jueves, 15 de agosto de 2019

LA HUIDA DE MI MUSA .


Levanto la vista de las aún impolutas cuartillas todavía huérfanas de palabras entrelazadas; tengo la sensación que la huida de mi musa tiene mucho que ver y esta a la vez  entrelazada con la muerte de mi lobo. Miro por encima de los cristales de mis gafas a través del cristal de la ventana que hay frente a mi pupitre a modo de escritorio, desde la ventana; veo bancales de olivos, mas hacia abajo en dirección al mar observo extensiones de caña de azúcar como una marea verde peinada por los vientos, aterciopelando la vega motrileña bajo un cielo azul y plomo. Lana verde sobre los lomos hechos por el hombre sobre la tierra viva. 

Miro el sendero que llega hasta mi casa y si observo más atrás marcha en dirección a Motril hasta perderse de mi vista tras un recodo, por donde minasierra gira al encuentro de la urbe motrileña; pero yo lo sigo aún con la imaginación: lo imagino culebreando por la ruta oculta tras los cerros, descendiendo entre bancales de aguacates, barrancos y pedregales hasta  unirse a la carretera principal. Miro a través del aire y de las incontables y diminutas gotas de agua que flotan en él, miro a través de mi mente y de las ideas preconcebidas, de los sentimientos y de las sensaciones, miro fuera sabiendo que, en realidad, miro hacía dentro porque siempre, siempre que me miro, me miro hacía dentro.Siento una profunda tristeza; siempre que dedicó mi tiempo a mirar. Miro más allá del cristal de los anteojos, más allá de la ventana y el aire, más allá de mis bruñidas marismas interiores. Me siento bien en el acomodo que me otorga el temblor de las recónditas profundidades o el rumor incesante de los recuerdos. 

Por eso es tan fácil cerrar los ojos y recordar, como hacerlo mirando al cielo, al mar o al horizonte.Desde que se fue mi musa ando a ciegas, mas bien a tientas; y cuando consigo ver, miro a mi alrededor y ahora solo veo objetos donde antes veía inspiración. Objetos, me repito a mi mismo, sólo objetos. Ahora todos los objetos del mundo estan dentro de mi, porque han hecho morada en mi interior y conviven ahí con otros objetos nacidos en mi corazón y que jamás salieron al exterior. Unos objetos que soy incapaz de precisar cuanto tiempo llevarán allí, porque tengo la sensación que están ahí desde siempre. Cuando tu estabas los obviaba pero ahora los siento como punzadas, como fuegos o rescoldos de ansiedades, desazones, obstinados sentimientos que permanecían cosidos a la piel de su alma con invisibles hilos de acero y que ahora salen a la luz. Desde que ella se ha ido y me ha abandonado, entre todos los objetos destaca uno, terrible y desdichado. Una especie de nostalgia cruel. 

Un fuego de tristeza que me abrasa; que a través del cristal graduado de las gafas, del rectángulo la ventana, de las diminutas gotas de la humedad que se columpian en el aire sobre los campos, tiñen el paisaje en que habito de una desazón creciente y lo envuelve en una aciaga luz negra. Tanto fuera como adentro,mi mundo termina devorado por el dolor y la pena, por el vacío que ha dejado ella, mi musa. No se me ocurre objeto alguno que quede libre de esa triste luz; siento que la irradio –hacia fuera, hacia dentro- desde mi propia mirada. Si la vida esta en los objetos, ya no la quiero; no estos objetos, no esta vida.Un cumulo de preguntas se clavan en mi cabeza como si fuesen cristales punzantes ¿Fue ella un objeto más? y si lo fue ¿por qué no permanece a mi lado?, ¿por qué no le basta mi recuerdo? ¿Tanto le importaba que hubiese muerto mi lobo o que permaneciese vivo involuntariamente unida a él?. 

La dolorosa obscura sombra de la soledad me hace confundir los términos -vida, muerte-  que mas da, la realidad es que juntas se convierten ya en un único e insoportable dolor. Quizá, me digo a mi mismo, el propósito de ella era haber estado unida a mi hasta que se ha extinguido el cánido. Es absurda la idea, lo se. No representa ningún consuelo, porque el fuego que me abrasa ahora el alma lo alimenta su ausencia, con un incendio que ya arrasa todas mis lágrimas y no me queda para llorar más que una tristeza árida y estéril. Ni siquiera imaginar que mi vida pueda ser impostada e imaginaria resta un ápice de consistencia a mi colosal soledad. Contigo se ha ido la inspiración y tengo que asumir que para que pudiera ser feliz escribiendo; debería exponer historias nunca antes contadas de una forma novedosa, debería buscar un continuo devenir de vivencias, personas, personajes históricos, diccionarios, enciclopedias, sueños ajenos, periódicos, palabras de otras lenguas, libros... Debería indagar, comparar, investigar, aprender, memorizar, pero sobre todo innovar. Debería convencer. 

Pero ahora todo mi propósito se ha convertido en algo tan obligado que, aunque propio, es a la vez tan ajeno, y tan independiente a mi... Me he convertido en un sufrido esclavo de lo que comenzó siendo un deseo, pasó a ser una pasión y devino en una triste y mundana necesidad. Mis ideas ahora son parches, retales del pasado que uno con hilos prestados. Ahora mi cabeza está hipotecada.Y si tu; musa díscola e inmisericorde, me enseñaste que la vida se compone de los objetos que me mostrabas y de otros más; todos en movimiento lo daré por bueno. Y si he aprendido de ti ha asociar la vida y el movimiento, como si estuvieran constituidos por igual de la misma esencia del espacio y del tiempo. Pienso cazarlos con un lazo emocional y condenarlos a cadena perpetua en mis entrañas.

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