¿Para qué seguir carcomiendo mis huesos al constante ajetreo del caminar al mas que ya cercano ninguna parte? ¿Para qué calcinar mis entrañas y mi carne buscando la necesidad de tu misericordia y perdón? ¿Acaso vales una lágrima mas, esparcida en el ralo y seco suelo? ¿De qué vale un demacrado rostro frente a la impenetrable valla de tu impasible crueldad indiferencia? ¿Que peaje tengo que pagar mas para conmover a tu corazón helado y gris? ¿Sangre sobre hiel?, quizás ¿carne y osamenta?
Todas las mañanas al despuntar el alba me incorporo al devenir diario con la sensación de que me estas perdonando, que estas dando al menos una tregua en la ya desvencijada y ajada vida mia, pero es un sueño, a cada cansina pero inexorable caída de la manecilla del reloj, me doy cuenta que tu también dormías, que estabas aletargado reservando fuerzas para al despertar hacerte sentir, hacerme ver que solo as afilado un poco mas tu cuchillo cercenador y estas por proseguir tu labor de acoso y derribo, provocas y consigues que me exprese con el corazón rasguñado y la mente turbia, Escribiendo quizás vanas y absurdas líneas, buscando palabras ávidas de un poco de gratitud hacia la gente que sabe mi mal y rema aunque sea con las manos, déjame al menos que sepa corresponderles a esas personas bravas, valientes, generosas, sin que yo muestre acritud injusta hacia ellos.Ya que eres dueño de mis días, Dame una tregua en las noches, o al menos déjame que sueñe, permíteme que sueñe que habito en el patio trasero de un dulce vivir, que sueñe en el eterno pero efímero letargo del dolor, olvidando mi turno de desgano vital, pero no, no otorgas dádivas ni dones todo lo contrario, castigas mas con golpes, con latigazos inmisericordes y brutales que sabes como buen lobo que son certeros y para nada estériles; castigas con insomnio.
El dolor de noches de desvelo me sofoca, me hace ver el fin; me quedo sin más que las lúgubres luces de mi existencia, y cavando y socavando entre recuerdos; driblando y gambeteando con mis sentimientos, Me quedo rezando, jamás he creído en nada invisible, pero contra ti, todo lo creíble, tangible o increíble es buen aliado, deseando que un dios estuviese ahí, y escuchara mis rezos…pero ni eso ni nada. La desesperación se conjuga en llanto, en ansias de muerte… Sin embargo espero que me dejes en paz. O al menos que siga con fuerza para encararme contigo, porque vencer, te voy a vencer aunque me cueste sangre sobre hiel y carne sobre osamenta, ¿lo sabes? Pues créelo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.