Era como el mar, capaz de ser una calma salvaje en
yuxtaposición con una tempestad suave y diáfana. No es mi amiga, ni tan
siquiera mi enemiga; simplemente nos hemos convertido en dos desconocidos con
recuerdos compartidos en común. Porque los recuerdos tienen vida propia. Son
capaces de bendecir o maldecir, de construir o derribar, de animar o abatir, de
emanar vida o muerte, de liberar o condenar, de empujarte al éxito o al rotundo
fracaso, de aceptar o rechazar... ¿Cómo recordamos a los demás? ¿Qué les
transmiten nuestros recuerdos? ¿Hacia dónde nos conduce nuestros recuerdos mas
intensos ? Un recuerdo irresponsable: puede encender discordias y fuegos difíciles de apagar en tu interior. Un recuerdo cruel: puede arruinar y derribar todo lo que se está edificado en tu proyecto actual de vida. Un recuerdo de resentimiento: puede matar mentalmente a una persona tanto o mas que como si le claváramos un cuchillo en el corazón. Un recuerdo doloroso: puede herirte y hasta destruir el autoestima y la dignidad.
Un recuerdo amable: puede suavizar las cosas y modificar la actitud de ti hacia otros. Un recuerdo alegre: puede cambiar totalmente nuestro día… Un recuerdo puntual y oportuno: puede aliviar la carga y traer luz a nuestra vida. Una palabra de amor: puede sanar el corazón herido.
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