Luis estaba sentado en su mecedora mirando desde su balcón el mar, parecía que estaba dormitando con los ojos abiertos; pero realmente estaba esperando pacientemente el beso de la parca que sentada tranquilamente a su lado, con un silencio apacible iba deshaciendo los hilos de la costura de la vida y enhebrando los segundos de la muerte.
Recordaba las ultimas palabras que le dijo a su mujer días antes desayunado después de visitar a su médico: "Cuando pienses en mí, hazlo con una sonrisa. Nada entre nosotros podrá ser nunca triste. La muerte nunca encontrará tu escondite en mi corazón."
Y es que en un instante imaginó que la muerte era como el tono que toma la herrumbre, como ir descalzo y vestido con su mejor traje por un camino suave y sin recodos; como entrar a un gran huerto donde huele a yerbabuena y albahaca. "Sí, la muerte debe venir en forma de pájaro con alas de seda; verdes quizá; y sus plumas, encajes de colores." Balbuceó entre dientes.
Conversa con el silencio, jamás le hizo ningún reproche. Confia en la soledad del momento, jamás le ha defraudado. Ve con los ojos cerrados, lo que ocurre en la oscuridad que se está apoderando de el y es infinitamente más placentera que lo que sucede en el mundo exterior, el mundo de todos.
Recordó inmensamente su niñez, justo antes de empezar a armar el rompecabezas de su existencia. Porque, a partir de un tiempo su vida fue como aquel pasatiempos . Tenía las fichas de su nacimiento, de su niñez, de su juventud, de sus logros, llantos, risas, etcétera; pero se le extravió la ficha principal la del motivo de su existencia. Y aún, después de un paciente trabajo de búsqueda mental, no la halla. Como rompecabezas antiguo, no hay imagen guía, sólo un sugerente título: TU VIDA.
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