jueves, 7 de noviembre de 2024

ENTRE TANTA MÁSCARA.


Y se abrió el telón de la obra más patética jamás escrita, donde el protagonista es el espectador pasivo de mi propia vida. Con esfuerzo intentaba cambiar mi sino y, a veces, parecía que lo había conseguido pero no era así. La esperanza, intensa y efímera, y de una forma sibilina y oculta penetraba en los más recónditos lugares de mi pensamiento; insinuándose, provocándome para que siguiera jugando a un juego que no podía ganar. ¿Hay sabor más amargo del causado por el rechazo? Puedo afirmar, por experiencia, que no lo hay.

Entre tantas máscaras que he vestido me he perdido a mí mismo; ya no se quién soy, ni adónde voy ni adónde quiero ir. Antes sentía por lo menos odio, ahora, la insípida apatía me consume como una enfermedad terminal. Gris... gris... el mundo está gris e inerte. No hay sonido alguno;  pero, si agudizo el oído, puedo todavía escuchar como si de un eco se tratase los gemidos ahogados de mi ser pasado.

Realmente no lo sé. Hay veces que no me reconozco. No puedo medir, cuantificar y cuanto menos calcular los granos de arcilla que hacen de mi lo que soy. No sabría a ciencia cierta en qué momento exacto he cobrado conciencia de mi mismo. Antes; en un impertérrito pasado, quizás se encontraba mi conciencia aletargada, o quizás ni existía.

Para mi el vacío lo era todo y al mismo tiempo simplemente no era nada. Yo lo definiria como una inercia, que me llevaba a permanecer invariante, sin cambios. Me mantenía en un circulo vicioso en pleno bucle emocional; Me mantenía encerrado en un elemento trivial sin función alguna y sin meta futura.

Me siento vacío, sin ninguna aspiración. Mi musa duerme desnuda seguramente en el balcón de cualquier otro aprendiz de escritor, quien sabe. Recuerdo cuando era extremadamente fácil encontrarla en cualquier garito donde se escuchaba la música de fondo, y como primer plano se encontraban las cervezas y el humo de unos cigarrillos.

Lo que me gustaba de esa imagen es que en el fondo, casi desapercibido se podían apreciar los labios desgastados de aquella camarera. Esos silencios que flotaban en el ambiente que se quedaban en suspiros, prefiero matarlos con besos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.