Empezar desde la ignorancia y el desconocimiento de la ortografía y estructuración de frases, es un lastre para mí, que con un poco de aplicación e inestimable ayuda me va haciendo soltar peso escrito a escrito. De todas formas la imaginación no entiende de reglas ortográficas ni léxicos.
Aunque mi plan es pasar inadvertido, no frecuentar foros ni mesas literarias, para poder seguir así mi aventura literaria en el futuro, no porque me puedan catalogar de malo, mediocre o a saber que, simplemente porque me trae al pairo la opinión de quien me quiera crucificar así como la que me regale el oído.
Aunque en el fondo, mi forma de escribir demuestra que inconscientemente espero que alguien dé al traste con mi avieso plan, espero que me lean, me encuentren, que me esposen, que me metan en una celda, que en la rueda de reconocimiento la literatura diga que no me conoce de nada, que no me ha visto jamás, pero víctima del síndrome de Estocolmo, se enamore de mi, de mi imaginación y que vuelva a mentir, pero ya por amor, diciendo que ya me reconoce. Y espero que al final yo acabe casado con ella cada vez que coja mi pluma o encienda mi ordenador.
Al menos hasta que la muerte nos separe.
Juan Roberto Alaminos Chica.
PRÓLOGO.
La primera vez que vi a Toñi, sentí que un vuelco me daba en el estómago, por no decir la vida. No era una mujer muy guapa ¿Pero que sabe el corazón de estereotipos? ¿Tiene ojos? Yo era un chico con ilusiones y proyectos, o más bien proyectos ilusionantes.
Solo con un “me llamo Toñi, ¿y tú?” Me di cuenta que algo pasaba dentro de mi, mas cuando solo acerté a balbucear... Juan, me llamo Juan.
Era la vitalidad personificada, un espíritu inquieto e imperecedero por su fuerza, por su ser y estar.
Hábil conversadora, grandilocuente en temas que conocía, y lo más importante, perseverante en sus ideas, no tenía fisuras en su pensamiento.
Yo me sentía un mindundi a su lado, un corazón ninguneado ante tan arrolladora vitalidad, pero lejos de enervarme o enfadarme esa sensación era gratificante, placentera.
En mis momentos de soledad me auto convencía a mi mismo que si detrás de un gran hombre hay una gran mujer yo debía ser el Coloso de Rodas, enorme, inmenso. Hasta cuando a los ojos de mis amigos me sentía ninguneado, mi sombra era larga, infinita.
Poco a poco me quitó o más bien me deje arrebatar costumbres como la de estar con mis amigos o como la de ir a la biblioteca, por no decir de vicios como el de fumar o beber alcohol.
El noviazgo duro lo que el veranillo de San Martin... un visto y no visto.
Queríamos vivir todos los instantes juntos, al unísono. Y nos casamos un día de invierno, frio, gélido, como un presagio del destino, del agorero y muchas veces cruel invierno.
EL FINAL
Juan espero que Toñi y su hija Marisa salieran de la casa, estaba sentado en su escritorio, dobló parsimoniosamente un papel y lo dejó encima de la mesa, se levantó cansinamente y se dirigió con paso lento hacia la salida de la estancia. Cada paso que daba sonaba en su mente como un martillo pilón. Un TAC TAC lento pero constante.
Se dirigió a su dormitorio, sacó un traje de un guardapolvo y ceremonialmente se lo puso, cuadró perfectamente el nudo de la corbata y asintiendo en el espejo de pie, salió de la habitación buscando las escaleras que daban acceso a la buhardilla.
Las subió como marcando el tempo de cada paso, por un momento pensó darse la vuelta, pero sus pies parecían tener vida propia y siguió subiendo.
La puerta de la buhardilla se abrió emitiendo un quejido lastimero como negándose a ser abierta, buscó con la mirada y se dirigió a una maleta vieja, muy vieja no por el uso, sino por haber estado durmiendo el sueño de los justos en esa buhardilla sucia y descuidada.
Se sentó en el suelo con la maleta entre las piernas, procurando poner algo en el parquet para no manchar su impoluto traje y se dispuso a abrirla.
Dentro había un traje militar, limpio, alcanforado. Lo sacó de la maleta y lo dejó cuidadosamente doblado a un lado, siguió rebuscando dentro de ella hasta que encontró lo que buscaba.
Un paquetito de fotos bien sujetas con un lacito verde en las que ponía: Juan, servicio militar.
Desató el lazo con cierta rapidez y empezó a visionar una a una las instantáneas, no prestaba apenas atención a las fotos, buscaba una en concreto y las otras las desechaba dejándolas caer sobre el traje militar.
De pronto ante su vista apareció la foto que buscaba, era rectangular con los bordes recortados en triángulos, hecha en color, aunque el paso del tiempo había difuminado levemente los colores, propia de una cámara de baja calidad.
En ella se veía dos militares sonrientes con traje de regulares cubiertos de polvo, con una mano sujetaban un fusil apoyado en la cintura por la culata y con la bocacha mirando al cielo, con la otra mano se abrazaban por los hombros, Juan por un momento esbozó una sonrisa que se le difuminó al instante, cambiándole el rictus de la cara, en una esquina de la foto ponía un lugar y una fecha…LARACHE 12/11/1975.
Cogió la foto y sin prisa se la metió en el chaleco del traje que unos días antes Toñi le había comprado, volvió a meter el traje de militar dentro de la maleta y la cerró, se incorporó del suelo y comenzó a rebuscar entre trastos inservibles algo…hasta que lo encontró.
La ultima sensación que tuvo Juan, era el calor que producía la orina al resbalar por sus muslos, la visión de la orina salir por el pernil de sus pantalones y el incesante ruido que producía el goteo de ella al caer al parquet, un nauseabundo olor a excremento inundó la estancia, producto de relajar el esfínter, su cuerpo se balanceaba lentamente asido a una cuerda, y por un instante, solo por un instante se arrepintió, pero fue efímero, cerró los ojos y se dejó llevar.
EL PRIMER ENCUENTRO.
_ ¡Vamos Juan!, apúrate hombre de Dios, que está la niña al llegar.
_Joder Toñi, ni vestirme tranquilo puedo mujer, siempre con prisa para todo, ni los años te quitan la vitalidad ni el ansia, mujer del demonio, masculló en silencio.
_Hombre, que tu hija está al caer, de aquí a Atocha es un paso y nosotros todavía sin vestir, o más bien, a medio vestir, anda que la impresión que vamos a darle al novio, ¡ya nos vale ya!, gritó saliendo de la alcoba en dirección al salón.
_Vayaaaaaaa día ha escogido tu hija para presentarnos a su novio, que por cierto, ni sabemos nada de él, ni a que se dedica, es más, dudo que sea hasta humano dado el secretismo con que lo ha llevado ...Lo mismo piensa que somos ogros come novios, jejejeje rió ruidosamente.
Toñi entró de nuevo apresuradamente a la alcoba y aprovechando que pasaba a su lado acarició su cara y le dijo cariñosamente:
_Calla tonto, calla.
_Yo me callo Toñi, pero te veo como si esto fuese un besamanos en una embajada o recibir con honores a un jefe de estado, pero vaya, yo por no oíros a las dos trago quina, pero, mucha quina jejeje.
Juan miró de reojo a su mujer, la veía como cuando la conoció, vital, apresurada, radiante, los años no habían pasado por ella gratuitamente, pero todavía conservaba la esencia, pensó en lo que habían padecido juntos, desde que se casaron, desde que se fueron a vivir a un mísero sótano habilitado, de cómo trabajaba de día y estudiaba de noche, de cómo se licenció y era ahora un abogado de prestigio en el Madrid del año dos mil...y recordó a su hija, una bendición caída del cielo, un ángel, idéntico a la madre . Ya su niña era mujer traía un novio a casa…esbozó una sonrisa y siguió poniéndose los calcetines.
