Las noches de la urbe crean un microcosmos que es caldo de cultivo para encontrar lugares obscuros y garitos de ambiente nocturno donde es bastante fácil jugar a la comba con los cordones umbilicales que nos unen a todos. Cuando las alfombras voladoras de humo pasean al compás del ruido que perfora los oídos, y los brebajes en vaso de tubo y polvos mágicos deslían todos nuestros nudos gordianos en la cabeza. A las pocas personas que pasan por el garito las sigo con la mirada, intento llamar su atención, pero siempre están inquietas y esquivas. Como mucho se toman un par de cañas y luego se largan de allí. Todo el mundo parece estar de paso últimamente en esta ciudad; todos menos yo. Yo sigo ahí; viviendo de noche, como he hecho siempre, pero la gente ya no sale como antes. Todo es mucho mas patético, pero mucho mas fácil también. Empatizan y entran en contacto los deseos humanos; unos inducidos por el olvido, otros por el despecho y otros simplemente por quemar sus ratos de asueto. Fantasmas vestidos con lágrimas de impotencia encubren tu cara pero cuando abres los ojos y te descubres dentro de una cárcel de hormigón armado, cañerías, cables y ondas hertzianas, perfume de aceite de la calefacción y geles de baño.... Todo eso unido al olor a coño, alcohol y sudor bañado en humo que ha impregnado tus sábanas. (luego el agua tibia te purifica, vuelves a nacer e instantáneamente te haces otra vez ciudadano de ese microcosmos nocturno)Emprende el viaje a Ítaca, pero demórate lo más que puedas. Haz muchas escalas, teniendo siempre presente tu isla, la que estas buscando. Al final llegas a Ítaca y ¿que vas a descubrir? Que la verdadera Ítaca era el viaje. (Homero)
jueves, 13 de junio de 2019
EN LA NOCHE.
Las noches de la urbe crean un microcosmos que es caldo de cultivo para encontrar lugares obscuros y garitos de ambiente nocturno donde es bastante fácil jugar a la comba con los cordones umbilicales que nos unen a todos. Cuando las alfombras voladoras de humo pasean al compás del ruido que perfora los oídos, y los brebajes en vaso de tubo y polvos mágicos deslían todos nuestros nudos gordianos en la cabeza. A las pocas personas que pasan por el garito las sigo con la mirada, intento llamar su atención, pero siempre están inquietas y esquivas. Como mucho se toman un par de cañas y luego se largan de allí. Todo el mundo parece estar de paso últimamente en esta ciudad; todos menos yo. Yo sigo ahí; viviendo de noche, como he hecho siempre, pero la gente ya no sale como antes. Todo es mucho mas patético, pero mucho mas fácil también. Empatizan y entran en contacto los deseos humanos; unos inducidos por el olvido, otros por el despecho y otros simplemente por quemar sus ratos de asueto. Fantasmas vestidos con lágrimas de impotencia encubren tu cara pero cuando abres los ojos y te descubres dentro de una cárcel de hormigón armado, cañerías, cables y ondas hertzianas, perfume de aceite de la calefacción y geles de baño.... Todo eso unido al olor a coño, alcohol y sudor bañado en humo que ha impregnado tus sábanas. (luego el agua tibia te purifica, vuelves a nacer e instantáneamente te haces otra vez ciudadano de ese microcosmos nocturno)
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