jueves, 26 de septiembre de 2019

UN DÍA VACÍO.

Hoy no escribí a nadie ni nada, parezco un peripatético, pero a diferencia de ellos no aprendí nada. Fui de un lado para el otro constantemente, sin que mi conocimiento adelantase en nada. Que vacío siente uno si su vida interior no se llena de algo, pero sí de algo substancioso. La oquedad me gobierna, no es tristeza, no es hambre, no es dolor, pero me falta algo que llene mi alma. Conceptos, conocimientos, sentimientos, expresiones no tengo nada de nada, en este día maldito. 

Para colmo el día tiene veinticuatro horas, un tiempo insufrible y nefasto. Mi mente me dice, que tengo que ocuparla en algo. Tomo un libro, leo hasta que mis ojos me duelen, pero, cuantos detalles se depositaron en ella, que antes desconocía. La oquedad se achicó en sus dimensiones, y valió la pena gastar la vista, si mi alma está más satisfecha. 
Debo hacer algo que me sea útil, que me reporte bienestar, me dedicaré a aprender el Simulador de Vuelo, pero desde la mente de un chico de cuatro años, que los tiene mi nieto, Daniel. Le enseñaré a volar todos los aviones entrando en su cerebro que es demasiado tierno y no puede entender lo que yo sé, ni le puedo explicar. 

El día ya casi pasó y con esta idea, me voy a dormir tranquilo. Te respondo como tu conciencia. Eres implacable contigo mismo. Tienes la salud controlada, un hogar, digamos bastante normal, sin problemas económicos, tus hijos te respetan, tus nietos te quieren. La vida no es tan fácil de deslizar, las tareas que te impones son correctas porque son educativas. Eres receptor de conocimientos dialogados, no los tienes, no es un problema tan grande, súplelo con los libros. Están a tu alcance. Te gusta escribir, ya lo haces, si no te responden, es porque los que leen, tienen sus cosas que hacer, prometen pero postergan, no creas que todos están pendientes de ti. La vida es así. 

Confórmate! El gélido rictus de mi cara ya no esconde sino otra de mis mascaras otra de mi, elucubraciones soñadoras del pánico escénico de los que no me conocen, siempre entre las palabras manejándolas descubriendo sus secretos en los demás, las sensaciones, las frustraciones del ser que se busca y no se halla, que piensa que saber es algo que le cuentan y tristemente se lo cree, pero la felicidad es el privilegio de ser bien engañado, mejor dicho autoengañado, las endorfinas parecen anestesiar la razón y dar paso al ego de un paladín, siempre oscuro con el mismo fondo el que el vaso medio vacío, y de ocultar y arrastrar al final uno se cansa y ve, tampoco la realidad porque siempre esta adulterada por el subjetivismo del cinismo de la sombra de nosotros mismos, pues nadie mejor que nosotros conoce el mal del que somos capaces, en la consciencia como en la inconsciencia de sentirse deseado y no serlo. 

De todo lo que nos hace ser como pretendemos ser, en realidad nos quedamos siempre a la mitad, en la elongación del tiempo pretendemos descolocar todo para luego recomponerlo a nuestro antojo, en la mentira de nosotros mismos, el egoísta que llevamos dentro arde por salir y devora con su fuego a personas, a ti mismo, nubla el sentido y la contrariedad se hace forma de vida, la necesidad de hablar y saber que decir se hace un reto imposible por la falsa experiencia de intentar conocer a las personas, de agradar, de saborear lo bueno que sabemos mostrar, pero detrás de cualquier sonrisa hay una lagrima amarga propia que algún día brotará.

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