lunes, 10 de junio de 2024

DE MOMENTO SIGO TENIENDO DOS OREJAS.

Hoy me he hecho una radiografía y debo de decir que un poco antiguos los equipos de radiología sí eran, la verdad. Fijaros si eran vintage los aparatos que juraría ante la biblia ( Bueno, eso no) a pies juntillas que me la ha hecho el mismísimo Wilhem Conrad Röntgen en persona, no te digo más.

He estado expuesto a una radiación de  100000000 mSv y estoy esperando a ver qué superpoder desarrollo. De momento sigo teniendo sólo dos orejas. Pero la puerta automática de salida me la he comido entera con la cabeza al fallar el volumétrico... lo mismo en los bares tengo que orinar a oscuras...

El jueves voy al fisio y me he hecho un cursillo de esos intensivos y rápidos de anatomía del tobillo porque lo suyo es ir un poquito informado para que no se te quede cara de acelga cuando te hablen de manguitos rotadores (bueno, o lo que sea). Después de consultar 30 páginas de traumatología, fisioterapia deportiva, 3 foros especializados en cinética muscular y ver 156 vídeos de recetas con clara de huevo y brócoli para culturistas y cuatro documentales de las olimpiadas Múnich 1972; He llegado a la conclusión que es más fácil arreglar la fuga de la brida del cardán de un Renault Clío del 92, porque el déficit de atención también me lo tengo que hacer mirar un día.

sábado, 8 de junio de 2024

ÍNTIMO Y PROFUNDO.

Ahora que de un tiempo a esta parte me he puesto en modo " íntimo y profundo" os quiero hacer una confesión. Hay dos cosas que me producen mucho desasosiego y un profundo malestar cuando me veo obligado a hacerlas: Y son aplaudir y dar propina.

La segunda porque parece como que quiero  situarme en una superioridad económica, social y moral que ni tengo ni deseo. El camarero, por ejemplo, hace bien su trabajo (como debe ser) y recibe por ello un salario digno, un trato digno con un horario digno (como debe ser). Si alguna de estas premisas no se cumple, protestaré. Que no le quepa la más mínima duda que lucharé junto al camarero por un salario digno para él y para mí. Pero no iré a su lugar de trabajo a creerme por encima de él por unos céntimos de propina.

En cuanto a la primera, a los aplausos, sólo hay dos momentos en los que me nace aplaudir: cuando escucho las notas finales del Nessun Dorma o cuando un trago de buen vino hace que se me salten las lágrimas. El arte, en general, sobre todo la música, me emociona y me induce al reconocimiento público y espontáneo. Todo lo demás me parece puro construccionismo social, convencionalismos de un mundo con los valores preestablecidos y jerarquizados. El aplauso es el consenso no consensuado, la uniformidad impuesta, el triunfo del "habitus" sobre la singularidad creativa y enriquecedora.

A veces, demasiadas veces me pongo a aplaudir porque es "lo que toca" y llevo sin oír el Nessus meses así que viva er vino, porque... no me voy a señalar ahora, pensarán que voy de intelectual excéntrico, o de "enfant terrible" pasado de años, o de vete a saber qué. Aplaudo y ya está. Pero me siento muy incómodo. Así que, si no me veis aplaudir nunca, no me lo tengáis en cuenta.