_ ¿De qué te ríes bobo? le dijo Toñi con aire chulesco ¿de mi?
_Nooooooo se apresuró a decir, me río contigo, no de ti.
El timbre de la puerta sonó alegremente un tintineante campanilleo mientras Toñi a voz en grito espetaba al marido a que se diera prisa mientras salía de la habitación hacia la puerta de la calle plisándose la falda y estirando la chaqueta a juego que llevaba, se paró en el espejo, acercó la cara y con un ¡bien! Abrió la puerta del piso.
Juan desde el dormitorio oyó nítidamente la puerta abrirse y a Toñi exclamar un !hola ¡ muy efusivo y a la vez cariñoso, así como dos sonoros besos. Luego un susurro ingente de voces mezcladas en el que atisbó un, es usted tan guapa como me ha dicho su hija.
_Vaya, un zalamero que viene dando fuerte, mascullo mientras se incorporaba del filo de la cama que le había servido de asiento para ponerse los calcetines y los zapatos. Se dirigió a la puerta del dormitorio y entró en el salón tosiendo forzadamente, más para advertir su presencia que porque necesitara toser.
_ Ah, mira, ya ha venido el rey de mi casa, exclamó Toñi dándole dos sonoros besos en la mejilla a Juan.
_Mira Juan...te presento a Shamir Al´ Kadir.
Juan extendió la mano para ser estrechada mientras enarbolaba una cara entre asombro y sorpresa, escrutaba con la mirada a la persona que tenía enfrente.
El hombre al que estrechaba la mano era un hombre de unos 1,80 cm de altura, robusto, pelo negro ensortijado, su tez no era la de un hombre del Magreb, era blanca, más propia de un europeo.
Tomaron asiento alrededor de una mesa rectangular, madre e hija frente a frente de un lado de la mesa y Juan y Shamir en el otro sentido.
En el ambiente se notaba un ambiente de escepticismo que Toñi rompió hábilmente.
_Bien, bien. ¿Y qué tal el viaje Shamir?
_Muy bien señora, un poco cansado pero bien.
Toñi esbozó una sonrisa y dando una sonora palmada dijo:
_ ¿sabes? creo que es hora que me llames por mi nombre, Toñi. Ya que vas a ser de la familia creo que cuanto antes nos tuteemos antes romperemos el hielo, digo yo, vaya.
_Pues si Toñi, ha sido un viaje largo y un poco cansado, acertó a decir Shamir desechando ya los nervios iniciales de quien se encuentra enfrente de los padres de su novia.
Juan no decía nada, movía los dedos de la mano a modo de tambor contra la mesa, pero sin hacer ruido, miraba fijamente a Shamir, como buscándole una tara, una merma, un mal gesto, hasta que sintió una mano en el hombro y la voz de Toñi.
_Juan, ayúdame a traer algo de beber fresquito, ya a estas horas lo pide el cuerpo, y un poco de picotear, los niños traerán hambre.
_No señora...por mí no se moleste, Marisa y yo ya hemos tomado algo en el bar de la esquina antes de venir.
_Toñi...me llamo Toñi replicó al que sería su futuro yerno.
¡Vamos Juan!...oops oops oops espabila hombre dirigiéndose a su marido en tono socarrón mientras tiraba del brazo de él.
-¡Es moro Toñi! ¡Es moro! Le dijo al oído casi gritándole nada más entrar en la cocina.
_ ¿y? contesto Toñi en tono distraído.
_pues eso niña, que es moro, no me gusta nada como caza la perrilla no me gusta nada, mientras hacía gestos de negación con la cabeza.
Toñi, lejos de alterarse se giró hacia su marido y con tono serio se dirigió a él.
_Mira Juan...qué importancia tiene que sea... ¿cómo dices tú? ¿Moro?
_No te enfades mujer, lo he dicho por qué no me negaras que ha sido una sorpresa.
_Ya ya...sorpresa. Contestó ella irónicamente, que desde que viniste hace 25 años del servicio en África...les tienes una adversion que se te nota a un kilómetro señor Morales... ¡A un kilómetro!
Y anda, tira para el salón, vayamos antes que tu moro degüelle a tu hija, ¡antiguo! Que eres un antiguo. Le exclamó en tono cariñoso mientras le daba una palmada en el culo.
Marisa y Shamir miraban con interés en una sala colindante al salón unas orlas y diplomas bien enmarcados, era el despacho de su padre.
Las paredes de la estancia estaban repletas de estanterías con libros de leyes, legajos bien ordenados y archivadores en forma de cajas.
Shamir miraba atentamente una placa en la que se le agradecía a Don Juan Morales su inestimable colaboración en ciertos artículos de las leyes penales españolas.
_Creo que no soy santo de devoción de tu padre, comentó a su novia sin parar de observar con interés la placa.
Marisa lejos de sentirse sorprendida por la afirmación de Shamir, cogió de la nuca suavemente a su novio y dándole un suave beso en los labios comentó:
_ ¡noo! El es así, muy de fachada, muy de rectitud, ¿no ves lo estirado que anda?
Los dos reían mientras en el salón se oía el tintineo de unos vasos al ser posados en la mesa.
_Vamos Shamir, segundo asalto vida mía, mientras le cogía de la mano y se dirigían al salón.
_ Shamir, ¿Qué tiempo vas a estar en Madrid? preguntó Toñi, mas por la inercia de iniciar una conversación que por saber el tiempo de su estancia.
_Pues, esta semana salen las listas definitivas de las oposiciones, supongo que el viernes lo mas tardar.
_ ¿Eres opositor? Preguntó Juan mostrando interés y depositando un hueso de aceituna en un cuenco.
_Si don Juan, preparé unas oposiciones a una plaza de adjunto en la Cátedra de filología hispánica de la Complutense.
Juan mostró sorpresa por la contestación de Shamir, y continúo preguntando.
_ ¿y cómo un moro?..Perdón, ¿un árabe ha estudiado filología hispánica?
Juan se sintió fulminado por las miradas inquisidoras de su mujer y su hija, sabían que ese desliz verbal había sido intencionado y directo a la línea de flotación.
Shamir, lejos de sentirse ofendido, posó con tranquilidad en la mesa el vaso que contenía el refresco que le había servido Marisa y con voz clara y segura contestó a su suegro.
_ No hay nada que perdonarle, don Juan no soy moro, soy sahariano. Es más… soy tan español como usted.
Shamir a la vez que acababa la frase sacaba de su cartera un antiguo DNI y depositándolo en la mesa esperó que su suegro lo recogiera y lo observara.
Juan desde la exigua distancia que da una mesa de salón observo que efectivamente, era un DNI español, antiguo, de los que el gobierno otorgaba a los ciudadanos de los protectorados españoles, le era muy familiar, había visto cientos en su tiempo de servicio militar.
Tras la marcha verde esos carnets dejaron de tener valor burocrático y legal, pero para la mayoría de los españoles tenía un cierto valor sentimental por arraigo. Habían sido españoles y se les trataba como tales.
_ ¿Del Sahara? ¿Sidi Ifni? ¿El Aiún? ¿Quizás de Boujdour?
Siguió preguntando Juan. Ya mostrando un interés desmedido, un interés no mostrado en todo el tiempo que llevaba Shamir en su casa.
_No, no, Soy de Larache. Contestó Shamir rápidamente.
_ ¿Lo conoce?
Juan cambió el rictus de su cara de repente, la palabra Larache había hecho saltar un resorte en su cerebro. Un recuerdo que tenía olvidado, muy olvidado y en ese mismo instante volvió a florecer en su cabeza.
