En
insomnia conviven poetas, músicos, pintores y escritores, parias de renglones
taciturnos, pentagramas difusos y pinceles indelebles. Donde las musas
trasnochadoras divagan una cordura casi fingida antes de que salga el sol. En
insomnia la luz del sol brilla `por su ausencia, si acaso ya a últimas horas
crepúsculos del alba entrevenados con una suave brisa taciturna. País fecundo
en ideas y locuras y transitorias plasmadas en folios arrugados y partituras
emborronadas de corcheas y semifusas paridas a golpes de ritmo y compás; por no
hablar de lienzos donde dos pinceladas nos hacen creer una obra de arte.
El
silencio es su aliado, el ruido distrae la fecundación de ideas y el parto de
obras. Quizás distrae el ruido del hielo diluyéndose en un vaso de ron o el
chasquido de una pavesa de cigarro a medio consumir, el artista convive con ese
soniquete y no solo lo ve como algo normal, sino que lo adapta al ecosistema de
insomnia. El tiempo pasa para todos sus habitantes por igual en ese país, se
convierte en algo atemporal, el ínfimo instante de una nota musical o de una
frase escrita puede ser un universo temporal. Como a la vez una fusa o una
palabra es un golpe de cansada manecilla de reloj. Insomnia es un mundo
paralelo donde convive el bipolar y el cuerdo, el listo y el tonto, el creativo
y el lerdo, el rico y el pobre, el locuaz y el tímido, todos durante el día
viven en un paisaje ramplón y de noche son caciques del raciocinio y de la
cordura. Nadie pasa desapercibido en insomnia, su atmósfera viciada de la noche
contamina hasta al mas necio, inoculándole el virus del intelecto, en mayor o
menor medida, pero intelecto a fin de cuentas.
Ese intelecto y creatividad
dormido durante el día o aletargado por el estridente ruido y el somero
convivir con los problemas cotidianos, que nos hacen ser durante esas horas
desertores y renegantes de nuestro país imaginario. Insomnia se alimenta de
grafito, tinta, pentagramas, papel, lienzo, de golpes de pincel, letras y
renglones distraídos, susurros de canción. Los habitantes sabemos que no es una
dieta equilibrada, o quizás sí. Pues es un país tan anárquico que no
discernimos entre lo que está bien y está mal.
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