Es viernes noche; el sol es ya prácticamente una bombilla de
gris ámbar. La luna aparece tímidamente en cuarto menguante; es como la hoja de
una hoz en pleno bis a bis con la aorta. Y me siento como un pedazo de nada
perdido entre un montón de imperfecciones. Y esto me causa un cierto terror;
saber que mi existencia se ve abocada a estar rodeado de un mundo ruidoso, un
gigantesco dolor de cabeza de un discurso que me niego a aceptar y que no voy a
perder el tiempo en comprender. Si hay algo positivo en esto es mi capacidad de inhibirme del entorno y escuchar en plena calma y sosiego como el silencio me envuelve y mi musa me atrapa susurrándome al oído la dulzura de su canto. Ella es dueña y cohabita ahí en ese pequeño rincón de mi mente donde guardo tantos y tantos sueños, me hace sentir una regresión hacia tiempos pasados; me hace regresar para buscar mis recuerdos donde mi pasado nunca se perdió, donde cada noche vuelvo a la niñez. Que maravilloso placer encuentro al lado de mi musa cuando cae la noche y la vida se va parando haciendo una pausa prorrogando lo acontecido durante el día una vez más y otra mas. Noches en las que se abaten las sombras sobre mí, iluminando mi yo; señalando mi verdadero ser sacando de mí la imperfección que maquillo cada día a la perfección.
Una vida dedicada día a día a pasar, sin más, en un esfuerzo que no se llega a producir ante la seguridad de que nadie sería capaz de valorarlo y comprenderlo. Vivir un día cotidiano es soportar gritos y más gritos de semejantes que se odian, de violencia gratuita, de pensamientos que se niegan a ser olvidados y revientan por la ignorancia. Fobias que se apoderan de sus dueños, pesadillas que se apoderan de sus vidas, vidas que creen suyas y que no les dejan manejar aunque piensen que si. Vivir en el continuo miedo a que todo acabe de repente y que les quiten el derecho a sentirse desgraciados.
Pero volvamos a mi musa; como cada noche que me siento a escribir, eres la dueña y creadora de mi morada temporal y me haces ubicarme y sentir donde estoy… entre nubes... entre sueños. Ella sólo me pone una serie de condiciones; que no rompa el silencio de la noche; que coja papel y lápiz y que no conjure a otras musas, que los mía ya está aquí retozando con la oscuridad; invitándome a disfrutar de su magia, incitándome a buscar en ella la paz atrayéndome a su lado oscuro para buscar el mio. Temo que llegue el alba y vuelva a lo real y cotidiano. Ha Estremecerme al ver la infelicidad ajena y arrastrar mi tiempo diurno martilleando mis sienes con oscuras ideas de engaños, injusticias e ignorancia.
Convenciéndome de que podría destrozar la vida de cualquiera, hundir el equilibrio emocional de cualquier ser vivo con una desgarradora verdad... Pero es una sensación insana de desasosiego; una paz interior que realmente nunca llega. Una dualidad difícil de digerir y que te destroza por dentro. Por eso; Es viernes noche … mi noche. la recreación de unas horas perdidas en sueños o pesadillas donde me busco y me encuentro donde soy yo, mi musa y el silencio… Por eso... Shhh… callad os lo ruego, dejad que el silencio sea mi dulce consuelo. Porque se que algo resplandecerá entre esta gran miseria llamada mundo...
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