Andar todas las mañanas por la playa, hundir los pies
en la arena es una sensación sublime. Me encanta sentir el sutil tacto de sus
finos granos acariciándome los pies. Que cada paso que doy sobre la arena, hace
que su contacto masajee las infinitas terminaciones nerviosas de mi piel.Que la brisa del mar me azote con suavidad el rostro y mueva mis canas, porque las canas son el recuerdo físico de los sentimientos. Que se agiten en mi tez, creando una sensación de plácida desconexión inigualable. Que el replique del sonido mágico del batir de las olas, me hace reforzar cada uno de mis sentimientos. Que al pasear junto a la orilla todo los días, me siga impresionando como la primera vez cuando el roce del agua acaricio mi cuerpo.
Sentir la inmensidad del océano y sentirme tan pequeño como los granos de arena que masajean mis pies, eso es vida... Eso es desconexión.
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