Realmente me empiezo a plantear que hago aquí.
Escribir esto desde las profundidades del mar no es fácil, la arena es
demasiado fina y no consigo por mas que lo intento que las letras se mantengan
más allá de dos o tres segundos entre corriente y corriente por mucho amor que
ponga en escribirlas. Además, me distraigo fácilmente con el baile hipnótico de
las algas, me fijo con curiosidad en el color divertido de los peces payaso, la
luz que irradia el pez loro que no habla, con la apariencia de robustez del
besugo o simplemente con una dorada que parece un espejo marino.El rodaballo se
esconde bajo la arena y luego por más que observo el fondo no hay forma posible
de verlo. La sepia me engaña con sus camuflajes, con sus antojadizos disfraces
que siempre he creído que no viene a cuento, que lo hace para lucirse. Las mantas-raya vuelan dulcemente por el agua como queriendo acariciarla, me embriaga verlas volar... no digo que no. Los corales son adornos sobre adornos, y dice la gente entendida que son animales... no sé yo...yo soy nuevo por estos lares, La morena me muestra su risa espantosa que me asusta. A veces, desvío la vista hacia arriba porque un barco araña el techo del agua, pero dura poco el surco que quiere dejar. Pasa rozándome una tortuga que lleva una cicatriz en su lomo duro. No me saluda. Es hermosa, mucho, pero aburrida, tremendamente aburrida. Las anémonas tocan una trompeta peluda que no suena, o yo no consigo oír. De repente, un desfile improvisado de cigalas cruza por mi lado. La de delante enarbola sus antenas para que ninguna se pierda. Me distrae tanto su marcialidad casi militar que casi me muerde una ostra gigante...es muy vengativa y rencorosa, si yo hace días sólo quería saber si tenía una perla. A veces un pájaro cae en picado del cielo y se lleva una sardina en el pico. Los atunes se comen también a las sardinas. Los delfines, aunque sonrían, se comen a los atunes; son su plato preferido. Los tiburones se comen a los delfines. ¡Esos sí que me dan miedo! Aquí, a muchos, les da por comerse a los más pequeños, hasta las ballenas, que por cierto cantan muy mal, parece que llorasen. Pero es el circulo de la vida...se lo que he querido ser.
No me gusta ir a la costa donde haya ciudades, me recuerdan mi pasado y prefiero dejarme arrastrar al antojo de las corrientes. Estoy a salvo, la lluvia no puede mojarme por muy fuerte que caiga. De día veo la inmensidad de mi nuevo hábitat, todo es enorme incluso el fondo profundo, que siempre está oscuro. Ahí solo se atreve a entrar el cachalote cuando tiene hambre de calamar gigante. Las medusas son hermosas de verdad, pero tampoco me gustan...son muy suyas, a poco que le hagas te pican! Lo bueno del mar es que, si no te pescan, puedes ser muy feliz. El mar te aísla de los males externos, aunque, a veces, quieran llegarnos sus ecos, pero siempre acaban disueltos entre las olas. También hay cosas que me faltan en el mar... Muchísimas, aquí no puedo ver a los gorriones, ni oler las flores, sentir la brisa o escuchar la música que siempre me gustó. Aquí abajo solo puedo ver tus ojos grandes, redondos, curiosos y brillantes en mis sueños. Aquí abajo sólo puedo oír tu dulce voz en mi memoria. Aquí se me olvida la seda del tacto de tus dedos. Y es que quiero tenerlo todo. Y eso no puede ser. No quisiste ser sirena.

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