Por
fin su vida tenía una estabilidad que él desconocía hasta entonces, ella había
dado sentido a su vida. Pero ahora... Ahora era distinto. Sentía que con el
paso del tiempo esta relación le estaba ahogando, se sentía prisionero, no
estaba ya tan a gusto, en los últimos tiempos las cosas habían cambiado, había
muchos silencios entre ellos y ya no era igual, pero claro, temía confesárselo,
siempre había sido una persona muy indecisa, y en eso ni siquiera ella le había
hecho cambiar. Sin embargo, estaba decidido, iba a terminar esto, y de forma
fulminante. Habían quedado para esa tarde, como siempre (y desde hacía unos meses ya le era demasiado rutinario) a las cuatro de la tarde. Esta vez ni siquiera se arregló; la decisión la tenía tomada, tenía que acabar con ella y además de forma drástica; Cogió un hacha que tenía guardada en el desván, entró en la habitación y esperó. Aun le asaltaron unas dudas, pero estaba dispuesto a terminar con aquello para siempre. De repente... Apareció ella, él levantó el hacha y le asestó un golpe certero, todo había terminado.
Solo le dio tiempo a ver en la pantalla el: “Pepi acaba de iniciar sesión” ; Después los restos del ordenador yacían esparcidos por el suelo.
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