¿Qué serías capaz de hacer por amor? ¿Qué acto supremo
harías por despecho hacia la persona
querida? La visión de los peces nadando en el estanque del jardín era su única
distracción en el soleado verano. Sentía cierta envidia porque en lo más
profundo de su ser quería parecerse a ellos, su modo de vida, su forma de ser
ajenos a todo lo que les rodea. Pero lo que más deseaba, era hacer suyos esos
tres segundos de memoria que poseían; lo fácil que hubiera supuesto para ella
pasar página en esos segundos, olvidarse de todo y no recordar esos tormentosos
recuerdos que la habían traído hasta aquí, pero…no es tan fácil. Demasiados
ansiloliticos en forma de orfidales habían formado la espina dorsal que durante
mucho tiempo sustentaron su malparado y ajado cuerpo. El edificio era una construcción vetusta pero no sin cierto halo de modernidad; su funcionalidad inicial fue la de hotel, rodeado de amplios jardines y parterres coloridos delimitado por el sur con un hayedo centenario y por el norte por un lago artificial de aguas de un color ocre claro. Ahora era un centro de internamiento de reclusos con problemas psicológicos; gente desechada y paria de la sociedad.El verano en Madrid llegaba a sus albores, por el día el sol salía con todo su apogeo provocando una sensación de calor asfixiante en contraposición de la noche que era fresca, rozando la gelidez.Todas las mañanas los internos las pasaban en los amplios jardines paseando o sentados en los vetustos bancos que rodeaban el estanque.El sol pegaba esa mañana de lleno, con todo su brío. Elisa, lejos de buscar el arropo de las agradecidas sombras del hayedo, se dirigía inmediatamente al estanque, donde no había ninguna fugaz sombra; ella ajena al sol y la calima se sentaba al borde del estanque y orientaba su mirada a las pequeñas carpas de mil colores que habitaban en el estanque. Envidiaba su fingida libertad, envidiaba su efímera memoria…Era una mujer muerta, no viva. No escuchaba pero oía; no miraba aunque veía. No opinaba, porque creía. no quería, pero si amaba. No pensaba, no podía. No avanzaba y sin embargo se movía. Era una mujer que moría su muerte, un día tras otro.
No pretendas ni me quieras matar sin razón ni motivo.Más aun sabiendo que tu ambición ha viajado montada a caballo en un rabo de nube; ya simplemente para mí solo eres un cardenal y una cicatriz en mi marchito y ajado corazón. Maldito embudo de boca angosta y desordenada, ojos marchitos de carámbanos por lacrimales. Quizás me siente en el malecón a esperar que lleguen a buen puerto mis anhelos y ansias. Las ansias de una paria a la que has dejado huérfana de sentimientos. He sido prisionera de tus dedos cuando me abrazabas. He sido esclava de tus cadenas imaginarias. Algún día dejará este corazón de tener memoria de pez y ese día...Y ese día te juro amor mío que el sueño que siempre llega tardío se hará cuerpo y carne; y lo peor...será tu realidad en la que maldecirás el día que me conociste…
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