¿Alguna vez has reparado un rato en observar tu propia
sombra? ¿La has visto proyectarse sobre otras sombras y personas? ¿Has mirado,
al andar por la calle quien vive en verdadera coexistencia con las demás
sombras?. Hoy dando un exiguo paseo me dí cuenta de que hay un mundo paralelo a
la altura de nuestras sombras, Sin techo, sin trabajo, sin dinero, sin higiene,
sin estereotipos, sin prisas… Y la inmensa mayoría de personas pasamos a su
lado sin ni tan solo fijarnos en esas sombras. Es como si les alumbráramos con una linterna imaginaria con las que quisiésemos difuminarlas y sacarlas de la oscuridad en las que se hayan inmersas, pero no nos equivoquemos, no lo hacemos por un sentimiento de comprensión y cuanto menos generoso, simplemente queremos evitar verlas, atraparlas en el olvido avocándolas en una caída libre, hundiéndolas mas en su sórdida y cuanto menos miserable penumbra en vez de ayudarlas a levantarse. Incluso a veces nos podemos sentir ofendidos si tienen la osadía de salir de las sombras para pedirnos algo. Que curiosos somos, a veces. Fingimos a menudo nuestra preocupación por la sociedad, y incluso por problemas triviales, pero si alguien está tirado en la calle, no arrojamos más que nuestra sombra, y apartamos la mirada como si no existiesen, para no decirles, no.
En cambio, de noche, cuando todos son sombras, ya no están en las calles concurridas pidiendo. Las verás durmiendo bajo un techo de cartón. O quizá en un cajero, tumbadas junto a alguien que saca dinero, pero no creo que sea para darle ni un céntimo precisamente. Quizás en un breve espacio de tiempo nos damos cuenta de lo cruda de la situación, pero camino a casa nos auto justificaremos diciéndonos a nosotros mismos que la sombra no tenía la mano extendida a modo de rogativa. A veces, cuando es de día y ando por la calle, pienso que algo no va bien. ¿Están ellos en las sombras, o somos nosotros, que perdimos el rumbo y no sabemos navegar entre ellas? El día de mañana me esclavizaré aun mas en mi modo de vida para no estar a la altura de las sombras, y caminaré por la calle mirando al frente, no sea, que ya no haya nadie en las sombras, y descubra que ahora soy yo el último escalón.
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