viernes, 27 de septiembre de 2019

CORTEZAS DE ARBOLES.

Me sorprende con la velocidad que muchas veces la complejidad se convierte de pronto en normal. Todo aquellas situaciones o personas que siempre habían tejido telarañas en mi entorno, que me atrapaban e incluso a veces no me dejaban ni tan siquiera lanzar un suspiro, se ha tornado suave y transparente. Como si después de un Aquelarre de brujería llegase la calma, donde la Magia surte efectos vitales y transcendentales. 

Ahora todo es normal, algo parecido y comparado con la tranquilidad de los estanques quietos y el oxígeno puro sin aire viciado batiéndolo.Aquí o allí, ayer o mañana, da igual. Hay lazos que nunca se rompen, recuerdos que siempre permanecen, pensamientos que no duermen el sueño de los justos. Y siento que me falta el aire, busco desesperadamente volver a respirar y me doy cuenta que sigo respirando, que el aire no ha faltado ni un segundo de su lugar, que sigue esperando inhalarlo, pero yo de la misma manera me ahogo...He aprendido que la tiza no escribe en mojado, que un lápiz sin grafito es solo un trozo de madera. He aprendido que un vaso vacío es un recipiente estéril de sueños. Que un libro acumulando polvo es un objeto que ocupa un espacio innecesario. Como es absurdo subrayar renglones que luego borraran el olvido y el hastío. 

Que un corazón grabado en un árbol es infligir un dolor a un ser vivo por alimentar nuestro ego sentimental. Repito. Es absurdo grabar en una corteza lo que borra el olvido. La mejor prueba tangible de amor son los nidos vacíos que quedan en las copas de los arboles.

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