domingo, 25 de agosto de 2019

Y TU. ¿PUEDES CAMBIAR TU DESTINO?

Mi queridisima princesa, has pasado demasiado tiempo atada, apegada y amordazada a la desidia. Recapacita y cuenta y tacha en el calendario cuantos días has pasado andando descalza sin saber cuantos kilómetros más debías andar. Porque creyéndote libre e independiente has estado más atada que nunca. Crees o quieres creer que has encontrado tu camino, tu meta, pero la tierra volverá a ensuciar tus oceánicos ojos y no te dejará ver más allá, la confianza que creíste alcanzar se desgastara como la suela de un zapato ajado de andar entre piedras y arenisca.

Si alguna vez consigues despegar, volaras alto y lograses ver las cosas desde ese punto que sólo ese quimérico Dios consigue ver, puede que aprecies las cosas de manera distinta. El mar de tu mirada puede ser un océano y las mentiras simplemente ser juegos de palabras, puede que los sentimientos sean vida y que tu amor dadivosamente otorgue felicidad. Sí, definitivamente creo a pies juntillas que lucharás un día más, y simplemente te digo: Seca las lágrimas y sé fuerte y sobre todo vuela, pero siempre ten presente y recuerda que no es la primera ni la última vez que vas a caer, pero no dejes de volar. Tu cuerpo, como un símil de botella ya no puede cambiar su forma de actuar ni cambiar tu destino. 

No seas jamas recurso de hombres de alma en pena, placebo de almas medio muertas que te compran y después te tiran; medio llena, medio vacía. Aunque vivas la mitad de tu existencia entre sus manos locas que nunca sabes donde te van a dejar y después, cuando han curado sus penas, te tiran, te estrellan contra una farola, y miles de pedazos verdes y cortantes se esparcen por las aceras siendo ya entonces un peligro andante del que todo el mundo se olvida y que tampoco intentan ver con otros ojos, con ojos vivos, ojos sin pena. 

Penas que no desaparecen contigo, que se acentúan más aún, si cabe, y que continúan a la mañana siguiente junto con el dolor de cabeza, de pensamientos, junto con la rabia contenida por no poder dar marcha atrás en el tiempo y corregir los errores, las palabras dichas y las no escuchadas por unos oídos ciegos al murmullo de los te quieros fingidos y estériles. Porque por mucho empeño que pongas no podrás ser una de esas botellas que llevan las penas contenidas de otro modo. Una de esas que flotan a la deriva en océanos inmensos como las vivencias húmedas de sal que descansan en su interior, esperando ser recogidas tarde o temprano en la arena, por unas manos cálidas, por una mente enamoradiza dispuesta a darte amor.

Pero como alguien me dijo una vez, todos tenemos un cometido y un destino en la vida que nos toca vivir, si eres lo que eres será por que así ha de ser... ¿Y tú? ¿puedes cambiar tu destino?

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