viernes, 17 de mayo de 2019

PEREZA.

¿Qué de inspirador podían tener unos cuantos cigarrillos y un vaso de ron añejo al lado?. Precisamente nada. No obstante; por no decir que me engañaba a mi mismo, que tal mezcla me incentivaba y, de cierto modo, me ayudaba a encontrar esas ideas que rondaban en mi cabeza, listas para ser aterrizadas sobre una hoja. 

Al momento de escribir no pensaba en encontrar ni princesas ni caballeros andantes; aunque fuesen urbanos mas aun, siendo yo un triste y simple aficionado. Si bien es cierto que puedo partir de alguna experiencia vivida, alguna cita, alguna memoria o incluso algún encuentro amoroso, ese punto de partida no es más que eso. ¿Y qué hay del resto?, ¿o acaso todo el papel puede ser llenado con nombres de personas, anécdotas vividas o, simplemente, bromas ocurridas de momento? Ese fue un motivo de matar a mi queridísimo BUFÓN que me dio grandes momentos.

No es que deba salir a caminar a ver con que miserable me encuentro en la calle para plasmar en palabras lo que me transmite su caminar, su forma de expresarse o su manera de ser y estar; sino que simplemente la pereza me impide rebuscar ideas que ya existen en mi cabeza; la pereza me nubla el sentido. Probablemente algún día descubra que estoy completamente equivocado, probablemente me costara aceptarlo, probablemente nunca lo haga. Aunque mi cabeza no para de repetirme: No dejes de escribir. No tiene sentido. Al instante me invade la pereza supina que padezco ante un papel y una pluma, me cansa; pero aunque estoy muy cansado, puedo seguir pensando. Mi mente... esa nunca se cansa, es inagotable, infinita... esa imperfecta máquina que nos hace discernir sobre el bien y el mal y que nunca para y descansa. Pero de un tiempo a esta parte no tengo nada importante que decir. 

Las últimamente esquivas musas sólo aportan ideas sueltas, una mezcla de frases sin sentido que tengo que unir, de alguna manera y forma compleja, para llegar a un fin común y coherente. Buscando la historia perfecta... un principio, un nudo que enganche y te ate y te una al relato de una manera impensable e inexplicable. Y un final... el final temido de una historia que no quieres que acabe jamás. Mientras mantengas el personaje vivo no puede haber un final. ¿Los finales matan a los personajes o a las personas? ¿Dejan de existir por ser un personaje? ¿Dejan de existir por darle un final al relato? Si el relato es inventado todo sirve, todo es válido. Si por el contrario es tu historia, el relato lo terminas cuando tú lo decides o cuando te llega tu hora. 

En ese último momento coincide que el papel se está acabando y a la pluma apenas le queda tinta. Pero, ¿qué sucedería si tuvieras un bote de tinta al lado o una caja de lápices sin empezar y papel de sobra? Pero eso es lo de menos, debo sacudirme esa pereza que me invade.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.