Todo lo bueno en la vida nace de un simple pero a veces complicado salto al vacío.
Deberíamos sentir la necesidad imperiosa de asomarnos al abismo de la vida y cuando lo tuviésemos claro saltar, pero saltar sin tirabuzones ni triples volteretas, simplemente y llanamente saltar. Pero antes escuchad al corazón y al instinto, y poner también mucha reflexión para evitar la ceguera.
Porque tan ciego está el que no quiere pensar como él que no quiere sentir o escuchar su corazón. Ambos tienen que estar despiertos, latiendo y trenzados.Los abismos no son vacíos, están llenos de posibilidades, lo que sucede es que muchas veces no nos atrevemos ni a mirarlos por el pánico que nos da provocar un cambio radical. Pero precisamente en los saltos al vacío es donde pueden emerger realidades inimaginables.
Será porque tengo la intención de ser irreverente, o sencillamente porque sí, pero he de reconocer que llevo bastante mal lo de acatar las normas. En general tiendo a saltármelas todas de un modo alarmante, supongo que por eso no tengo cabida en ciertos grupos, ni pertenezco a ningún club que se rija por algún tipo de estatuto. Mucho peor que tener que cumplir con las normas no escritas pero de como rige la moralina por desgracia reinante de soportar a personas a tu lado y su maldita manía de tender a ‹‹domesticarme››. Domesticar del verbo domar, lo cual aplicado a las personas suena horrible, mucho más cuando quien trata de imponértelo son las personas mas allegadas a ti.
Pero ya sabéis, quiénes conviven en lo cotidiano contigo al final los vemos equivocadamente muchas veces como nuestro peor enemigo. La cuestión es que las personas tratan de ‹‹domesticarme›› en cuestiones que para mí son intrascendentes. ¿vacaciones? Que no, que cojo vacaciones cuando me parece, como si es febrero, como si no me voy a ninguna parte, que para mí la desconexión es… ¿Yo qué coño sé cuándo desconecto? Si eso no sé ni dónde se compra, pero tampoco me importa si lo venden en la droguería o en la ferretería. Volviendo al tema que me ocupa, por qué narices tiene que haber personas a mi lado que intenten ‹‹domesticarme›› y decirme como postularme por ejemplo en una tendencia política. Yo soy una persona.
Cuando descubro que está sucediendo tengo muy claro qué hacer. Meto a los ínclitos en una enorme caja, le pongo un gran lazo, una pegatina bien visible que ponga con letra clara legible la palabra "destino" seguida de dos puntos y a continuación el domicilio de la coño de la Bernarda.
A renglón seguido llamo a la primera empresa de paquetería que aparezca en Google (no miro precio ni nada), para que se encargue de recogerlos a domicilio lo más rápido posible y de entregarlo a la velocidad del rayo.Ya sé que la otra opción es darles una patada donde la espalda pierde su casto nombre, y devolverles a sus mundos de dominadores emocionales, pero es que nunca he sido un hombre violento y tampoco le deseo el mal a alguien que me es completamente ajeno.
Por cierto; queridos y estimados amigos y amigas, si leéis esto ya sabéis cuál es vuestro destino si se os pasa por la cabeza la idea de ‹‹domesticarme››, porque tened claro, ni seriáis los primeros y evidentemente ni los últimos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.