jueves, 30 de mayo de 2019

EL TIEMPO IRRECUPERABLE.

Cuando llego a casa por la noche agotado de pasear, de mis viajes a ninguna parte, entro directo en mi habitación, allí tumbado en la cama con la luz encendida, solo oigo el ruido del ventilador al girar y algún coche en la lejanía  que pasa de vez en cuando, o quizá, las voces y gritos de alguien que atraviesa la calle vacía reclamando la atención de quien le quiera oír, producto de los vapores etílicos o de andar en debate abierto con el mundo.

Genio, mi perro duerme en el suelo del salón, roncando de vez en cuando. solo interrumpe el ronquido cuando bufa y gruñe producto quizás de alguna pesadilla. Mi habitación es mi subterfugio para pensar; de él han salido ideas geniales como también han salido proyectos futuros, pero nacidos con el estigma de una muerte anunciada. Es mi castillo, mi refugio; aunque algunas veces tengo la sensación que habito en un castillo de naipes, que una ráfaga de viento gélido y glaciar lo va a derribar sepultando todo lo que contiene, incluida mi persona. 

Comienzo a pensar y divagar: un cúmulo de imágenes y palabras se dibujan y van cogiendo formas entrecortadas en mi mente. Recuerdo y repaso los últimos acontecimientos vividos en el silencio que me otorga mi guarida. Mi vida últimamente transcurre cómo si fuera una marioneta movida por alguien que ya no sabe como bajar el telón y terminar la historia. Marioneta con los hilos ya desgastados, flojos. Sin ganas ya de nada, agotado de intentar hacerlo todo. No pertenezco a una generación perdida. Soy de una generación corrompida con demasiadas opciones, demasiadas cosas, demasiadas tecnologías, demasiadas facilidades; y en definitiva, demasiado solo.Una nueva etapa llegará…pero cuando cohabitas y vives en un momento de transición obligado por un maldito lobo que me esta devorando las entrañas cuesta mucho mirar hacia adelante, y anclarte o aferrarte con fuerza en el pasado parece más cómodo, o más fácil. 

Nunca me han gustado los cambios bruscos y cuanto mas ,impuestos. No lo acepto bien. Yo no soy una de esas personas que no tienen de nada, pero tampoco de esas que tienen de todo. Y lo que he tenido que fuera mío me ha costado un esfuerzo, y por eso precisamente me martiriza y duele tanto el perderlas. Pero como animal racional, ósea tonto, cuando ya lo consigues piensas que nadie te las podrá quitar, ni te imaginas que sería el estar sin ellas, porque, ni te lo planteas. Así que, las descuidas, y cuando las pierdes del todo piensas que ojalá hubieses aprovechado mejor el tiempo que se te fue concedido. Pero nunca y en mi caso mas, se sabe cuánto va a durar tu tiempo, nadie dispone de un reloj que marque tus pautas de vida, tus decisiones. 

Es como una lotería. Nunca lo sabes. Y el tener prisa también puede hacértelas perderlas antes de tiempo. Por eso, cuándo estoy tumbado en la cama, mirando hacia arriba; hacía un techo blanco impoluto con pequeñas grietas, me doy cuenta de la monotonía, y de la calma que me rodea, porque aquí si soy dueño de mi tiempo. Tumbado desde mi tálamo miro por la ventana, pero el paisaje no es mejor, sigo sin ver nada esclarecedor ahí fuera, algo que me oriente el camino a seguir, si no lo veo en mis paseos diarios, ¿Qué me hace pensar que desde mi castillo los conseguiré ver? pero mis ojos sistemáticamente y producto quizás de un acto reflejo recorren el espacio abierto una y otra vez...

Es cómo si todo el sol, todos los cielos azules, todos los campos verdes y todas las alegrías del mundo se fundieran y desaparecieran en un suelo yermo y estéril. De todas formas sin las flores, seguiría sin ser una primavera. Sin olas seguiría sin ser el mar, aunque toda la arena, el agua y la sal se juntaran... Cuando lo más importante, que es la fuerza, falta, porque te niegas a seguir luchando, no sirve de nada colgar una flor o empujarte con una ola de mar, porque aún así no va a funcionar.  Y ahora en mi soledad, una larga calle sin salida se extiende ante mí en línea recta, oscura, solitaria, desangelada; imaginando  sombras y ojos que me persiguen. Imaginando gritos desgarradores, oigo palabras que me hieren. Siento los golpes que me lanzan, y veo vientos de cambio que no se detienen, pasan de largo ante mi presencia. 

La habitación empieza a dar vueltas donde el eje de rotación soy yo, la puerta del dormitorio da un golpe seco y despierta de sus ensoñaciones a Genio.Voy al baño; abro el grifo y meto la cara debajo. El agua fría tal vez me despeje. Me vuelvo a ver solo en la semioscuridad, con la leve luz de mi mesita de noche a mi derecha. Me tumbo en la cama otra vez, e intento aliviarme haciendo lo que últimamente hago, inconscientemente intento llorar por perder mi tiempo en futilidades y dislates mentales que me entumecen el cuerpo hasta doler,  pero no lo consigo, no tengo lagrimas. Así que ya solo me toca dormir, soñar y olvidarme de todo por esta noche, hasta que me duermo y llega un nuevo día.

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