sábado, 9 de noviembre de 2019

El RELOJ IMPERTÉRRITO.

Tumbado en el diván de mi salón contemplo mi reloj de arena. Lleva ubicado en el mueble del salón desde ya no recuerdo cuanto; entre fotos enmarcadas de familiares; instantáneas de momentos puntuales de mi vida. Un viejo reloj que heredé de mi abuelo; un reloj viajero, transeúnte que habrá marcado tiempos buenos, malos, tiempo felices, de desdicha, de amor...

Mientras lo observo ensimismado; Reflexiono con cierta tristeza como derrocho el tiempo que me queda con cada grano de arena que cae.
- ¡Serenate coño ! - Me digo.
- Solo piensa que por el momento todo ha acabado y pronto volverán los días felices.
- Veras como el reloj marcará a tu favor el tiempo que transcurra; pasaran uno, dos, tres, cuatro y cinco días... semanas y meses. No debe de preocuparte lo mas mínimo Me digo mentalmente. Pero joder… ¿Como se puede vivir con algo que no se puede soportar como es la espera? con algo que ni tan siquiera puedes tocar, Algo, que por más que quieras no se va, no se borra, no se olvida y para ella es muy fácil ponerme en un continuo brete. 

Es sumamente desagradable la sensación de que por cada instante que pasa, el tiempo me arranca un pedazo de esperanza.
- ¡ Infame y cruel reloj de arena cumpliendo su misión!. Balbuceo entre dientes mientras el crea un nuevo montón de arenilla en el fondo, creación que va al compás del tiempo en que se va engrosando el montón de mi incertidumbre y de mi pena. ¿Alguien puede explicar la lentitud con la que transcurre el tiempo para quién espera? Yo no, pero lo que si se es que cada instante, cada grano de arena que cae se me muestra burlón, riéndose de mi angustia a carcajadas, cada grano es una duda que acaba de nacer. La arena en mi reloj me amenaza como un ladrón, que no se quiere conformar con menos, que socabandome mi raciocinio.

Los relojes de arena ilustran gráficamente los sentimientos: 
Mientras la parte superior aún permanece llena, el optimismo de tiempo renovado nos hace movernos. Pero conforme vemos agrandarse el montoncillo de la base y vemos como la estrecha y fina hendidura de cristal deja paso a los finos granos de arena, empezamos a darnos cuenta que el tiempo se nos va y no hemos avanzado nada, permanecemos impertérritos a lo que sucede a nuestro alrededor, tiempo desperdiciado que marcaran de una forma u otra nuestro destino. En mi caso, y supongo que en el de mucha gente, yo no puedo invertir mi destino como se invierte un reloj de arena. El destino a sido muy caprichoso conmigo, pero no puedo hacer nada, Porqué ni siquiera sabría, ni puedo explicarlo porque lo digo.

Hay tantas excusas que aún recuerdo esgrimir para aseverar y perjurar que lo que hago es lo correcto, lo que si tengo ya claro es que con el tiempo que marca la arena al caer he aprendido a desechar las viejas excusas inservibles. Finalmente; Cuando caiga el ultimo grano de arena y el reloj deje de contar los minutos, será cuando se agote mi esperanza. Porque lo único real es que el tiempo pasa, nunca se detiene, y lo que a todas luces me está demostrando no es para nada algo bueno, sino todo lo contrario; Me demuestra que en esta lucha llevo mucho tiempo solo.

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