martes, 7 de mayo de 2019

CADENA OXIDADA.


Y ella se repetía una y otra vez en su cabeza que nada tenía porque salir mal, pero al mismo tiempo trataba de luchar contra ese conformismo y “sobre esperanza” que luchaba en su interior y que lastimaba hasta su último pensamiento. 

¿Por qué tengo que esconder mis miedos cuando se trata de una decisión mía? Se preguntaba mentalmente una y otra vez. Cansada y agotada sentía como el nudo de su garganta cada vez se hacía más grueso y casi dolía al tragar; como un sutil hormigueo recorría sus brazos desde los hombros a la punta de cada uno de sus dedos, como sus pensamientos volaban tan rápido en su cabeza que apenas tenía tiempo de observarlos y reflexionar sobre cada uno de ellos. Nada tiene sentido, se decía una y otra vez. 

También se culpaba por ser tan cobarde y no ser capaz de volar. Volar lejos allí donde la esperaban sin mirar a atrás. De romper cada vínculo, cada idea preconcebida, cada cosa que se esperara de ella… y empezar de cero. ¿culpabilidad? ¿cobardía? ¿dependencia? ¿miedo? ¿inseguridad? ¿fracaso?. Su mente la traicionaba por segundos y ella se escondía en su pequeña coraza cada día más y más. A menudo su corazón palpitaba muy deprisa y sus ojos luchaban por no ser inundados de tristeza. Cada músculo de su cuerpo combatía contra su cabeza, ellos morían por escapar, pero ella prefería no enfrentarse al miedo que genera eso de empezar a vivir de nuevo. 

¡Maldita cobardía!, se repetía una y otra vez mientras se disponía a seguir con su rutina. Así durante 16 años viviendo en su zona de comfort ajena al exterior y a la tormenta.

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