Para saber si la vida le deparaba un buen futuro con magnificas expectativas; Luis Moyano acudía casi tres veces en semana a ver una vidente. El se podría definir como un ser de una extraña naturaleza, creyente de misa diaria y a la vez tres veces en semana visitaba asiduamente a una futurista que le echaba las cartas de la cruz celta. Su rutina diaria siempre pasaba como primera medida sentarse en las mañanas en una mesa del bar de la plaza y degustaba una taza café para después tragar con avidez absenta servida en la misma taza, en taza para evitar que la mirada de la gente que pasaba por la plaza crearan en sus parturientas mentes historias para el deleite de personas chafarderas y lambuceras; Absenta que tragaba ávidamente de un buche humildemente feliz... En su forma de pensar creía absurdamente que estaba en paz por una parte con Dios y por otra con el karma.
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