lunes, 10 de junio de 2019

REFLEXIÓN CARENTE DE VOCAL A.

Leer, correr, escribir, oír; muchos verbos descritos y por nuestro cruel olvido, fenecidos en el noble empeño de querer sobrevivir. No soy ni mucho menos un chico moderno, ni pretender ser ni por un momento obsoleto ni viejo de mente. Ni soy hombre sin ningún tipo de recurso intelectivo dentro de lo coherente. Soy del tiempo en que vivo y por consiguiente en mi mente voy y estoy en modo: O Todos o evidentemente ninguno.
Simplemente en mis noches de no dormir medito y reflexiono en mi modo de dirigir los designios que me impone el modus vivendis en el que me muevo como pez en el liquido elemento. Escribo todo lo que mi percepción de oír y ver me permite en mi dirimir por donde vivo; mi urbe. Escribo todo lo que veo y oigo. Después de escribirlo, lo leo y releo cien veces por si se me fue de mis percepciones un destello de lucidez, un hilo de luz digno de ser escrito.

De noche es mejor escribir, el frescor nocturno convierte el binomio mente /intelecto en un elemento digno de ser precursor de noches sin dormir con un consecuente y incipiente fluir de borrones listos de ser leídos unos, y otros inconclusos y por un lógico hecho, prístinos y con el destino de morir sutilmente en el fondo de mi mente. Escondido en la noche me cruzo con gente diferente y divergente. Gente con sus rostros rudos, curtidos por el tiempo . Gente que lo nocturno les impone que gesticulen con grotescos gestos que me estremecen y me revuelven mis instintos ocultos; gente que su único fin es envilecer tu modo de ver el entorno en el que vives o converges.

Noches de beodos que se convierten en becerros biconvexos y bolilleros de lo nocturno; bebercios boquihundidos y boquitorcidos producto del clorofórmico efecto de beber junto con el olor hipnótico de un porro de kifi. Todo ello Unido te convierten en un bizcorneto sin rumbo. El ruido de los vehículos es ensordecedor y viene un corto silencio que se interrumpe por el tenue sonido de mi reloj y por los murmullos de gentes que, como yo, sobreviven sobre los mugrosos cementos. Me sorprendo yo mismo pudiendo ver y sentir. Percibir cuerpos invisibles, oír voces de este submundo. Intuyo un fin, un principio, un sueño profundo.

Y es en el momento que tu mente como un resorte te dice: escribe sobre ellos, escribe sobre lo que ves. No dejes que se te olvide o peor, huyen del entorno nocturno y se esconden de tu visión.

Termino este tostón y eclíptico escrito solo con un texto reflexivo:
Lee, escribe y discute sin ser insolente ni indolente por lo visto y oído, sé liberto de rencor y consecuente en discusiones que no son contigo, porque siempre el logro y fin por conseguir es tu reflexión, y por ende ser un ser libre y nítido de mente. Y por supuesto no olvides: Oye, lee y escribe. Y del resto...que no importe el vivir. Porque todo consiste en ver y sentir, ese es nuestro fin y motivo, poder creer en nosotros mismos.

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