_Larache…
Balbuceó mientras bajaba la mirada lentamente exhalando un bufido inaudible.
_ ¡Anda! Que casualidad. Marisa ¿no le has contado a tu novio que tu padre hizo la mili allí? Le pilló en tiempos de… ¿Cómo se llamaba?..Uhh, la marcha verde...Eso, ¡la marcha verde!
Exclamó Toñi como celebrando el haberse acordado de ese hecho histórico.
_ ¿Verdad Juan? preguntó a su marido convencida de la respuesta que recibiría.
Pero Juan callaba, Juan en ese instante no estaba allí. Estaba batiéndose con sus recuerdos, un duelo en silencio, hiriente. En la que el perdedor era él sin duda.
El tacto de la mano de su mujer sobre la suya le sacó de sus pensamientos.
_Juan…. ¿me has oído cariño?
_Si, si...Allí hace un calor tremendo, agobiante.
Contestó Juan sin dejar de mantener la vista baja.
Las carcajadas de los tres le hicieron ver que su contestación no era acorde con la pregunta.
_Lo siento... Tenía la mente en otro lado...En el trabajo. Se me fue la cabeza por los cerros de Úbeda. Contestó mientras se levantaba y se dirigía a coger su portafolio y su maletín. Tenía que irse al juzgado y ya se estaba demorando.
Le dió un beso en la mejilla a su hija, una palmadita en el hombro a Shamir y un sonoro beso en la boca a su mujer.
_Espero volver a verte antes que te vayas Shamir.
_ ¿Cómo que esperas verlo? Preguntó con sorpresa Toñi... Shamir se queda a comer...Así que, no te me demores con los amigos después del juzgado, que te esperamos.
Con un enérgico ¡Valeeee! Juan cerró sonoramente la puerta.
El reloj marcaba las diez de la noche cuando Juan entraba en casa, el carillón del salón daba las últimas campanadas cuando dejaba cansinamente su abrigo en la percha del recibidor, acomodó su maletín en la silla de la entrada y entró al salón.
Toñi estaba sentada en un sillón de orejeras leyendo una revista del corazón.
_Ya te vale Juan...Ya te vale.
Aseveró la mujer sin levantar la vista del magazín impreso.
_Lo siento niña, hoy había lío en el juzgado, muchísimo lío y tuve al final que comer en el bar de enfrente de los juzgados.
La respuesta le sonó hasta a él como una mala excusa rebuscada.
_Claro, no había teléfonos. Como vivimos en la capital de una república bananera es normal, el tam tam no se oía tan lejos. Le contestó en un tono entre irónico y enfadado, levantándose del sofá y dejando la revista ruidosamente sobre la mesa de cristal se dirigió con paso decidido hacia su marido.
_Haber Juan. ¿Qué coño pasa? ¿Me lo vas a decir o qué? Te parecerá bonito la impresión que estás dando a ese hombre...por no decir a tu hija.
_Me importa un bledo la impresión que le esté dando al morito ese. Porque a fin de cuentas, español, sahariano o chino. No deja de ser moro.
_ ¡Vaya por Dios! Vienes tarde, te rebuscas una excusa que no se cree nadie y encima vienes dando mandobles. Anda y que te den por culo señor Morales.
Dijo Toñi en tono despectivo saliendo de la estancia en dirección al dormitorio.
_y la cena la tienes en la cocina. ..Mientras cerraba de un portazo la puerta de la alcoba.
Juan pasó la noche en duermevela. Sabía que había obrado mal y tenía que arreglarlo de algún modo. Pero Toñi no era de poco conformar, tenía que al menos aparentar conformidad con la situación. Pero por otro lado... ¿Qué situación?..Que más le daba que el novio de su hija fuese de donde fuese. Si se querían. Ayer metiste la pata hasta el tuétano Juanito, pensó mientras se levantaba de la cama.
Juan estiraba los brazos de una forma exagerada para desentumecer los músculos mientras tomaba asiento en un lado de la mesa del salón.
Cogió una cafetera de porcelana y se sirvió una generosa taza de café echando dos cucharillas de azúcar rebosantes.
Toñi miraba su taza mientras movía lentamente el contenido. Veía el café hacer circulitos acompañando el vaivén de la cucharilla.
_Siento lo de ayer Toñi, no estuve a la altura, lo siento de verdad.
Toñi levantó suavemente la mirada y le habló con gesto reprobante.
_Me tuve que inventar que habías llamado y que no podías venir a comer. Pero… ¿sabes? Tu hija no es tonta. Estuvo toda la tarde callada...hasta al mismo Shamir le sorprendió su silencio, ¿me vas a decir que te pasa?
_ De verdad no me pasa nada Toñi, quizás fue la sorpresa del momento, reaccioné así, lo siento de verdad niña.
_Bueno, pensemos Juan que fue por eso, tu nunca has sido así, contestó ella en un tono conciliador mientras acariciaba suavemente la mejilla de su marido.
_Te quería comentar otra cosa amor mío.
_Tu me dirás niña.
_Shamir me comentó la posibilidad de ir juntos a Larache.
_ ¿A Larache? ¿A qué?
Exclamó con sorpresa mientras apartaba la mano de Toñi de su mejilla.
_El domingo es la fiesta del cordero, esa que celebran los musulmanes una vez acabado el Ramadán. Nos ha invitado y he pensado que podíamos aprovechar y conocer a su familia. Creo que es bueno saber más de la persona que se va a casar con la niña.
Juan oía atentamente la explicación de su mujer del por que el viaje a Larache mientras asentía con la cabeza.
_Tienes razón, no es para nada mala idea y además. ¿Cuánto hace que no nos regalamos un viaje?
_Calla, calla señor Morales. Que si te lo recuerdo te caes del susto ¡de cuando se llevaban las hombreras!
Exclamó Toñi demostrando alegría mientras se levantaba para recoger el servicio usado para el desayuno. Salió con la bandeja en dirección a la cocina y girando sus pasos comentó:
_Entonces ¿Qué? ¿Vamos o no?
_ ¡que siiiii! Que vamos. Total, siempre se ha hecho en esta casa lo que tú has dicho.
Con un irónico ya, ya. Se perdió Toñi de la vista de Juan.
¿Por qué no le has dicho que no Juan? Pensó mientras encendía un cigarro y lo dejaba pausadamente en el cenicero. ¿Por qué no has buscado una excusa? ¿Quizás mucho trabajo? No, no, esa excusa no se la tragaría.
Total Juan, cuanto antes te enfrentes a tus recuerdos antes acabas. Por otra parte...Shamir se le ve un hombre educado, atento, culto, cuidaría de Marisa, le daría un futuro en el supuesto que aprobara las oposiciones y lo más importante, estarían en Madrid, cerca de él.
¡Venga Juan! Se auto animó dando una sonora palmada en la mesa que hizo caer el cigarro del cenicero. El ruido generado por la palmada hizo que Toñi saliera precipitadamente de la cocina.
_ ¿Que pasa? ¿Ese ruido?
_Nada niña, una manera de expresar alegría, porque ¿sabes? Me ilusiona muchísimo el viaje a Larache, uhhh ¿Quién me diría que volvería allí después de 25 años? dijo dándole un sonoro beso en la mejilla a su mujer.
_Por cierto… ¿Dónde está la niña? Oteando la puerta del dormitorio de Marisa.
_Se fue temprano, tenia no se qué actividades de fin de curso en la guardería, y aparte, calentita se ha ido la pobre por tu culpa.
_Bueno. De camino al bufete paso por su trabajo y le doy la noticia. No quiero que este todo el día enfadada conmigo. Dijo mientras cogía su maletín de la silla y enfilaba hacia la puerta de casa.
_ ¡Que padrazo estás hecho señor Morales!
