viernes, 20 de mayo de 2022

POLICHINELA.

 

Era irritable tener tantas hojas vacías y no poder llenarlas. Necesitaba de nuevo la inspiración, ese algo que ella le daba. ¿Cómo se supone que escribiría monólogos si ya ella no estaba? Desde que se fue Las ideas disminuían, los pensamientos eran fútiles y estériles y su amargura fluía. Por más que intentara crear oraciones incompletas y sin coherencia, ya no podía.

El bullicio, las risas, los aplausos... Él había nacido para eso, un Polichinela.
Hacía tiempo que el personaje de este actor había usurpado su identidad haciendo que olvidara su propio nombre, era el mejor en su trabajo. Sus actuaciones calmaban el alma, apagaba el llanto e incitaba a la más pura felicidad. Todos, grandes y pequeños, ricos y pobres, hacían cola para poder ver su actuación. Verlo era ver la mismísima esperanza porque contagiaba el optimismo y la fuerza para enfrentarse a los fantasmas del pasado y encarar el futuro.
Polichinela lo sabía y por ello, noche tras noche, salía al escenario a entregar su don a aquellos que pagaban una entrada. Para ello había nacido, para ello existía. Él daba todo su ser a su arte, el cual Lo regalaba de la única manera que se puede hacer un regalo: de corazón.

Nunca esperó nada a cambio, no lo necesitaba, ni siquiera una palabra de agradecimiento; si le hubieran preguntado simplemente hubiera contestado que era su elección, sólo el camino que había escogido, dar sus dones a los demás, y con eso le bastaba.
Cuando el espectáculo acababa y los focos descansaban oscuros y fríos, él miraba por la ventana que daba a la calle observando como su público salía del teatro con el corazón aligerado y lleno de optimismo mostrando una pura y sincera sonrisa... y él sonreía también. Luego el silencio y el regreso de sus fantasmas a su mente. Soy la imagen del fracaso. Llevo la pena sobre mi espalda, detrás, La carga más pesada.

Cuando sale a la calle Anda despacio sin rumbo y sin plan, sonámbulo, por las calles atestadas de gente absurda y cosas absurdas. Los párpados le pesan kilos y ya ni siquiera mira el bullicio de la gente. De estación en estación, de calle en calle, se mueves al azar por la ciudad, como una partícula infinitesimal en el espacio infinito. Nadie pregunta que le ocurre, nadie le oye. No le ven, no le percibe nadie. El tiempo ya no pasa linealmente, ha perdido toda coherencia y rigor. La hora es lo de menos.
El sol le calienta la cabeza, y la espalda. No puede pensar, esta sudando, pero da igual. Lo importante es tratar de no pensar. Lo importante es, ahora mismo, nada. Absolutamente nada. El camino se hace estrecho, luego ancho. Semáforos, autobuses, gente y calor. Una triste melodía.

Vuelve al teatro que es su fortín; Ahora el teatro está vacío, sólo el pasea por él como un fantasma que vaga por un castillo abandonado y olvidado. En la memoria el recuerdo de la última actuación y el deseo de la llegada de la siguiente. Pero su mente le recuerda una y otra vez que de un tiempo a hoy tan solo ya es un simple monologista fagocitado por las tablas del escenario. Que ya es otro actor de esa especie de micro teatro que hacemos a diario de nuestra vida, esa pequeña función llena de dramas unas veces y comedias otras. La sensación que tiene ahora es que cohabita en un pequeño circo lleno de otros Polichinelas, Arlequines, payasos y danzantes que brincan y bailan saliendo de su cerebro una y otra vez.

Vuelve la vista hacia el escenario y nota como la ausencia casi total de luz en el escenario le sumerge de nuevo en un universo de sensaciones sonoras, olfativas, táctiles. Crea en su mente un clima escénico de ilusión y fantasía. Donde de nuevo le convierte en un receptor de percepciones. Sin embargo, en el momento que desvía la vista de las tablas el vuelve a la realidad. Ha ese estado en el que vive desde hace un tiempo donde solo esta el y el mundo. Un estado donde Las sombras y sus dudas bailan acompasadas revoloteando alrededor suya, mientras el resto de personas viven lo cotidiano plácidamente.
No es una sensación placentera, ni mucho menos cómoda el sentirse solo. Ha pasado tres horas sentado en su camerino y sigue pensando en eso; en el gran teatro que ha sido su vida. En los actores y en las actrices; en los paisajes y las escenas que han sido actores y atrezzo en su obra.

