Allí estaban aquellos defensores libertarios de la tolerancia y de la modernidad, ellos, con sus modernos atuendos progres, sus aires petulantes de intelectuales y una admiración un tanto extraña ante toda la delicadeza artística del mundo moderno. Nada malo, claro. Hasta que, en un momento, apareció en sus bocas la palabra “Escribir”, ninguneando ese maravilloso verbo y haciendo un agravio comparativo con el " arte" del balonpie, con ese deje despectivo que los seres superiores utilizan para descalificar a los inferiores. Entonces encendí el cigarro y exhalé el humo hasta el último hilo, inconsciente de lo que mis labios iban a decir con indignación.
La constancia, el ingenio, la técnica, la estrategia, el esfuerzo, la superación individual, la preparación, el amor que genera creer en algo, el sacrificio del tiempo; todo eso es escribir. Sin más útiles que unas manos, unas lápiz, cuartillas y una cabeza. ¿No es eso un arte noble? Pues para estos progres de salón. De horario restringido, el arte según ellos es ser un ávido espectador de ese juego en el que de una forma pasiva participamos y en el que el fanatismo nos absorbe en un nauseabundo espectáculo mediático montado en torno a unos escudos o héroes sociales como es el fútbol.
Yo soy de los que opinan que hay que conocer para tolerar. Entiendo que para saber que se siente hay que haber sentido el sudor mezclado con la alegría o con la tristeza, hay que haber sentido la unión del grupo de amigos en esos momentos, hay que haber sentido la mano del contrario cuando acaba todo,... antes de despreciar a este deporte.
Yo si hubiera practicado ese deporte pensaría sin duda, en la nobleza del mismo. Por eso me abstengo de despreciarlo, una actitud nada que ver, ni parecida de lejos de la irrespetable opinión aderezada con la aparentemente inocua intelectualidad con la que ellos respetan el arte de escribir .
Todo es susceptible de desprecio desde alguna óptica, necesariamente sesgada e ignorante. Incluso la literatura o el arte. Por eso la única actitud respetable es el silencio.
Todo es susceptible de desprecio desde alguna óptica, necesariamente sesgada e ignorante. Incluso la literatura o el arte. Por eso la única actitud respetable es el silencio.
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