_y tu una madraza ojos grandes… ¡una madraza!
Y con un apasionado beso en la boca de su mujer, se despidió de ella.
EL VIAJE (retorno a los recuerdos)
_Son las doce y Shamir todavía no ha llamado mama ¿será una mala señal?
Preguntó Marisa mientras ayudaba a Toñi a bajar una maleta de lo alto del armario.
_No mujer. Es pronto todavía, no se por qué extraña costumbre la lista de aprobados la sacan siempre a última hora. Les gusta la sensación de hacer sufrir a los pobres opositores, contestó la madre en tono distraído mientras se ponía de puntillas para alcanzar el asa de la maleta.
_Ni te imaginas mama lo que ha sufrido Shamir para preparar las oposiciones, todo a codos, sin poder pagarse un preparador, con el dinero justo para la comida y la pensión, se merece lo mejor. Lo mejor.
_Ya me lo imagino cariño…pero ayúdame a coger la puñetera
maleta... Y tranquila, lo que sea será.
El sonido del timbre del teléfono hizo saltar como un resorte a Marisa y salir corriendo al salón a atender la llamada.
_ ¡Pero qué haces mujer!
Gritó la madre mientras era vencida hacia atrás por el peso de la maleta tirándola encima de la cama con ella encima.
No encontró respuesta, la hija corría como poseída al teléfono que sonaba.
_Diga, ¡holaaaaa cariño! ¿Sí? ¡Biennnnn! Te esperamos mi vida, no te me demores.
Toñi no tuvo que preguntar a su hija ni quien ni el motivo de la llamada, a diez metros había oído a su hija y sonrió...Shamir había aprobado.
Marisa corrió y abrazando a la madre que se incorporaba lastimeramente de la cama lloró de alegría.
_Mama...Ha aprobado, ¡Shamir ha aprobado!
Toñi apretó fuertemente a su hija, un abrazo intenso y le susurró al oído:
_No sabes cuánto me alegro por ti y por él, anda, corre y llama a tu padre al bufete para decírselo.
Marisa se dirigió de nuevo al teléfono para darle la buena noticia a su padre dejando a Toñi entretenida en intentar abrir los cierres de la maleta que se resistían por su poco uso.
_Cuanto me alegro, pensó recordando cuando Juan llegó a casa con sus últimas notas de licenciatura, de cómo esa noche hicieron una excepción y cenaron en un restaurante, cosa impensable por el poco dinero que ganaba de reponedor en una gran superficie.
De cómo Juan le prometía que se abrían nuevas puertas en la vida de ambos, que se acabaría el vivir en el lóbrego sótano, que le daría la vida que se merecía. Y lo cumplió.
Se había casado con un soñador, con un luchador.
_No te puedes imaginar la alegría de papá. La voz de Marisa sacó a Toñi de sus pensamientos y le hizo girarse hacia su hija.
_Me ha dicho también que sale ya del bufete...Que si tenemos ya todo preparado.
_Este hombre siempre igual..Prisa, prisa, como si tu y yo estuviéramos todo el día cogiéndonos el chumino. ¡Diossss que hombre!
Marisa rió la ocurrencia y la forma de hablar de su madre mientras le ayudaba a colocar ropa dentro de la maleta.
_ ¿Crees que seremos bien recibidos por su familia?
Preguntó Marisa mientras acomodaba ordenadamente unas camisas dentro de la maleta.
_Supongo que si hija. Además, imagino que Shamir habrá puesto una pica en Flandes para que así sea. Es mas, ni me preocupa. Con ver como os miráis los dos, se que os da igual que pelee yo, pelee papá o pelee medio zoco de Marraquesh. Vais a ser felices….lo sé yo.
_Bueno. ¿Qué? ¿Nos vamos ya?
Preguntó Juan mientras acomodaba la última maleta en el mercedes 320.
_Cinco horitas hasta Motril y a las once de la noche, ferry hasta Melilla, así que señoras…si gustan...
Afirmó abriendo la puerta de atrás del coche y haciendo ademanes a las dos mujeres para que entrara en el, Shamir ocupó el asiento de acompañante.
Toñi lo había dispuesto así, con la excusa de poder dar una cabezada. Pero lo que quería realmente era tener a los dos hombres juntos. Que hablasen entre ellos.
El viaje se desarrolló sin incidencias, con una parada en Valdepeñas para una fugaz merienda, continuando camino hacia Motril.
Juan apagó la radio y dirigiendo la mirada por un instante a Shamir rompió el silencio.
_Oye Shamir, quería pedirte perdón.
_ ¿Perdón porque don Juan? Contestó con evidente sorpresa por la petición de su suegro.
_Por lo de moro, lo dije sin pensar. Quiero que lo sepas.
_No me ofendió don Juan, créalo. Es más, no me explique bien. Moros son los de Mauritania. Pero también todos los del norte de África, por su piel morena. Ya sabe, Moro=moreno, gesticulando el juego de palabras con las manos, una vez a la derecha otra a la izquierda moviéndolas.
_Pues tú la verdad no haces honor a la palabra moro, eres más blanco que la leche.
Los cuatro ocupantes del coche rieron la ocurrencia, una risa sonora, alegre.
_Es que mi madre era española. De Ávila para ser más exacto. Contestó Shamir interrumpiendo su risa.
_ ¿Cómo que era española? ¿Murió acaso? Preguntó Toñi, adelantándose seguramente a la misma pregunta que hubiera formulado su marido.
_Si, española. Mis padres murieron siendo yo un niño.
_ ¿Tú lo sabías?
Pregunto Toñi a su hija acercándose a su oído.
_No mama, nunca me ha hablado de sus padres, y yo tampoco le he preguntado.
Juan permaneció en silencio el resto del camino hasta Motril. Mientras el resto de ocupantes charlaban animadamente de cosas intrascendentales a los oídos de Juan.
El Ferry destino a Melilla salía a las once de la noche y Juan hacia su entrada en la dársena del puerto de Motril a las diez y media, introdujo su coche directamente a la su plaza asignada en las entrañas del ferri, y dejando el coche asegurándose de estar bien cerrado subieron juntos a la cubierta.
Toñi enredó su codo a modo de gancho sobre el de su marido mientras le preguntaba:
_Has estado muy callado. ¿Ocurre algo?
_No niña, solo que me ha chocado lo de la familia de Shamir. Solo eso.
Toñi hizo gesto de afirmación y de extrañeza a la vez que asia el brazo de su marido más fuerte y aceleraba el paso.
El viaje duraba una hora y quince minutos hasta Melilla, más seis horas en coche hasta Larache, Shamir hacia esa ruta cada vez que iba a su ciudad y sabía la cronología y la ruta a seguir. Llegarían al amanecer a Larache.
El ferry hacía sonar su ronca sirena, avisando de su inminente partida al continente africano.
Shamir y Marisa se acomodaron en los asientos interiores que poseía uno de los inmensos salones del ferry, mientras Toñi y Juan se quedaron apoyados en la barandilla de un costado del barco, viendo perderse las luces del puerto de Motril en la lejanía.
Juan sacó un paquete de cigarrillos de su cazadora y sacando un pitillo se lo introdujo en la boca encendiéndolo pausadamente, expulsando una humareda que subió espesa por su cara.
_ ¿Crees que hemos hecho bien en venir?
Pregunto mientras observaba el punto incandescente del cigarrillo.
_Claro hombre, por un lado este viaje nos vienen bien a todos, sobre todo a ti para alejarte por unos días de tu trabajo, y por otra parte apelar a la lógica. Tenemos que conocer a la familia de Shamir.
_ ¿Qué familia Toñi? ¿Qué familia? Ya has oído, no tiene padres, supongo que no tendrá abuelos vivos, nos va a presentar a dos parientes a los cuales les importamos bien poco.
