera Expedición de Republicanos Españoles a México” dirigido por Isidoro Enríquez Calleja, del que se publicaron 18 números gracias a un mimeógrafo. Estaban camino del exilio y editaron una revista para su gente, con la que dieron consejos, consúelo en forma de textos de todo tipo. Gaya escribió este meravilloso artículo, que deja ver que hay una fuerza interior capaz de superar todo cuando la vida se debe abrir camino.
En aquel barco murieron al menos dos exiliados y nació una niña a la que pusieron Susana Sinaia Caparrós.
Tras 19 días tan duros llegaron a Veracruz, donde los recibió el secretario de gobernación junto a 20.000 personas apiñadas en los muelles. En su discurso dijo.
“No os recibimos como náufragos de la persecución dictatorial a quienes misericordiosamente se arroja una tabla de salvación, sino como a defensores aguerridos de la democracia republicana y de la soberanía territorial, que lucharon contra la maquinaria opresora al servicio de la conspiración totalitaria universal. El Gobierno y pueblo de México os reciben como a exponentes de la causa imperecedera de las libertades del hombre. Vuestras madres, esposas e hijos, encontrarán en nuestro suelo un regazo cariñoso y hospitalario”
Hace poco el Ayuntamiento de Madrid retiró la placa que daba una calle al "Sinaia" y volvió a colocar la del Crucero Baleares, el barco más sangriento de la Guerra, aquel que disparó sobre la carretera mientras la gente huía de Málaga. El cuadro se pintó de Guernica, pero La Desbandá está ahí.
![]() |
| CRUCERO BALEARES. |
Sobre la retirada de la calle. Cada uno sabrá cuál es su barco. Es bueno para la historia que
Que se haya cambiado la calle dedicada al transporte humanitario Sinaia por el Crucero Baleares en homenaje al buque insignia de la armada franquista, el equivalente al mítico acorazado nazi Bismarck (salvando las distancias). Se ha hecho un gran favor a la historia, en primer lugar porque seguramente no habéis oído hablar de este crucero, lo cual ahora parece raro, siendo el franquismo tan proclive a fabricar mitos como el Alcazar, el barco “Castillo de Olite” y otros.
El crucero Baleares solo tuvo un gran hecho de guerra que le hizo famoso, y fue disparar en 1937 contra las familias que huían de Málaga por la carretera de Almería. Era La Desbandá. Disparó a placer, sin oposición contra los civiles con sus cañones y ametralladoras. Nadie llevaba armas, solo tenían lo que les cupo en una maleta y alguno algún colchón, las cuatro fotos que tenían y las muñecas de las pequeñas. Fue apoyado en tal hazaña por los aviones nazis y los italianos, que ametrallaban la carretera sin piedad. Aquellos pobres desgraciados solo querían escapar de una ciudad en la que entraban guerreros fanáticos religiosos. ¿A alguien le suena?.
Entre el crucero y los aviones asesinaron a unas 12.800 personas indefensas que huían. Los padres murieron protegiendo a sus hijos. Franco quiso ocultar esto por todos los medios pero el médico canadiense Norman Bethune fotografió todo y lo envió al New York Times. Fue también un pionero en transfusiones sanguíneas y un héroe que salvó a cientos de personas. Otro héroe de aquello fue Anselmo Villar, farero De la Torre del Mar, que apagó el faro los dos días del bombardeo para que les resultase más difícil dispararle a la gente.Esa es la gloria del crucero Baleares.
Luego poco más. Una vez avistó a dos destructores republicanos, alguna escaramuza con aviones, una vez disparó contra una batería de Costa, hizo embarrancar a un carguero... y ya está.
Su último hecho de guerra fue el haber sido hundido por el destructor Lepanto, un barco seis veces más pequeño y con muchas menos armas, en la Batalla de Cabo de Palos. El destructor lo hundió con dos torpedos, cuando el crucero tenía un armamento infinitamente superior de todo tipo. Por eso el franquismo no pudo hacer un mito del Baleares, porque para hundir el Bismarck hicieron falta dos acorazados, cuatro cruceros pesados, un portaaviones y toda su flota de aviones, un día de bombardeo y miles de toneladas de bombas. Al Baleares lo hundió un barco chiquito con dos torpedos. Se ve que lo suyo era más disparar contra gente desarmada que combatir contra barcos de guerra.
![]() |
| EL "LEPANTO" |
Más gloria para el crucero Baleares, que no fue un barco, sino la maldad viciosa y asesina revestida de acero con unos mandos que compartían esa misma sustancia de la nave. Con ella se fueron al fondo 800 marineros y los mandos.
Antes de todo esto no sabía dónde estaba la calle Sinaia y muchos no conocían la historia de los dos barcos, el Sinaia y él Baleares. Por eso creo que es bueno ir a esa calle, pararse debajo de la placa y entender la importancia de ese homenaje, que nos recuerda hasta qué punto el mal es posible y fue posible en nuestra Guerra.


No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.