No voy a ser como Boabdil... No, no me gustaría
reencarnarme en Boabdil el chico. No me gustaría retirarme a mis cuarteles de la
senectud con mis prístinas fuerzas como cuando mis ojos vieron por primera vez
la luz del sol, no desearía marcharme con la frustración de no haber luchado el
día que te fuiste de mi mente. Con la frustración y el sabor amargo del que ha
antepuesto lo mundano a lo prioritario. No, no voy ni a reencarnarme en el, ni
emularle lo más mínimo. Esa cobardía jamás la he vivido salvo ahora y tengo y
necesito, sacudírmela; mi corazón y mi salud mental me lo exige.Ese corazón que hace moverme, vivir, escribir, sentir…No voy a llorar por algo que tuve y que se difumina como la bruma en el Albaicín cuando sale el sol por la Alhambra. No voy a llorar, voy a luchar por ese corazón empático y empírico al mío, remola de mi vida, esclava de mis venas, dueña del último hálito que me quede, faro de barcos, tabla de corazones puros, alquimista de sentimientos, luchadora de imposibles, soñadora de profesión, conseguidora de sonrisas, fabricante de sentimientos. Huérfana de caricias, portadora de felicidad, presa de besos venideros, dueña del cielo que veo, pero que no toco.
Yo voy a tocar ese cielo. Porque lo quiero compartir contigo. No voy a llorar como lo hízo el rey chico, porque vas a ser mía. Mis folios vacios entrevenados con renglones huérfanos de ideas te reclaman musa mía.
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