_Familia Juan, familia. ¿Cuándo has visto a tu hija con ese brillo en los ojos? ¿Cuándo?
_La verdad que nunca, bueno...Si. Cuando andaba que bebía los vientos por el hijo del portero de la anterior finca donde vivíamos.
Afirmó Juan esbozando una sonrisa a la vez que le daba una fuerte calada al cigarro.
_Juan….que tenia la niña solo cinco añitos hombre, je je je.
Juan río a carcajadas mientras tiraba compulsivamente el resto del cigarro al mar. Cogió a su mujer desde atrás por la cintura y con voz cariñosa le dijo:
_Vamos Toñi. Vayamos que el morito degüelle a tu hija…
El resto de viaje en coche a Larache, se hizo en silencio. Toñi y Marisa dormitaban en el asiento de atrás del coche, Shamir miraba distraídamente los márgenes de la cuneta iluminada débilmente por la luz difuminada de los faros del coche.
_ ¿Cómo fue que usted estuvo destinado en Larache?
Rompió el silencio Shamir.
_Pues... Porque era el único destino que pagaban un pecunio digno, eso si, había que ir voluntario. Pero con lo que me pagaban podíamos vivir tu suegra y yo.
_ ¿Y le pilló la marcha verde?
Siguió preguntando Shamir ya en un tono de evidente interés.
_Si. Ya te lo dijo Toñi. Me pillo de lleno. La gente decía que era un conflicto territorial, pero lo que de verdad era, fue una guerra encubierta, en la que ganaron los Marroquíes, perdón…las mujeres de los Marroquíes marchando por delante de los hombres como escudos humanos, ¡así como lo oyes!, casi gritó Juan. ¡Por delante de los hombres! Y claro, tú comprenderás Shamir...Nosotros para atrás para atrás así hasta que nos echaron.
Juan hizo el comentario con la firme intención de provocar una reacción en Shamir, pero no lo consiguió lo más mínimo.
_Tiene usted razón, así fue. ¿Sabe? en Larache todavía se respira español. Yo cuando era un niño mi abuelo contaba que si los españoles se hubiesen quedado nos hubiera ido mejor, y no dejarnos invadir por Hassan.
_ ¿No me digas que eso decía tu abuelo?
Preguntó Juan con la sorpresa de quien se siente noqueado al primer golpe.
_Pues si. Además, mis padres eran profesores en el colegio “LUIS VIVES”. Mi madre daba clases de español a saharauis y mi padre clases de matemáticas. Eran muy Pro españoles. Y eso les trajo muchos problemas.
En La última frase Juan percibió un tono triste que le hizo preferir dar por finalizada la conversación.
_Venga hijo, duerme un rato. Todavía queda mucho viaje y ha sido un día de muchas sensaciones.
EL REGRESO.
Juan había puesto el parcial del cuentakilómetros de su coche a cero a la salida de Melilla, y ahora marcaba 568 kms cuando divisaba las primeras casa de Larache.
Desde los espejos retrovisores del vehículo veía salir el sol a su espalda y con voz dulce llamó a los ocupantes del coche.
_Ya hemos llegado, estamos en la entrada de Larache.
Mientras se desperezaban, Toñi frotándose la cara con las manos y Marisa estirándose en el asiento, Juan observaba las casas que pasaban ante su vista, algunas de nueva construcción y otras a medio hacer, un enjambre de grúas rascaba el techo de Larache.
_Vaya que está esto cambiado; Susurró a media voz.
_Si que ha cambiado, y mas día a día, desde que Mohamed VI se le metió entre ceja y ceja hacer de esta zona el denominado BALCÓN DEL ATLANTICO cientos de constructores viendo un negocio en aras se han instalado aquí. Y día a día devoran un poco mas del paisaje. Una pena. Comentó Shamir mientras se desperezaba estirando los brazos para adelante.
El coche circulaba por una carretera que bordeaba el río LUCUS, cruzó las antiguas vías del tren de la ya extinguida línea ferroviaria. LARACHE- ALCAZARQUIVIR y se adentró en la avenida principal.
_ Juan creo que deberías parar para desayunar algo, el cuerpo lo esta pidiendo a gritos.
Juan observaba la acera mientras conducía buscando algún cartel que delatara la presencia de una cafetería y con una sonrisa se dispuso a aparcar el coche. CAFETERIA EL MALAGUEÑO leyó mientras abría la puerta del coche a su mujer y su hija, Shamir abría el maletero y sacaba su equipaje que solo consistía en una bolsa de deporte y entraron en la cafetería.
Shamir y Juan hacían verdaderos malabares para llevar los cafés con leche, uno en cada mano, Toñi y Marisa reían disimuladamente al ver a sus hombres ante tal ejercicio de malabarismo acercarse a ellas.
_Bueno. Pues sí que ha costado ¡por Dios!
Exclamó Juan mientras depositaba las tazas en la mesa y expelía un bufido.
_Eso le decía yo a tu hija, Juan, que te equivocaste de profesión. Lo que perdió el Circo del Sol el no haberte conocido, ufff...
Rió Toñi mientras vertía el contenido de la bolsa de azúcar en su taza de café y lo agitaba con rapidez.
_Bueno, lo primero es buscar un hotel, luego visita turística. ¿A qué hora te viene bien ir a ver a tu familia Shamir? Preguntó mientras acercaba la taza de café a sus labios.
_Esta tarde se reúne toda la familia en casa de mi abuelo para preparar la fiesta del cordero. Es un magnifico momento, así nos ahorramos ir casa por casa de la familia, y… siga esta avenida hasta el fondo verá una plaza que usted debe conocer, ahora se llama la Plaza de la Liberación, cuando usted estuvo aquí se llamaba Plaza de Cuatro Caminos ¿La conoce don Juan? Preguntó con la confianza de saber que su suegro asentiría afirmativamente y así ahorrarse más explicaciones.
_Si, si. La de veces que he pululado por esa plaza uf. Asintió Juan mientras encendía un cigarrillo y levantando la cara mirando hacia el techo expulsaba el humo con prisa.
_Pues ahí esta el HOTEL ESPAÑA, es el mejor de la ciudad. Continuó Shamir mientras dejaba la taza en el platillo y se incorporaba.
_Bueno…yo mismo desde aquí llego andando a la casa de mi abuelo y así le evito a usted callejear con el coche, luego sobre las cuatro pasaré por el hotel a recogerles.
Shamir se despidió dando un beso a Marisa otro a Toñi y un fuerte apretón de manos a Juan y salió del bar en dirección a la avenida.
Juan llego sin más problemas al hotel. Era un edificio de corte arquitectónico español, propio de la época del protectorado, le llamó la atención que en la fachada ondeaban tres banderas, la de la ciudad, la marroquí y la española.
Dejaron sus pasaportes en recepción como era obligado y se dirigieron a sus habitaciones, una doble para el matrimonio y una simple para Marisa, contiguas y con balcones a la Plaza de la Liberación.
Juan encendió un cigarrillo mientras observaba la plaza apoyado en la barandilla del balcón de su habitación.
Había cambiado muchísimo desde que el estuvo.
Recordó la delegación de Hacienda, los juzgados, el edificio de obras públicas, el caserón de los húngaros JANKOVITCH, entre unos tejados divisaba un poco el poblado de AUÁMARA, la pensión EL HOSTAL, vio con alegría que todavía se conservaba el vivero de mimosas, volvió de nuevo su mirada al edificio que antiguamente albergaba una pensión llamada EL HOSTAL y recordó su terraza llena de soldados sentados en mesas, cantando y bebiendo.