Se auto consuela pensando en el pasado y en lo mágico y a la vez enigmático que eran su actuaciones en las que ni el sabía que pasaría a continuación; en el siguiente acto. A pesar de que era parte de ella. Muchas veces la dinámica de la obra le sorprendía, otras solo disimulaba que no sabía lo que iba a pasar. Por mas que intentaba saber de primera mano el guión o cuanto menos el desenlace, era difícil saberlo.

No es hasta que llega a su austero camerino, que nada tiene que ver con la ostentosa decoración que envuelve el resto del teatro, y en esa obscena soledad recuerda cuando la inspiración limpiaba la sonrisa dibujada en su rostro, cuando los ecos que correteaban traviesos por el yermo teatro traían entre las sombras el llanto de un payaso, de un Polichinela al que la inspiración le abandonó a su suerte…

miércoles, 11 de mayo de 2022

EL OLVIDO.

 

Sí... te olvidé, es cierto. Te olvidé tantas veces que ya ni recuerdo. Te olvidé cien veces cada día y otras cien cada noche... pero ahora sin saber cómo ni por qué, me acordé... Me acordé de besos con sabor a mar, de pies fríos y descalzos, de un secreto que guardar. Y durante ese instante olvidé tu olvido y tu descuido al dejarte olvidar, ignoré tu silencio y encubrí tu mentira... me olvidé de llorar...
 
El tema de mis conversaciones no distaba mucho de un único tema: ella. Si ese día mis comentarios eran respondidos, ella era un ángel; Y yo brindaba por un futuro feliz. Si resultaba que ella renegaba y me esquivaba, ocupada en otros asuntos más importantes, ella era una maldición.
Cómo querer olvidar el tiempo, cómo decir que el ayer no existió si en mi mente cada día, fueron horas de sufrimiento, de dolor, de ausencia. Cómo entregarte mis besos como antes,cómo desafiar al mundo con mi sonrisas si dentro de mí brotan lágrimas. Cómo volver a amarte sin reprocharte nada,si lo único que me pregunto es porqué sucedieron las cosas, porqué te fuiste sin decirme adiós; ¿ porqué no volviste de inmediato para darme tus besos y tus ganas de soñar juntos?. Cómo cerrar los ojos en una noche donde brillan las estrellas, donde la luna es consejera de mis actitudes; donde desafío al sueño para no dormirme y así poder contarle a la noche qué me sucede, qué pienso sin tenerte y en qué pienso.
Hay mucho ruido en esta habitación, son los ecos de las voces de ella "¿y que hacemos?" . Palabras, gestos, emociones, aire compartido, respiraciones entrecortadas. Casi nos confundimos uno con el otro y al final siempre conservamos con gracia la identidad y la cordura siempre estamos de vuelta, hace un tiempo no muy lejano me dijiste: " tu no eres ni tan siquiera el dueño de tu respiración" y aun sabedor de que no te equivocabas yo te respondí: "hay que tener piernas fuertes para escalar sin cesar por los días y las noches, y descender las noches y los días" Y nos fuimos otra vez con pasos apresurados por calles diferentes de nuestro mundo imaginario en busca de nuestro barrio de mundanal realidad.
 
