Ya sé que cuando me pongo serio os fastidio un huevo, pero a veces, muchas veces, está el patio como para ponerse serio. Además, me servís de terapia y desahogo barato. Mi agradecimiento.
Llevamos 15 años predicando en el desierto. 15 años recordando a la parroquia que se nos viene encima una debacle, que los sabios ya predicen lo que va a pasar y que hay que prepararse. 15 años contemplando como van llegando, uno tras otro, los avisos, mientras el mundo se descompone a cachitos, por pitos o por flautas. Luego dirán que es una sorpresa y que nadie la vio venir. Somos unos capullitos. De alelí, pero capullos.
Todo esto de la pandemia, la desertización, la temperatura global imparable, la guerra del loco Vladimir y demás señales deberían pillarnos preparados y bajando al refugio del Metro de Villaborregos de enmedio, pero nada, aquí solo se piensa en el tortuoso retorno a la normalidad por la cara, sin cavar trincheras, sin tocar a rebato, sin que suenen las campanas convocando a los vecinos a rebato. Y sin tomar medidas en el ahorro y la eficiencia energética ni preocuparse de qué comerán los hijos y los nietos en un futuro sin futuro. Pero nadie quiere ni oír hablar del derroche energético y la ineficiencia energética, íntimamente unidos. Que no pare la fiesta.
Hace 5 años, hablar de una pandemia como la que hemos vivido era increíble, impensable, propia de agoreros y gafes. Y pensar en una guerra europea con amenazas nucleares de por medio, chulos de remate y éxodos masivos solo podía ser un cuento chino, propio de echadores de cartas y horóscopos astrales de tercera.
¿Y Los políticos? Los políticos en Babia. Son como niños que no hacen los deberes y solo esperan que los vuelvan a votar cada cuatro años para seguir sin hacer los deberes; y se mantienen altivos con un toque de apariencia...hasta que abren la boca para decir chorradas inconsistentes y mentiras persistentes. Tienen bula bulera cascabelera.
Hay expertos que dicen que lo que nadie quiere escuchar no se escucha. Y es que el mundo está poblado por millones de avestruces, dándole la vara a unos cuantos neandertales que no saben en la que se han metido. Los avestruces tienen dos particularidades: que su carne es muy saludable, dentro de lo que cabe, y que cuando se ven en peligro no se les ocurre otra cosa que esconder la cabeza bajo tierra; hay que ser tonto de remate. No dan para más. Como los humanos.
Abuelo OBERTO, ¿Tendremos siempre comida? Posibles respuestas:
a) Sí, cariño, Dios proveerá (Ya, pero es que Dios debe estar ocupado pasando revista al arsenal de misiles que nos está preparando)
b) Si, cariño La Ciencia lo resolverá. (Ja. Tarde mal y nunca; ya estamos haciendo trekking en un camino sin retorno)
c) Pues no sé, cariño, cuando lleguemos a ese puente ya lo cruzaremos, (haciendo bueno el dicho que dice que nunca tenemos tiempo para hacer las cosas bien y siempre tenemos que sacar tiempo para repetirlas).
d) Pues parece que no y cállate, so cenizo. (Además, no me preguntes que ya sabes que es cosa de tu madre y la intendencia la lleva ella y yo no estoy para idioteces).
Y así nos va.
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