De repente un escalofrió recorrió su cuerpo, recordó la apuesta, esa apuesta que le hizo a su amigo Piñeiro “el libelina” como le gustaba que le llamaran.
Tan absorto estaba en ese pensamiento que no reparó que el cigarro prácticamente se había consumido y empezaba a quemarle los dedos.
_ ¡Me cachiss! ¡Joderr!
Casi gritó mientras sacudía compulsivamente la mano a la vez que entraba en la habitación.
El hall del hotel era un hervidero de gente de aquí para acá, portando maletas y otros cámara en ristre esperando el bus turístico que hacía la ruta de lugares de interés en Larache.
Juan y Toñi estaban en la cafetería del hotel sentados ante una taza de café y unas magdalenas, mientras, Marisa esperaba a Shamir en la puerta del hotel, era las cuatro de la tarde, la hora convenida en que tenía que venir Shamir a recogerlos.
_Como ha cambiado todo esto Toñi…Ni lo conozco.
_El progreso Juan, el progreso. ¿Qué esperabas? ¿Ver cuatro chozas y cinco chilabas? Preguntó su mujer en tono irónico mientras escrutaba la entrada de la cafetería buscando ver aparecer a su hija con Shamir.
_Mira, ¡ya está aquí! Exclamó al verlo entrar con Marisa agarrada de la mano.
_Hola. ¿Han podido descansar? Preguntó Shamir en tono alegre mientras daba un beso en la mejilla a Toñi y un apretón de manos a Juan.
Toñi sonrió complaciente a la vez que asentía con la cabeza, le gustaba la educación que atesoraba Shamir, y su saber estar. Se incorporaron de la mesa y salieron todos juntos de la cafetería en dirección a la salida del hotel
_ ¿Cogemos el coche? Preguntó Juan jugueteando con las llaves del vehículo entre los dedos
_No merece la pena don Juan, la casa de mi abuelo está relativamente cerca y un paseo después de la merienda creo que les vendrá bien a todos.
Cruzaron la Plaza de la Liberación y se dirigieron hacia la Avenida Muley Sidi, continuaron por la acera que circundaba el cementerio musulmán de AL-LA-MENANA y enfilaron la avenida que desembocaba en el faro RUTA NADOR. Juan no paraba de observar un sinfín de cruces en hileras ordenadas que había en el margen de la acera.
_Es el antiguo cementerio cristiano. Explicó Shamir en un intento de sacar las posibles dudas que tuviera Juan.
Cruzaron varias calles y al doblar una esquina a Juan le vino una sensación que se conoce como dejavu.
Esa calle la conocía perfectamente, todas casas iguales con el signo del yugo y las flechas en una esquina de las jambas de la puerta. Eran casas sociales que se habían hecho por el año cincuenta para familias que trabajaban para los españoles residentes allí. Había pasado por allí cientos de veces, frenó en seco con la consiguiente sorpresa de los acompañantes.
_ ¿Qué te pasa Juan? ¿Porque te paras?
Preguntó su mujer mientras se soltaba del brazo de su marido, no encontró respuesta, solo en un balbuceante tono otra pregunta.
_Shamir... ¿en esta calle vives?
_Si, al final de la calle junto a aquellos acebuches.
Juan entrecerró los ojos para divisar mejor los acebuches del final de la calle y de nuevo un escalofrío le recorrió el cuerpo, desde las uñas de los pies hasta el último pelo de la cabeza, en un acto reflejo apoyó las manos en un árbol de la acera y comenzó a vomitar, copiosamente, sonoramente.
Toñi espero que terminara Juan y acercándole un pañuelo le preguntó:
_ ¿Estás bien cariño?
Juan limpiándose la comisura de los labios y guardándose el pañuelo en el bolsillo de su pantalón solo acertó a decir con hilo de voz:
_Si, Si; El café me ha tenido que sentar mal, y unido a este calor…continuemos caminando.
Los pasos de Juan cada vez se hacían más cansinos, la cabeza le pedía a voces que parase pero sus pies seguían andando.
Un cúmulo de recuerdos se le agolpaban en la cabeza, ¡Dios mío con lo grande que es Larache!. Se repetía mentalmente.
El ruido de la música y algarabía le sacó de sus pensamientos, había llegado a la casa, esa casa que hubiera deseado no ver nunca jamás.
Toñi, Shamir y Marisa se perdían hacia el interior mientras él se quedaba mirando la fachada, seguía igual. El porche de cañas, la parra, las ventanas en forma ojival, pero algo había cambiado, a la derecha de la puerta de la casa había un parterre con mimosas y geranios, le maravilló el contraste de colores que desentonaban con el abandono que atesoraba la fachada.
Shamir salió de la casa acompañado de un anciano, vestido con una chilaba a rayas, vieja pero pulcra, en la mano sostenía un bastón de bambú que le servía ya de tercer pie para ese cuerpo ajado.
_Don Juan. Le presento a mi abuelo Abdelkader al´kadir.
Juan extendió su mano con la intención de ser apretada, nada más lejos.
El abuelo lejos de estrechar la mano se fundió en un abrazo con él, un fuerte abrazo dado por unos viejos brazos.
Juan cambió el gesto de la cara ante tanta efusividad, entre sorprendido y expectante.
_ ¿Que tal el viaje? ¿Cansado?
Preguntó el abuelo en tono cariñoso. Juan se sorprendió del perfecto español en que se expresaba el hombre al formular las preguntas.
_Bien bien, largo pero entretenido.
_Me ha dicho mi nieto que se encuentra usted mal. Venga, venga y siéntese aquí en el porche, descanse.
Exclamó unas palabras en árabe en dirección a la puerta de casa y en un instante apareció una mujer en nicap con una bandeja que portaba unos vasos y una tetera.
_Tome, tome Juan, un poco de té verde con hierbabuena, es muy digestivo.
Le dijo acercándole un vasito de cristal finamente labrado con te en su interior.
Juan lo bebió con avidez y haciéndole un gesto a Shamir pidió que se le sirviera otro.
_ ¿Y qué tal todo por la madre patria?
Pregunto el abuelo con interés.
_Ni se imagina lo que hubiera dado por ver España, Granada, Córdoba, Madrid, Barcelona toda, toda, pero ya, ya no va a poder ser; Dijo en tono triste mientras hacía girar su bastón en la mano.
_Quien sabe Abdelkader, todo es posible...Basta con quererlo.
Contestó Juan mirando fijamente como el movimiento de sus manos hacia bailar el liquido que contenía el vasito.
_Yo con los españoles vivía muy bien, más bien diría espléndidamente. Continúo Abdelkader en tono nostálgico.
_Trabajaba de jardinero en el cuartel de trasmisiones, ahora allí está el LICEO ESPAÑOL, un colegio para niños ricos. Aunque la mayoría lo conocemos como LA TILLERIA.
Mi hijo y mi nuera eran maestros de escuela, en un colegio público, el LUIS VIVES.
_Si, si asintió Juan. Ya me contó Shamir, lo de ellos fue algo triste, triste.
_ ¿Triste?
Exclamó Abdelkader en tono furioso.
_Una injusticia, un atropello, pero…que se podía esperar de estos mierdas marroquíes. Me los mataron de un tiro a cada uno cuando salían en dirección a los campamentos españoles, llevaban su DNI. ¡Eran españoles joder! Y una maldita harca me los mato. ¡Ahí! ¡Ahí! Señalando los parterres… cayeron los dos.
El dedo tembloroso de Abdelkader señalaba el parterre de mimosas y geranios.
_ ¿Sabe porque hay mimosas y geranios?
Continúo hablando Abdelkader.
_La mimosa representa a mi nuera, bellísima, siempre florecida, era un ser excepcional, siendo cristiana conocía la cultura árabe al pie de la letra, sus costumbres, y no solo la respetaba sino que hasta participaba en ellas. Bueno,,,, menos lo de ponerse un nicap. ¡Siempre en vaqueros!