Aunque sigo viviendo en ese mundo imaginario . Y no es culpa mía, porque sigo viendo crecer pinos encima de las dunas, veo caer la nieve en las playas de Motril, sigo viendo llover primaveras en unos labios que no me pertenecen. Y puestos a confesarte algo te diré: que la hierba sigue creciendo en este rincón tan mío como tuyo , y que todavia algunas veces la lluvia se me clava en el costado izquierdo como dagas certeras. El que sigue apoyándose con aire de cansancio en las viejas y oxidadas barandas del muelle del puerto de Motril, por el que nunca me he cruzado contigo. Y me siguen doliendo los brazos al recordar los tuyos.
¿Cómo olvidarme de tus caricias?, de tus besos infinitos, de tus palabras. Cómo querer olvidar que no te tengo y que sufro con tu ausencia, que cada noche brotan de mi mente mil pensamientos que te traen de nuevo a mi corazón pero te impiden regresar.

sábado, 7 de mayo de 2022

PARAPETOS HECHOS DE PALABRAS.

Dicen que si la mente no piensa se atrofia y consecutivamente se detiene, deja de funcionar; Jamás ocurrirá lo mismo con el tiempo, jamás se estancará. Cuanto mas lo piensas mas vertiginosamente se escabulle; quizás existen días de pocas horas, quizás en realidad lo que sucede es que el hombre olvida, posterga, cancela, cuando el esparcimiento lo alcanza,

Porque la oscuridad nos perturba como depredador agazapado esperando a su presa y por ello algunas personas creamos un parapeto imaginario hecho de cuartillas y letras. Uno puede escribir…pensar y plasmar esas frases que merodean en sus sienes sobre algún papel desnudo…es simple.
Puedes escribir un drama… ¿eso significa que tu vida lo sea? Puedes escribir sobre el amor, Puedes desmerecer, degenerar, menguar tus palabras escribiendo… siempre serán mas armoniosas, afinadas, concisas, dentro de tus pensamientos. 
 
Las palabras empiezan su agonía al ser escritas…es como arrojarlas a un mundo de injurias, prejuicios, ofuscaciones e insultos donde deberás verter su tinta en un fluido sacrificio por ser comprendidas…
Las palabras es lo único que necesito para darle un sentido, aunque sea puntual a mi vida, a mi mundo emocional. Para sentirme en ese momento libre y volar. Por que cada día puedo inventar y traer los recuerdos y sueños al presente y así volver a vivirlos. Para mantener viva la palabra. Sirven para poder reinar esos instantes sobre la muerte. Para sentir como renazco cada día. Para rescatar flores de las cenizas. Para velar el sueño mientras todos duermen. Para que a otros les sirvan para apuntalar su sueño. Para servirme como alimento espiritual. Para unir con una cadena imaginaria lo posible con lo imposible. Para salvarme del voraz apetito del lobo.
 
Las palabras sirven para hacer sentir más vivo el vivir. Para denunciar cuando el poder corrompe. Para alentar y respetar todas las otras formas y opiniones de ver las cosas. Para la fidelidad incondicional a mi forma de pensar. Para que no se borre la memoria de los pueblos. Para un no sé qué.Para aprender descubriendo los secretos del mundo. Para no hacerme sentir que llevo el infinito a cuestas. Para describir la sensación que me produce tu mirada. Para despertarme a latigazos el silencio. Para defender que la palabra no es una sociedad anónima... Que tampoco es unipersonal.
 
Las grandes ideas que se plasman en palabras implican grandes abnegaciones… nos apartan del mundo y sus días soleados porque necesitan tiempo para gestarse, como si la mente fuese una ostra moldeando una perla…una semilla pronta a germinar… La desgracia es sin lugar a incertidumbres una fuente sabia de aprendizaje…la perdida, una buena institutriz y los días de lluvia, una sublime institución para sus aprendices.
 
Los indios shuar, conocidos también como jíbaros, escinden la cabeza del vencido. La cortan y la reducen, hasta que cabe en un puño, con el objetivo de que el vencido no resucite. Pero el vencido no está del todo abatido hasta que le zurcen la boca.
Motivo por el cual le cosen los labios con una fibra que jamás se pudre. Porque las palabras son el alma del que todos hablan, porque las palabras trascienden y son inmortales, son la esencia…amarga cual cítrico o dulce y sutil como la caricia de una madre…como si fuésemos frascos de perfume… de buena o mala calidad. el hombre es el único animal que come sin tener hambre, bebe sin tener sed y habla sin contextos, habla sin tener nada para decir…