Exclamó Abdelkader esbozando una sonrisa y suavizando el tono de su voz.
_El geranio es mi hijo; Una planta brava, valiente, agarra en cualquier terreno, así era el, sentía el desprecio de los musulmanes más radicales por casarse con una española y él erre que erre. Mire si se querían los dos…en fin…Mahtub Juan…Mahtub.
Concluyó de hablar el abuelo mientras se secaba las lágrimas con la manga de la chilaba.
Juan escuchó el relato y sintió como una pinza le atenazaba el estomago, se sentía mal, física y mentalmente. Pensó en ese matrimonio abatido por las balas y se estremeció.
La voz de Marisa saliendo de la casa le sacó de sus pensamientos.
_ ¡Papa! ¡Papa! Veras que tatuaje de henna me voy a hacer. ¡Vas a flipar!
Juan sonrió levemente al oír el tono y la jerga lingüística de su hija.
_Y entra que mama se va a hacer otro como no la pares.
Comentó mientras se perdía de nuevo en el umbral de la casa.
_Se ve buena chica, Shamir habla de ella maravillas...Y de ustedes igual, agradezco el trato que le da a mi nieto.
Dijo Abdelkader posando suavemente su mano temblosa en el hombro de Juan.
_Si que lo es. Y Shamir una persona excepcional, desde el primer día nos tiene a todos ganados por su educación y su cultura.
Respondió Juan dando una palmadita en la mano que tenia apoyada en su hombro Abdelkader.
_Mira Juan, hasta los españoles sin estar ya, nos ayudan, para Shamir era impensable estudiar en España, nuestros escasos ingresos solo nos permiten comer a diario, y de sus padres no nos quedó nada, ni una mísera pensión, se quedo estancada en cualquier archivo de la Embajada española de Rabat.
Hassan nos negó el pan y la sal. Así era el. Un alfeñique gobernado por los franceses con el único afán de enriquecerse, aun a costa de la miseria de su pueblo.
Pero... ¿Sabe? Gracias a una asociación española...LOS AMIGOS DE LARACHE. Conocieron el caso de Shamir y ya con edad universitaria nos consiguieron una beca para que estudiara en España.
Fíjate Juan, ¡desde la distancia nos seguían ayudando los españoles! ¿Cómo no agradecer? ¿Cómo no sentir gratitud?
¿Pero sabe? ¡Alegría! Hoy celebramos tres cosas, la fiesta del cordero, que mi nieto Shamir es profesor de universidad, y que gracias a su compromiso con su hija, el destino nos ha unido amigo Juan.
El destino, el cruel destino nos había unido 25 años después .Abdelkader no lo sabía, pero el sí. Pensó mientras se levantaba cansinamente de la silla, pero sus piernas no le respondían, le flaqueaban y se dejo vencer de nuevo en ella.
Desde que conoció a Shamir un martillo pilón se había instalado en su cabeza, y ahora ese martillo trabajaba a destajo.
La cabeza le iba a estallar, no quería estar más en ese lugar, de buena gana habría corrido en dirección al hotel y se habría metido en su cama tapado hasta la cabeza con las sábanas. Como un niño que espanta sus miedos tapándose así.
Pero sentía un algo, una fuerza sobrehumana le hacía permanecer sentado, inerte, con gesto impasible y serio a la vista de todos, nadie sabía que una bomba había estallado en su interior, desde los pies a la cabeza, carbonizándole hasta la última neurona.
El resto de la tarde continuó entre risas y comentarios, recordando como era su hija de traviesa de pequeña y de cómo le ocultó lo de Shamir hasta última hora.
Toñi se sentía a gusto, integrada, parecía como si los conociera de toda la vida.
Eso lejos de alegrar a Juan, aunque esbozaba una sonrisa bobalicona y fingida hacia que el martillo pilón trabajase más deprisa si cabía.
Había anochecido cuando se despedían de la familia de Shamir y tomaban rumbo al hotel. Toñi tuvo que llamar la atención a Juan por su evidente a la vista caminar cansino. Y él no paraba de excusarse en la calidad del café del medio día.
_ ¿Estás bien Juan?
Preguntó Toñi mientras se ponía el camisón y veía a su marido dejarse caer de espaldas en la cama con la ropa todavía puesta y evidentes síntomas de dolor estomacales.
_No, no estoy bien. Tengo un gato en el estomago.
Contestó mientras se cogía el estomago con las manos.
_Venga tómate esto, ponte el pijama y acuéstate, veras como mañana estas como nuevo.
Le dijo Toñi mientras le entregaba un sobre de ALMAX y se metía en la cama.
Pero no se le pasó, el dolor de estomago no era físico, ese gato que arañaba su estomago se auto alimentaba de sus pensamientos, de sus miedos y de sus dudas.
Toda la noche la pasó en duermevela, fumando compulsivamente pero sin ganas. El reloj daba las siete de la mañana y Juan estrujaba la cajetilla de tabaco deformándola y dejándola en la mesita de noche cuando su mujer abrió los ojos.
_ ¿No has dormido nada cariño?
Preguntó en tono cariñoso mientras le daba un beso en la mejilla.
_Nada nada mi vida. ¡Qué noche más larga por Dios!
_Bueno, pues en pie señor Morales, una ducha, un zumo de naranja y como nuevo, veras como se te pasa y esta noche duermes del tirón. Así que oops oops oops ¡en piee! mientras daba una sonora palmada en el muslo de Juan que hizo que se irguiera.
Larache amaneció con aire de fiesta, se respira en la calle una alegría, acorde con la celebración del día grande entre los musulmanes.
La calle estaba repleta de gente de un lado para otro, un sinfín de chilabas sharis y ropa occidental entremezclada, Marisa no pudo resistirse a fotografiar la plaza en pleno apogeo de gente mientras comentaba:
_Parece la Puerta del sol en hora punta.
Los tres rieron la ocurrencia y se dispusieron a mezclarse entre el gentío en dirección a la casa de Shamir.
Hacía un calor insoportable, plomizo, Juan no paraba de quejarse del por qué tener que llevar puesto un traje a una celebración que ni le iba ni le venía, y Toñi reprobándole lo quejica que era y que el traje era un modo de hacer ver el respeto, la educación.
Llegaron a la casa y fueron recibidos por Shamir y su abuelo, los dos vestían sus mejores galas, chilabas en tonos claros, impolutas. Toñi quedo sorprendida por el cambio de Shamir, se había acostumbrado a ver a su futuro yerno en deportivas, vaqueros y camisa.
_ ¡Ufff... que cambio Shamir!
Exclamó en tono alegre al verlo venir y darle dos besos en la mejilla.
_El día lo requiere, es nuestro día grande y hay que sentirlo y vivirlo así.
El día transcurrió entre música, copiosa comida y conversaciones animadas, pero Juan permanecía inmóvil en un sillón de anea cubierto de una sabana de vivos colores. Apenas comió, fingía que dormitaba, así evitaba conversaciones y que lo hicieran partícipe de la fiesta.
Toñi había hábilmente justificado a su marido, explicando que el dolor de estomago no le había dejado dormir en toda la noche, y una vez pasado el dolor el sueño le había vencido. Pero no era así, Juan no dormía, el gato no dormía en su estomago.
Llegó la hora de la despedida, al día siguiente partían a primera hora para España y ya estaba la noche bien entrada, Juan se levantó cansinamente del sofá y se excusó.
_Lo siento muchísimo, pero hoy por desgracia el cuerpo no me ha acompañado, espero que no lo tomen como ofensa, pero es que el café de ayer me ha dejado amagado, dolorido.
Juan mentalmente agradeció ese café, ese bendito café que le había servido como excusa perfecta para justificar su actitud.
Se despidieron entre besos y abrazos y con la promesa de volverse a ver pronto.
Al doblar la esquina de la calle que hacía que se perdiera de vista la casa de Shamir, Juan volvió la cabeza y la retrató mentalmente. Sabía que no volvería jamás.
_Que gran familia Toñi, son gente humilde y maravillosa, tu hija va a estar bien.
Esa frase arrancó una sonrisa en su mujer, dudaba de la actitud de Juan, pero esa frase le había sacado de dudas y la llenaba de felicidad y tranquilidad.
El viaje de vuelta a Madrid se hizo sin novedad, Marisa y Toñi charlaban animadamente sobre el fin de semana que habían disfrutado, poniéndole defectos cariñosos a la familia de Shamir que hacían brotar carcajadas entre ellas, Juan apenas habló en el viaje, salvo momentos puntuales o porque le preguntasen algo, no tenía ganas de hablar, el martillo pilón le impedía articular palabra. Shamir se quedaría unos días más en Larache esperando una documentación imprescindible para su regularización en España.
Eran las diez de la noche cuando Toñi hacía girar ruidosamente la llave en la cerradura de casa. Juan y Marisa venían detrás portando una maleta en cada mano.
_Tu madre es la diosa del escaqueo, no sé cómo se las apaña niña.
Se quejó dejando caer ruidosamente las maletas en el recibidor de casa.
_Calla señor Morales. Que sé que te gusta. Eres todo un caballero español.
Contestó Toñi en tono alegre mientras escrutaba con la mirada hasta el último rincón del salón. Estaba todo en orden. Se dirigieron a la cocina y tomaron los tres un vaso de leche calentita, habían cenado en la entrada de Madrid y era lo que apetecía ahora.
Dándole las buenas noches y un sonoro beso a su hija se perdieron cada uno en su habitación.
Juan esa noche volvió a no dormir, aun cansado del viaje no conciliaba el sueño. Toñi emitía un leve ronquido y una respiración fuerte, dormía plácidamente cuando Juan se levantó sigilosamente y se dirigió a su despacho.
La luz del día entraba entre las ranuras de las persianas de las ventanas dibujando sombras chinescas en las paredes cuando Toñi abrió la puerta del despacho.
Juan leía y releía un papel en el que había puesto en letras grandes LO SIENTO. Cuando se percató de la presencia de Toñi. Dejo el papel boca abajo en su escritorio y esbozando una leve sonrisa le dio los buenos días a su mujer, Juan reparó en que Toñi estaba ya vestida y maquillada.
_ ¿Ya vestida? ¿Y eso? ¿Qué hora es?
Acertó a preguntar en un tono entre duda y sorpresa.
_Joder Juan. Es que no estás eh. Ayer te dije que la niña y yo desayunaríamos fuera para luego ir a un centro comercial a ver lo de la lista de bodas. Son las nueve y el desayuno lo tienes en la cocina cariño. ¿No recuerdas que te lo dije?
_Pues la verdad que no cariño, pero será así
Contesto Juan moviendo negativamente la cabeza.
_Ayyy ¿Que voy a hacer contigo alma de cántaro?
Exclamó ella mientras oía a su espalda los pasos de su hija que llegaba ya vestida y con su bolso en la mano.
_ ¿Ha descansado bien la reina de mi casa?
Preguntó Toñi mientras le daba un suave beso en la mejilla a su hija.
_Bien bien, estaba matadita del viaje, dijo mientras devolvía el beso a su madre.
_ ¡Pues ale! Un beso a papá que nos vamos antes que se llene de gente la cafetería.
Juan besó a su hija en las dos mejillas mientras le decía al oído un TE QUIERO tan silencioso que solo lo oyó ella. Luego se acercó a su mujer y le dio un beso en la boca intenso, interminable. Toñi no recordaba un beso así en muchísimos años.
_ ¡Como estamos hoy señor Morales!
Asintió Toñi con un guiño y un gesto de sorpresa y complicidad mientras ella y su hija abandonaban la habitación rumbo a la calle.
EL PRINCIPIO.
EL punto de mira bailaba compulsivamente delante de la mirada de Juan Morales, el frio de la mañana sahariana le hacía no mantener el pulso tranquilo.
Bajó el máuser de su posición y se echó el aliento en las yemas de los dedos.
_ ¡Joder que puto frio hace!
Se dijo a si mismo mientras mantenía la postura tumbado en la cima de la duna encendiendo un cigarrillo.
El humo lo expulsaba hacia abajo para no delatar su posición, el humo bailaba entre la arena haciendo ondas y recordó el último baile con Toñi, su esposa. De cómo lloró ella en la estación de Atocha cuando el marchó al Sidi Ifni.
De repente el ruido del chirriar de unas bisagras al abrir una puerta y a continuación voces sacó a Juan de sus pensamientos, volvió a apuntar su arma hacia donde provenía el ruido, una vetusta casa con un porche de cañaveras y una parra justo en el margen derecho entre la puerta y una ventana de forma ojival.
Vio salir de la casa un hombre portando una maleta que debía ser pesada por la forma de asirla con las dos manos, alineó su punto de mira hacia el bulto y retuvo el aire por un instante. El disparo retumbó en sus oídos como un trueno mientras por el punto de mira veía producirse una mancha rojo plomiza en la chilaba del hombre y caer tambaleándose al suelo.
Expulsó paulatinamente el aire mientras bajaba lentamente el arma, volvió a oír voces, estas eran de mujer, salía de la casa chillando con los brazos al cielo en dirección hacia el bulto caído.
Juan volvió a cargar el máuser y apuntó hacia la mujer que estaba de rodillas ante el cuerpo inerte del hombre. El ruido del cerrojo del fusil distrajo la atención de Juan, no quería oír a la mujer chillar y llorar a la vez... Volvió a apuntar, esta vez en dirección hacia la mujer y reteniendo la respiración volvió a disparar.
La mujer cayó de cubito supino a los pies del hombre ya muerto, solo se le oía unos guturales estertores propios de la persona que se siente morir.
Juan oyó a su espalda pisada en la arena, presurosas y levantándose de su posición, inició la bajada de la duna en dirección a los ruidos de pisadas.
_ ¿Que ha ocurrido aquí soldado Morales? ¿A son de qué esos disparos?
Bramó el sargento llegando a la altura de Juan rodeado por cuatro soldados más.
_Nada mi sargento... Una harca de moros que se disponían a cruzar las líneas en dirección a nuestro campamento y los puse en jaque.
Mintió Juan mientras se sacudía la arena de la ropa y comprobaba su arma.
De pronto empezó a oírse el llanto de un niño, un llanto de desesperación, de soledad.
_ ¿No oís un niño llorar?
Preguntó el sargento mandando callar y afinando el oído.
_Estos moros cuando huyen dejan hasta a los niños abandonados. Ya podían hacerlo con la suegra.
Exclamó Juan en un tono de ironía y sorna. Todos rieron a carcajadas la licencia verbal de Juan e iniciaron la vuelta al campamento.
Juan se quedó atrás con su amigo “El libelina” y en tono presuroso le dijo al compañero que tenía delante:
_Oye macho toma mi cámara y échanos una foto al gallego y a mí. Que nos llevemos un recuerdo de aquí.
Juan se acercó a su amigo Piñeiro, le abrazó por el hombro y mientras el otro soldado apuntaba la cámara hacia ellos para plasmar la instantánea, le dijo en baja voz a su compañero:
_Has perdido la apuesta. Ya te dije que no me iba de aquí sin matar dos moros.
© Juan Roberto Alaminos Chica. Todos los derechos reservados

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